Los astrónomos esperan usar la información que consigan del cometa Kiess para desarrollar un novedoso sistema de alerta que nos ayude a prevenir la amenaza de un impacto letal contra uno de estos vagabundos del Sistema Solar.
ientras que medio mundo sigue estos días elevando la vista al cielo nocturno en busca de Perseidas, los astrónomos se disponen a enfrentarse a otra «lluvia de estrellas» mucho más rara y misteriosa. Su máximo está previsto para el 1 de septiembre y será una oportunidad única (de hecho, la segunda) para saber algo más de Kiess, un esquivo cometa que sólo pasa cerca del Sol una vez cada dos mil años. De paso, también esperan usar la información que consigan para desarrollar un novedoso sistema de alerta que nos ayude a prevenir la amenaza de un impacto letal contra uno de estos vagabundos del Sistema Solar.
La lluvia de meteoros de septiembre, llamada Alpha Aurigidis, sólo ha podido verse en tres ocasiones, en 1935, 1986 y 1994. El motivo es su origen poco habitual. La mayor parte de las lluvias de meteoritos son causadas por cometas con periodos orbitales cortos, bolas heladas que giran dentro o en las cercanías del Sistema Solar en órbitas que duran a lo sumo un par de cientos de años.
Estos cometas se desprenden de numerosas partículas cada vez que se aproximan al Sol. Partículas que forman una larga estela que marca con claridad la órbita del cometa. Cada año, cuando la Tierra pasa a través de estas colas, muchas de estas partículas entran en nuestra atmósfera, se queman y forman las populares luvias de estrellas.
Pero Kiess es diferente, ya que la última vez que pasó cerca del Sol fue en el año 83 de nuestra era. Y eso significa que, a diferencia de lo que sucede con otros cometas, su rastro es mucho más débil y difícil de detectar. Como dificultad añadida, la Tierra sólo se cruza con esta tenue estela en muy contadas ocasiones.
«Manguera» espacial
Los científicos creen que la trayectoria de las partículas de Kiess es controlada por la fuerte gravedad de dos de nuestros planetas gigantes, Júpiter y Saturno, que la hacen ondear de uno a otro lado, igual que un jardinero haría con su manguera al regar. Peter Jenniskens, del centro de investigación Ames, de la NASA, y Jérémie Vaubaillon, del Instituto Caltech, en California, creen que este año la «manguera» apuntará hacia la Tierra. Y no quieren dejar pasar la ocasión.
Varios equipos de astrónomos, tanto desde tierra como a bordo de aviones que volarán siempre en la zona en sombra de nuestro planeta, observarán con todo detalle la inusual lluvia el próximo 1 de septiembre, con la esperanza de localizar algún fragmento de la corteza del Kiess, un cometa que procede de la nube de Oort, en los bordes exteriores del Sistema Solar.
Pero Jenniskens y sus colegas quieren algo más. Usar la información que consigan para poner a punto un nuevo sistema que ayude a prevenir la posibilidad de que uno de estos grandes objetos haga impacto contra la Tierra. Con la tecnología actual, los astrónomos sólo pueden localizar cometas como el Kiess, con periodos orbitales largos, unos pocos años antes de que penetren en el corazón del Sistema Solar. Lo cual deja muy poco tiempo de reacción en caso de que alguno de ellos se dirija directamente hacia nuestro mundo.
Sin embargo, como es el caso, si el cometa ya ha visitado antes nuestro sistema, su rastro (las partículas que forman las lluvias de estrellas) puede ser usado para seguirle la pista y trazar su trayectoria orbital. Y eso permitiría poner a punto un sistema de alertas mucho más eficaz que el que se usa hoy. El tamaño y el número de las partículas que los científicos encuentren en Alpha Aurigidis, la lluvia de estrellas del 1 de septiembre, les ayudarán a comprender cómo se reparten a lo largo de la estela de Kiess y cómo evoluciona la órbita del misterioso cometa.
Para lograr su objetivo, Jenniskens ha pedido a los aficionados a la astronomía que estén pendientes y ayuden en la tarea. Una pista: las partículas del Kiess brillarán con un llamativo tono verde azulado.
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