Un estudio encuentra que la lujuria por las cosas materiales se desvanece pronto, pero que las experiencias únicas permanecen con nosotros por largo tiempo.
egún un estudio de la Universidad de Cornell, la satisfacción al contratar unas vacaciones o comprar una bicicleta para usarla u otras experiencias similares es alta al principio y puede incluso crecer con el tiempo. Sin embargo, el subidón al comprar un televisor de 50 pulgadas o un coche nuevo decae rápidamente.
¿Por qué son las experiencias más satisfactorias que los objetos?
Al parecer por una cosa: es difícil compararlas con otras
experiencias, son únicas y nos pertenecen.
Thomas Gilovich, que publicó el estudio junto a Travis J. Carter en
Journal of Personality and Social Psychology, dice que las
experiencias son inherentemente menos comparativas y están menos
sujetas a ser minadas por las odiosas comparaciones sociales.
Estos investigadores encontraron que la gente está menos satisfecha
con la adquisición de bienes materiales porque están más sujetos a
una segunda opinión sobre lo que se podría tener en su lugar (un
nuevo modelo, mejor precio…). Los consumidores gastan más tiempo
pensando acerca de la adquisición de bienes materiales que
finalmente no eligen que el gastado cuando compran una
experiencia.
Gilovich dice: "Hay un montón de trabajos en el área del
sentirse bien y la felicidad que muestran que nos adaptamos a la
mayoría de las cosas. Por tanto, algo como una adquisición material
nueva nos hace felices al principio, pero muy rápidamente nos
adaptamos a ello y ya no nos proporciona disfrute. Se puede decir
que la adaptación es algo así como el enemigo de la felicidad. Otra
clase de gastos, como la compra de experiencias, no parecen estar
sujetos a esta clase de adaptación".
Este investigador dirigió varios estudios hace unos cinco años que
sugerían que la gente obtenía una felicidad más duradera de las
experiencias que de las posesiones. El nuevo estudio explica por
qué es así.
"Imagina que compras una pantalla plana de televisión y
entonces vienes a mi casa y yo tengo una más grande y que se ve
mejor que la tuya", dice Gilovich. "Pero supón que vas de
vacaciones al Caribe. Descubres que yo he hecho lo mismo y que
encima mis vacaciones suenan mejor. Puede que te moleste un poco,
pero no al mismo nivel porque tú tienes tus recuerdos; es tu
conexión idiosincrásica al Caribe la que hace tus vacaciones. Eso
lo hace menos comparables a las mías, por lo que tu disfrute no es
minado por la comparación."
En uno de los estudios había una barra de chocolate y una bolsa de patatas fritas sobre la mesa. A los voluntarios se les dijo que podían tomar las patatas, mientras que tácitamente se les decía que otros se llevarían la barra de chocolate. Otro grupo de participantes recibió un pequeño regalo físico que estaba al lado de otro regalo mejor que estaba destinado a otra persona. Los voluntarios informaron que se sentían menos satisfechos en el segundo caso.
"La comparación visible mina el disfrute de los bienes
materiales, pero no mina el disfrute de las experiencias (la bolsa
de patatas)", explica Gilovich. "Si consumes una
experiencia en presencia de algo mejor dicha experiencia no es
minada de una manera tan poderosa y consistente."
¿Qué significa esto? "Nuestros resultados sugieren que si la
gente obtiene una felicidad más duradera de sus experiencias que de
sus posesiones, a nivel político, podríamos hacer más disponibles
los recursos que permiten a la gente tener experiencias. No puedes
ir de excursión si no hay senderos. Y si ese tipo de cosas son las
cosas que dan a la gente un disfrute más duradero, necesitamos
estar seguros que estamos creando la clase de comunidades que
tienen parques, senderos y similares, que promuevan experiencias
que produzcan un disfrute real".
Así que si en estos días tiene que elegir entre comprar un objeto o
tener experiencias, entonces tenga experiencias y sea más
feliz.
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