Las esponjas deberían de haber surgido y evolucionado en el Criogénico, mucho antes de la aparición de los seres ediacarenses o de los seres del Cámbrico. Vamos a viajar en una máquina del tiempo imaginaria, pero primero, una rápida ubicación en el tiempo geológico por el que vamos a viajar. Sólo existe un superón: el Precámbrico, que consta de tres eones, siendo el último (y más cercano en el tiempo) el Proterozoico, que a su vez se divide en tres eras, la última de las cuales se llama Neoproterozoico y que consta a su vez de los periodos Tónico, Criogénico y Ediacárico o Edicarense. Justo después está el periodo Cámbrico, ya dentro de la era Paleozoica y del eón Fanerozoico.
El periodo Criogénico comienza hace 850 Ma y termina hace unos 630
Ma (Mega-años o millones de años) al comenzar el Edicarense, que su
vez termina al comenzar el Cámbrico, hace unos 542 Ma.
En el lado más antiguo de este lapso temporal que estamos
analizando, en el Criogénico, se dio el evento de "bola
nieve" durante el cual la mayor parte de este planeta, si no
todo, estaba cubierto por el hielo. En el otro extremo se sitúa la
explosión del Cámbrico, una radiación de vida compleja que dio
lugar a la mayor parte de los grupos animales, y que tuvo lugar
hace entre 542 Ma y 520 Ma, y sobre la cual algunos autores
sostienen incluso que duró solamente unos 5 millones de años: una
orgía de creatividad evolutiva.
En el Criogénico y por debajo de él (atrás en el tiempo) se suponía que sólo había vida microbiana que se extiende durante miles de millones de años. Pero en el Ediacarense parece ocurrir algo mágico: surgen los primeros metazoos, es decir, animales pluricelulares. Se cree que las criaturas simples de Ediacara representarían a un grupo extinto de animales que tenían sólo dos capas celulares (endodermo y ectodermo) separadas por una sustancia gelatinosa. Los animales diplobásticos son criaturas comunes en los mares actuales y están representados por las medusas, corales y anémonas. Estos animales, hoy en día, muestran simetría radial y carecen de órganos internos.
Las criaturas del Ediacarense eran seres pasivos que estaban sobre
el fondo del mar y que se extinguieron hace unos 542 Ma, no dejando
descendientes posteriores reconocibles, pero al desaparecer legaron
nichos libres a los animales complejos que surgieron en la
explosión del Cámbrico posterior. Es en esta explosión cuando
surgieron por primera vez casi todos los representantes de los
animales actuales, debido quizás (entre otras cosas) al aumento del
nivel de oxígeno, que permitió una mejor respiración y un
metabolismo más rápido.
La aparición de la depredación durante la explosión del Cámbrico
fue clave en la competitividad entre las especies y en la creación
de exoesqueletos y conchas resistentes. Surgieron armas de todo
tipo, sistemas nerviosos rápidos que permitieron vertiginosos
movimientos y ojos que localizaban presas y vigilaran a los
depredadores, así como antenas, patas, pinzas, dientes, garras… El
Universo empezó a verse y sentirse a sí mismo. El mundo desde
entonces no volvió a ser el mismo; el feliz y aburrido jardín de
Ediacara fue borrado por siempre y para siempre de la faz de este
planeta y un nuevo orden mundial, más competitivo, se alzó sobre la
Tierra. Nosotros somos fruto de ese nuevo orden, descendientes
directos de nuestro más remoto antepasado de esa época: Pikaia.
Pero nosotros, una de las pocas especies con curiosidad, queremos
saber más, saber qué había antes de Pikaia o de los seres
ediacarenses.
Ya Darwin se preguntaba sobre la mágica explosión del Cámbrico y
sobre su inusitada brusquedad. Por desgracia él nunca llegó a
conocer la fauna de Ediacara, hubiera dado mucho por saber algo
más, seguro. Ahora estamos al corriente de más cosas, tenemos más
datos, más resultados que a la mayor parte de la población le trae,
lamentablemente, sin cuidado. Pero no importa, porque siempre hay
gente diferente que quiere saber.
Algunos expertos ya se plantean una "explosión
ediacarense", otros hablan de cadenas tróficas deducidas a
partir de fósiles mordisqueados por sus depredadores. Mientras
tanto vamos rellenando con más piezas ese inmenso puzzle que es la
historia biológica del planeta. No es fácil, el registro fósil es
incompleto, la tectónica y la erosión lo van destruyendo y los
animales de cuerpo blando no suelen dejar restos fósiles.
Si queremos ver más allá, si queremos retroceder más en el tiempo
para saber el origen del primer metazoo, de nuestro tatarabuelo más
remoto, debemos de ajustar más "nuestra máquina del
tiempo". El viaje es lento, se necesita mucho esfuerzo,
análisis y de muchas horas encerrados en el laboratorio. Se
necesitan días excavando y recogiendo muestras en los más
despiadados desiertos o en los más gélidos parajes.
