Hace escasos días publicábamos en estas misma página un resultado sobre epigenética que parecía interesante. La noticia que viene a continuación viene ampliar ese resultado, así que sería interesante leer ese resultado previo antes de leer este. Científicos del Instituto Max Planck han realizado un estudio amplio sobre los cambios epigenéticos a lo largo de varias generaciones de plantas. Según sus resultados, aunque estos cambios se suceden con rapidez, probablemente tienen efectos evolutivos limitados a largo plazo. A lo largo de la última década los científicos han podido aprender que el ambiente puede dejar trazas sobre los genomas de plantas y animales en la forma de modificaciones epigenéticas. Estos científicos se propusieron el estudio en profundidad de estas modificaciones en plantas de Arabidopsis.
Para determinar la tasa y distribución de estos cambios por
metilización en el genoma, estos biólogos usaron diez líneas de
plantas de Arabidopsis. Cada línea fue propagada de manera
independiente por autofertilización durante 30 generaciones a
partir de una antepasada común. Después compararon los cambios por
metilización entre la última generación y la planta original.
Para cada línea se midieron 14 millones de citosinas en busca de
metilizaciones. En promedio cada planta tenía 3 millones de estas
metilizaciones de citosina. La gran mayoría de ellas eran las
mismas en todas las líneas, pero el 6% de ellas había cambiado una
vez las líneas se separaron.
Cada línea tuvo 30.000 epimutaciones, lo que hace al ritmo de
epimutaciones ser 1000 veces mayor que la tasa de mutaciones
convencionales en el ADN.
Con 30.000 epimutaciones en 30 generaciones era de esperar 1000
epimutaciones por generación, pero resulto que en cada generación
se producían en realidad tres o cuatro veces más. Estos científicos
concluyen que muchas de las epimutaciones no son estables y vuelven
a su estado original después de unas pocas generaciones. Por tanto,
los cambios por metilización son muchas veces reversibles.
Jörg Hagmann sostiene que como las nuevas epimutaciones no se
suelen mantener en el tiempo, sólo cuando la selección gana sobre
la reversión la epimutación puede afectar la evolución. Aunque una
epimutación que provea de una gran ventaja adaptativa puede ser
establecida antes de que se pierda de nuevo, ya que una epimutación
no tiene por qué perderse necesariamente en la siguiente
generación. Por tanto es posible que las epimutaciones contribuyan
a la herencia de ciertos rasgos entre padres e hijos o entre
abuelos y nietos.
Otra diferencia entre las mutaciones tradicionales y las
epimutaciones es que estas últimas no ocurren al azar, sino que
frecuentemente se dan en los mismos lugares del genoma,
especialmente en los transposones, que son partes móviles de ADN
dentro del genoma. Esto es algo que ya se sospechaba porque se vio
que la metilización tenía un mayor impacto sobre los transposones
que sobre los genes ordinarios.
Otro hallazgo interesante ha sido que la metilización de largos
segmentos del genoma. En cada planta encontraron sólo un promedio
de 30 de esas regiones que diferían de las halladas en otras
líneas. Este tipo de cambio parece ser tan escaso como las
mutaciones tradicionales de ADN. Así que este tipo de diferencias
no pueden aparecer rápidamente. Encontraron sólo una región de este
tipo que primero perdió sus grupos metilo para recuperarlos en la
siguiente generación.
Lo que hace interesante a la epigenética respecto a la salud humana
es que algunos de estos cambios epigenéticos pueden ser producidos
por factores ambientales. Hay pruebas que indican que la nutrición
o la relación entre niños y padres puede dejar trazas en el genoma
que pasen a la siguiente generación. La limitada estabilidad de la
metilización de ADN implica, sin embargo, que esas diferencias no
necesariamente duran para siempre. Esto significa que,
afortunadamente, los efectos de una hambruna no duran para siempre
y que además estas metilizaciones no suelen ser objeto de selección
natural.
Este resultado demuestra además que las diferencias epigenéticas
pueden aparecer espontáneamente, sin necesidad que se den cambios
drásticos en el ambiente. Después de todo, las condiciones de
crecimiento en el invernadero eran comunes y constantes para las
diez líneas de plantas.
Se sospecha que las epimutaciones aumentan en el ambiente en el que
las plantas crecen de manera natural, que es donde están sometidas
a estrés, así que Becker especula con que los cambios epigenéticos,
incluso aunque se produzcan un ritmo mayor, tendrían una
importancia evolutiva a largo plazo incluso menor.
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