Ciertos crustáceos diminutos que viven en lagunas alpinas de aguas claras en las Montañas Olímpicas del estado de Washington poseen una protección natural frente a los dañinos rayos ultravioleta del Sol, pese a que tienen muy poca pigmentación natural para protegerlos.
e hecho, en los experimentos realizados con estos crustáceos conocidos popularmente como "pulgas de agua", que tienen un tamaño similar al de las moscas de la fruta, los especímenes con tal protección natural soportaron mucho mejor la radiación ultravioleta que los de la misma especie de pulga de agua pero recogidos de una laguna, a un kilómetro aproximado de distancia, en la cual el agua era menos clara y ofrecía por tanto más protección.
Las lagunas parecen casi iguales a la vista humana, pero son muy
diferentes para los animales que viven en ellas.
Brooks Miner de la Universidad de Washington tomó muestras de agua
y zooplancton en varias lagunas situadas a altitudes de entre 1.300
y 1.500 metros aproximadamente, en la Cuenca de los Siete Lagos del
Parque Nacional Olímpico.
Las lagunas ubicadas por debajo del límite más arriba del cual ya
no crece vegetación boscosa están mejor protegidas del Sol porque
de la vegetación circundante se desprende materia que cae al agua y
la oscurece, en un proceso similar al que se desencadena cuando
sumergimos una bolsita de té dentro de una taza de agua
caliente.
Recomienda esta página El agua de las lagunas por encima del
mencionado límite es muy clara, así que las pulgas no reciben de
ella la misma protección de la que disfrutan las pulgas de aguas
turbias. Cuando las pulgas de agua fueron expuestas a radiación
ultravioleta en el laboratorio, las provenientes de lagunas de
aguas claras fueron las que mejor sobrevivieron.
La mayor sorpresa fue que las pulgas de agua resultaron tener muy
poca melanina, un pigmento protector existente en la mayoría de los
animales. Las pulgas de agua, procedentes de otros hábitats, que
poseen más melanina, crecen con mayor lentitud que las que cuentan
con poca, así que las pulgas de agua de las Montañas Olímpicas
aparentemente desarrollaron por la vía de la evolución medios menos
costosos de lidiar con la radiación ultravioleta.
La próxima fase de esta investigación será intentar averiguar cuál
es esta protección alternativa frente a los rayos ultravioleta de
la que disfrutan esos crustáceos. Una posibilidad es que poseen
sistemas mejor desarrollados para reparar los daños sufridos por su
ADN.
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