El último resultado permite a nuestra máquina del tiempo traspasar
la barrera del periodo Criogénico y hundirnos en un abismo
temporal. Corre el año 635.000.000 antes de Cristo, es cuando la
superficie de la Tierra, aunque ya en su estadio final, todavía
está inmersa en una gran glaciación. El mundo, en ese tiempo
pretérito, parece un planeta extraño, ajeno, extraterrestre. Allí,
bajo una superficie en su mayor parte cubierta de hielo, en un
océano que lucha por sobrevivir a la muerte por frío, la vida ha
logrado ya organizarse en seres pluricelulares. Quizás fue una de
las pocas maneras de sobrevivir, de prosperar. Puede que sólo la
cooperación entre distintas células, para así formar una entidad
mayor y tener más oportunidades frente la presión ambiental, fuera
la única respuesta posible. Ese ser es sólo una humilde y simple
esponja, pero con todo el potencial de crear un dinosaurio, una
ballena o un ser humano en un futuro aún muy lejano. No es extraño
que los restos recientemente encontrados pertenezcan a las
esponjas, pues se les supone uno de los seres más primitivos,
situados muy cerca de la base del árbol filogenético de la
vida.
Las pruebas las han encontrado en rocas sedimentarias en Oman. No hay formas reconocibles, pues las esponjas tienen cuerpos blandos que prácticamente no fosilizan. Se trata solamente de una marca química, una huella de su existencia: esterioides. La edad de las rocas indica que las esponjas que dejaron esos restos químicos estaban ya en este planeta unos 100 millones de años antes de que se diera la explosión del Cámbrico. La presencia de estos esteroides se extiende por los estratos durante decenas de millones de años, durante el Ediacarense y antes de este mismo periodo. Las esponjas, por tanto, deberían de haber surgido y evolucionado en el Criogénico, mucho antes de la aparición de los seres ediacarenses. La evolución tuvo que ser, por tanto, más suave de lo pensado.
Este descubrimiento sitúa el origen de los metazoos en una época
anterior a la que se creía y podría ayudar a los expertos a
reconstruir el ecosistema de esa época y a explicar cómo evolucionó
la vida animal. Según este hallazgo ya había vida compleja decenas
de millones de años antes del final de la "bola de nieve"
y por tanto este gélido episodio no debió de cubrir completamente
el planeta con hielo. Quizás hubo pequeñas regiones o refugios
donde había agua líquida superficial y la vida podía sobrevivir y
florecer.
Las esponjas viven en el lecho marino a poca profundidad y se
extienden con el tiempo a aguas más profundas. Esto implica que
hace 630 Ma ya había oxígeno disuelto en el mar en cantidad
suficiente, al menos en las aguas superficiales.
Según Gordon Love, del MIT, los impactos climáticos de los
episodios de glaciación del Neoproterozoico provocaron una gran
reorganización de los ecosistemas marinos que quizás alteraron
irreversiblemente la química oceánica. Esto allanaría el camino
para que los animales se alimentaran en el lecho marino (en lugar
de flotando cerca de la superficie). Love especula que los animales
pluricelulares surgirían en algún momento entre hace 750 Ma y 635
Ma.
Los esteroides encontrados en las rocas de Omán son compuestos
esenciales en las membranas de las esponjas actuales, y les
proporcionan soporte estructural y, por otro lado, no están
presentes en seres unicelulares. En concreto, la molécula
encontrada se denominada 24-IPC y es producida únicamente por los
Demospongiae, una clase que incluye a las esponjas
modernas, la mayor del filo Porífera.
Las esponjas son seres inmóviles que viven del filtrado del agua.
Las hay pequeñas y también de gran tamaño, suficientes como para
meter el brazo dentro. Todo aquel que haya buceado con botella en
ciertos mares puede atestiguar lo impresionantes que pueden llegar
a ser.
Las rocas sedimentarias analizadas pertenecen a una región conocida
como la que contiene las rocas de la época mejor conservadas. Los
investigadores lograron establecer una estratigrafía robusta y una
muy buena ubicación temporal. La clave del datado de las rocas fue
el análisis isotópico del uranio y del plomo presentes en las capas
estratigráficas que contenían ceniza volcánica. Además, todos los
análisis se hicieron con el estado del arte en técnicas de
laboratorio. El estudio completo necesitó de cuatro años de
investigación.
Los investigadores implicados planean ahora buscar estos esteroides
animales en rocas aún más antiguas, de entre hace 850 Ma y 635 Ma.
Si los encuentran podremos viajar más atrás en el tiempo, a un
mundo frío, oscuro y absolutamente remoto. Seguro que nunca
sabremos todo lo que pasó, seguro que quedarán preguntas sin
contestar. No importa, lo más importante es el viaje.
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muy lindo