Nuevos avances en combustibles celulósicos hacen posible
que en el futuro se puedan aprovechar los desperdicios vegetales
para producir combustibles.
a producción tradicional de alcohol como combustible mediante fermentación es algo bastante ruinoso, poco eficiente y desde luego bastante discutible desde el punto de vista medioambiental. Incluso para la destilación del mismo a partir de la disolución original se consume gran parte de la energía que proporciona.
El problema reside fundamentalmente en que las levaduras que
producen el alcohol (etanol o bioetanol) solamente utilizan
determinados azúcares para transformarlos en etanol. El resto de la
materia vegetal simplemente se desperdicia.
Las fibras que utilizan las plantas como soporte estructural está
hecha de celulosa. La mayor parte del material que compone las
plantas es celulosa, es decir, largas cadenas de glucosa. Desde
hace años se viene investigando en cómo descomponer estas cadenas
en moléculas de azúcar elemental que puedan ser aprovechadas por
las levaduras. De este modo todos los desperdicios vegetales se
podrían transformar en biocombustibles e incluso se podría pensar
en cultivos especiales para este fin. Se han producido diversos
avances en este campo en los últimos años. Recientemente se han
producido dos de ellos que parecen prometedores.
En el primer caso investigadores del Dartmouth's Thayer School of Engineering han hecho un importante descubrimiento que nos acerca la meta ya mencionada. Se trata de una bacteria termófila modificada genéticamente que permite obtener bioetanol directamente de la celulosa de manera eficiente y barata.
Para la tarea de romper las largas cadenas de celulosa se suele
emplear una enzima (celulasa), pero esta enzima es costosa de
producir. Esta bacteria puede realizar la misma tarea de manera
eficiente y barata sin necesidad de añadir enzimas.
Como este microorganismo prolifera a alta temperatura (50 grados
centígrados) el proceso se puede realizar sin que estén presentes
otros microorganismos que compitan o que estropeen el proceso, ya
que éstos por encima de 37 grados generalmente no pueden sobrevivir
bien. El microorganismo realiza el proceso dos veces y media más
rápido que cuando en el laboratorio se utiliza celulasa y además no
se producen ácidos orgánicos contaminantes como en otros
procesos.
Como producto base se podría usar aserrín o virutas de la industria
de la madera, restos vegetales de diversos cultivos, ramas de la
limpia de bosques, etc. El etanol obtenido se puede emplear en
motores de gasolina con algunas modificaciones, proporcionando un
rendimiento aceptable.
El segundo proceso, descubierto por Mark Mascal y Edward Nikitin de UC Davis, consiste en la transformación de celulosa en azúcares más elementales de manera barata y sencilla sin necesidad de usar enzimas. El proceso, puramente químico y sin intervención microbiana, consiste en el añadido de un ácido fuerte. En lugar de producir después etanol mediante fermentación se pueden utilizar los compuestos obtenidos casi directamente como combustible. El proceso es escalable fácilmente a nivel industrial.
En otros procesos, incluso si toda la celulosa es transformada en
glucosa mediante celulasa, la obtención de etanol por fermentación
desperdicia un tercio del carbono en forma de dióxido de carbono
(las levaduras tienen que vivir de algo). Por eso, estos químicos
propugnan el uso de sistemas no mediados por fermentos biológicos
para la tarea de obtener biocombustibles y así producirlos
directamente. Evitando la fermentación se conseguiría aumentar el
rendimiento del proceso.
Gracias a una hidrólisis en cadena pueden romper moléculas
complejas de celulosa en moléculas más sencillas. Mezclan celulosa
con cloruro de litio y un concentrado de ácido hidroclórico y lo
calientan durante 30 horas. Luego extraen el producto de la
reacción con un disolvente, obteniendo varios tipos de moléculas
relacionadas con los furanos que podrían ser utilizados casi
directamente como combustible. Al parecer lo importante es extraer
el producto en el momento en que se forma y antes de que se
degrade.
El principal compuesto obtenido: 5-(chloromethyl)furfural
(o CMF) no es viable como combustible al contener cloro, pero los
investigadores confían en eliminar el cloro de manera sencilla
mediante un catalizador de paladio e hidrógeno.
El producto final contendría la misma energía química que la
gasolina o gasóleo y tendría baja toxicidad. No obstante, quedan
todavía numerosos problemas que resolver antes de producir este
tipo de combustible a escala industrial, como el manejo de los
ácidos o el precio del disolvente.
Este tipo de sistemas son vendidos como ecológicamente renovables por sus promotores. En teoría, como el carbono que se expulsa al quemar este etanol proviene del dióxido de carbono que las plantas tomaron de la atmósfera, no se incrementa el efecto invernadero con su quema. Pero el mundo consume mucho combustible, incluido el que se utiliza para los cultivos, y la fotosíntesis es muy poco eficiente.
Quizás como complemento energético estén bien. Si en lugar de tirar
a la basura los desperdicios vegetales, como hacemos ahora, los
aprovechamos algo ganaremos.
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