Diversas instituciones y compañías participan en la carrera
por conseguir microorganismos que produzcan biocombustibles de
manera eficiente.
Pueden ser los microorganismos la solución a los problemas energéticos? Antes de que los seres pluricelulares aparecieran sobre la Tierra los microorganismos reinaron sobre este planeta durante miles de millones de años. Más tarde, y durante millones de años, estos organismos, junto con otros que formaban el plancton marino, dieron lugar al petróleo que ahora consumimos. Ese petróleo ha constituido la fuente de energía barata sobre la que se ha asentado el desarrollo industrial y tecnológico del último siglo y lo estamos agotando a un ritmo muy rápido. Las reservas de petróleo son cada día más escasas y más caras de explotar y necesitamos, por tanto, nuevas fuentes de energía.
Ahora algunos investigadores se fijan en los microorganismos como
fuente de energía. Tienen la habilidad de vivir a partir de
diferentes fuentes de alimentos y de producir diferentes
subproductos susceptibles de ser explotados energéticamente.
Recientemente ha habido muchos resultados en este sentido. Algunos,
por ejemplo, se basan en el uso de algas para la producción de un
sucedáneo del petróleo.
Aunque todo esto no es nuevo, cuando fermentamos un producto
azucarado para producir alcohol ya estamos usando levaduras para
producir de bioetanol. Pero la eficacia de estos métodos
tradicionales está en entredicho y hace falta más investigación al
respecto, sin contar con los posibles problemas ecológicos que
pueda acarrear su producción.
Investigadores de Biodesign Institute han publicado en Nature
Reviews Microbiology un artículo sobre los pasos que se podrían dar
al respecto. Según ellos las bacterias y arqueas son la mejor
esperanza para producir energía de forma renovable en grandes
cantidades de tal modo que no compita con la producción de
alimentos o se destruya en medio ambiente.
Hay dos aproximaciones al problema. Una consiste en usar microbios
para convertir biomasa en combustible. para esta vía hay diferentes
clases de microorganismos que pueden hacer esto en ausencia de
oxígeno y que producen metano, hidrógeno o directamente
electricidad.
La segunda aproximación consiste en usar algas o bacterias que
capturan la luz del sol y la transforman en energía produciendo
biomasa.
Estas dos líneas de investigación se podrían beneficiar de los
recientes avances en genética y técnicas de biología molecular para
incrementar el rendimiento.
Las bacterias cuentan además con una gran diversidad genética y de
especies que puede ser explotada. Hasta ahora se dispone de 75
genomas secuenciados de microorganismos susceptibles de ser
utilizados para esta tarea y que están a disposición de la
comunidad científica. Este conjunto incluye 21 genomas de arqueas
metanógenas (productoras de metano), 24 de bacterias productoras de
hidrógeno o electricidad y 30 genomas de cianobacterias
fotosintéticas susceptibles de producir biodiesel. Se espera
secuenciar muchos más genomas en el próximo futuro.
Un ejemplo puede ser Synechocystis sp, que es una bacteria
fotosintética cuyo genoma fue publicado en 1995. Tiene la
particularidad de cargar su membrana celular con grandes cantidades
de lípidos que le harían una buena candidata para la producción de
biodiesel.
Esta institución trabaja ahora junto a la petrolera BP en el
desarrollo de estas tecnologías.
Pero en esta carrera por conseguir biocombustibles realmente
alternativos y rentables hay muchos jugadores.
En Virginia Tech están investigando con un microorganismo
procedente de una región volcánica para producir hidrógeno, en lo
que puede ser un buen ejemplo del tipo de investigación que se
viene haciendo durante los últimos tiempos. Esta arquea termófila
metaboliza la celulosa produciendo hidrógeno en el proceso. El
hidrógeno puede ser empleado más tarde como combustible o para
producir electricidad de manera sencilla.
Encontraron esta arquea (Desulfurococcus fermentans) en la
caldera Uzon de la península Kamchatka, que se encuentra en una
remota región de Siberia. Vive de la degradación de los restos
vegetales a alta temperatura (80 - 82 grados centígrados) que caen
en la caldera volcánica
El hidrógeno bloquea el crecimiento de la mayoría de las especies
de arqueas, pero no en este caso. Los investigadores no saben
todavía por qué.
La habilidad de efectuar este trabajo a alta temperatura es una
gran ventaja, pues en un reactor industrial la alta temperatura
impediría en crecimiento de otras bacterias indeseables que lo
pudieran contaminar.
Ahora los científicos involucrados en el descubrimiento pretender
secuenciar el genoma de esta arquea. En esta investigación está
también implicado el Joint Genome Institute que depende del
departamento de Energía de EEUU.
Todavía no sabemos cómo terminará esta carrera en pos de la
perfecta producción de bioenergía, pero parece prometedor. De
momento es solamente materia de investigación y habrá que esperar
para ver las aplicaciones industriales.
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