Químicos en Estados Unidos aseguran haber hecho un importante avance en el campo de los biocombustibles: la fructosa puede transformarse en un combustible líquido que contiene un 40% más de energía que el etanol y menos de sus desventajas, publica la revista británica Nature.
l etanol (alcohol etílico) es actualmente el único combustible para automóviles producido en grandes cantidades a partir de biomasa y las iniciativas se multiplican para que las economías industrializadas puedan decirle adiós al sucio y costoso petróleo.
Las fuentes de biomasa, como el maíz, la caña de azúcar y otras plantas son ricas en energía potencial.
Muchas de las plantas de etanol aprovechan la biología usando enzimas para descomponer el almidón y la celulosa en glucosa, la cual es luego fermentada por una levadura común, la Saccharomyces cerevisiae, para producir etanol y dióxido de carbono.
Pero el proceso lleva días y el combustible todavía tiene niveles relativamente altos de oxígeno, lo cual reduce su densidad energética, hace que se evapore rápidamente y lo deja propenso a la contaminación del aire al absorber la humedad atmosférica.
Es necesaria entonces la destilación para separar el combustible del agua, y este proceso exige un uso intensivo de energía.
Ingenieros de la Universidad de Wisconsin (norte de Estados Unidos), creen haber encontrado la respuesta en un proceso que resulta en 2,5-dimetilfurano (DMF), el cual suministra un 40% más de energía que el etanol.
Además, no se disuelve en el agua y es estable al ser almacenado.
Con este proceso, del que informa la revista científica británica Nature esta semana, las enzimas reorganizan los carbohidratos de la planta en un azúcar altamente oxigenado, la fructosa.
El siguiente paso es convertir la fructosa en un químico intermedio, el hidrometilfurfural (HMF), usando un catalizador ácido y un solvente con un punto de ebullición bajo. Esto expele tres átomos de oxígeno.
En esta fase final, el HMF se convierte en DMF al exponerlo a un catalizador de cobre-rutenio que expulsa dos átomos de oxígeno más y convierte el gas en un líquido a temperatura más baja, facilitando por lo tanto el uso como combustible general para transporte.
Se necesita más investigación antes de que esta tecnología pueda ser comercializada, según James Dumesic, un profesor de ingeniería química y biológica y principal investigador de este estudio.
"Hay algunos desafíos que tenemos que atender, pero este trabajo muestra que podemos producir un combustible líquido para transporte a partir de biomasa que tiene una densidad de energía comparable al petróleo", dijo.
Los biocombustibles se promocionan como una opción "verde" a los combustibles de transporte derivados del petróleo y el gas.
Tanto los biocombustibles como los combustibles fósiles emiten dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero al que se atribuye el cambio climático.
El CO2 que emiten los combustibles fósiles es extraído de la Tierra, donde ha estado almacenado por millones de años, contribuyendo así a la polución atmosférica.
Pero en los biocombustibles, las plantas toman el CO2 de la atmósfera para crecer, y éste retorna cuando el combustible se usa.
El proceso es renovable y más amigable con el medio ambiente que el de los combustibles fósiles, pero no completamente limpio. La energía tiene que ser usada para cosechar y procesar la biomasa, y esto hace que los biocombustibles sean positivos con respecto al carbono, pero no neutrales.
Otra preocupación creciente contra la biomasa es el impacto ambiental que supone dedicar tierras, especialmente en la Amazonia, a cultivos para combustible. Además, el boom de los biocombustibles está afectando los precios de los alimentos, ya que los campos de maíz se están destinando a la producción de etanol.
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