Muestra de los muchos resultados sobre medio ambiente que se publican en la prensa especializada y que no llegan al público general.
a Tierra está enferma. Nosotros la estamos matando, o más
concretamente estamos matando la vida que contiene. Podemos vigilar
continuamente sus constantes vitales y ver cómo evoluciona o
podemos tomar su pulso en un momento dado. Pero, ¿como tomar el
pulso a un planeta?
Esta redacción, ante la imposibilidad de una monitorización
prolongada, ha optado por tomar el pulso puntualmente, escogiendo
unos pocos resultados sobre Medio Ambiente entre los aparecidos en
un periodo de unos poquísimos días y resumirlos aquí sin
alterarlos. Es sólo una instantánea, un disparo con escopeta a ver
qué cae, un intento fútil de hacer ver a los negacionistas cargados
de fanatismo y doctrina que estamos en peligro por nuestro tremendo
egoísmo.
Sobre el futuro climático se han dibujado diversos escenarios
dependiendo de nuestra capacidad de controlar las emisiones de
gases de efecto invernadero. En todo caso, si queremos evitar un
apocalipsis habrá que recortar esas emisiones. Nuevas tecnologías
más eficientes desde el punto de vista energético podrán ayudar,
pero ¿y la tecnología antigua aún en uso y que no vamos a retirar?
¿Hay suficiente inercia para que el aumento de emisiones siga por
décadas y no podamos evitarlo?
Según Steven Davis y Ken Caldeira, de la Carnegie Institution
[1], hay un resquicio para la esperanza, pero
si queremos evitar el desastre urge la creación de nuevas
tecnologías limpias.
Según Davis el mayor problema del cambio climático es la enorme
inercia que tiene. Parte de esa inercia se debe a los ciclos
naturales del carbono o a límites naturales, pero otros se deben a
las infraestructuras construidas por el ser humano, que emiten
gases de efecto invernadero y lo seguirán haciendo hasta que dejen
de estar en uso.
La pregunta que estos investigadores se plantearon fue qué pasaría
si se mantienen las actuales infraestructuras (plantas térmicas,
automóviles, etc) hasta el final de su vida útil, pero todas las
nuevas que se construyan son limpias desde el punto de vista
climático.
Encontraron que (tomando como ejemplo datos de EEUU) esto era
suficiente como para colocar la concentración de dióxido de carbono
a sólo 430 ppm, lo que provocaría un aumento de temperatura de sólo
1,3 grados centígrados respecto a la época preindustrial.
Los autores, sin embargo, advierten que este resultado no minimiza
la amenaza, pero como la mayor parte de esta amenaza proviene de
infraestructuras que aún no hemos construido urge desarrollar nueva
tecnología que no emita gases de efecto invernadero ya, incluyendo
los automóviles eléctricos.
Según un estudio ([2], [3]) la expansión de los regadíos a nivel
global, para así alimentar a la creciente población mundial, parece
que está camuflando los efectos del calentamiento global. Muchos de
esos regadíos son regados con aguas procedentes de acuíferos. Pero
la mayoría de estos acuíferos quedarán agotados por
sobreexplotación en las próximas décadas con lo que se producirán
dos consecuencias: un aumento de los efectos del cambio climático y
una escasez de comida.
Los científicos de todo el mundo están de acuerdo en que la
actividad humana ha elevado la temperatura global en 0,7 grados
centígrados debido al consumo de combustibles fósiles.
Cuánto se elevará en el futuro dependerá de las emisiones que
hagamos en las próximas décadas, pero también de otros factores.
Las partículas de aerosol que introducimos en la atmósfera han
compensado en parte esto. Los regadíos también han contribuido al
enfriamiento, compensando las consecuencias del efecto
invernadero.
En cien años los regadíos se han multiplicado por cuatro y ahora
cubren una superficie igual a cuatro veces el estado Texas.
Este proceso de enfriamiento tiene más impacto en áreas desérticas
o semidesérticas. El agua en la superficie se evapora llevándose el
calor del suelo y enfría la zona.
Estos autores calculan que este efecto de enfriamiento es pequeño
(0,1 grados centígrados) a escala global, pero es muy potente a
escala regional, llegando hasta los 3 grados centígrados en algunas
regiones de India. El estudio sugiere que incluso este efecto puede
que esté alterando el patrón de comportamiento del monzón en
Asia.
Según los autores, los modelos previos estaban muy idealizados,
pero el suyo es más realista. Este trabajo subraya la importancia
de incorporar a los modelos climáticos el efecto de los
regadíos.
Científicos de la Universidad de Oregón han determinado a escala
fina la estructura genética del primer animal en mostrar respuesta
rápida frente al cambio climático: un mosquito (Wyeomyia
smithii) de las plantas jarro (Sarracenia purpure).
Para ello han utilizado una técnica novedosa denominada RAD
(Restriction-site Associated DNA). Según los autores del
estudio ([4], [5]) este resultado demuestra el poder de la Genética
a la hora obtener conocimiento de las especies terrestres.
En este caso han podido determinar los mecanismos genéticos
subyacentes al cambio climático posterior a la última glaciación de
la respuesta de tipo fotoperiodo. Esta respuesta está relacionada
con la emigración y reproducción del mosquito. Al parecer la
expansión de este mosquito se dio en su día en forma de ola
progresiva y no por parches aislados a lo largo de
Norteamérica.
La idea es obtener información que nos pueda ayudar a diagnosticar
mejor la posible invasión de otro tipos de mosquitos como el
portador del dengue, la encefalitis o de la malaria según invadan
zonas templadas al aumentar la temperatura global debido al actual
cambio climático.
La crisis del colapso de las colmenas hizo preocuparse en gran
medida a las personas informadas. Gran parte de nuestra producción
agrícola depende de estos pequeños insectos. Sin polinizadores la
producción agrícola caería dramáticamente y padeceríamos
hambrunas.
Un estudio reciente de la Universidad de Toronto ([6], [7], [8])
proporciona la primera prueba a largo plazo sobre la tendencia a la
baja de todos los polinizadores. Al parecer el culpable es el
calentamiento global.
En el caso de las abejas el calentamiento global produce el
desacople temporal entre el periodo de floración y el periodo de
hibernación de estos insectos.
James Thomson ha tomado datos durante 17 años en las Montañas
Rocosas de Colorado. Sostiene que se puede observar una clara
disminución de las poblaciones de polinizadores con el paso del
tiempo.
Según él esto demostraría que la polinización es vulnerable incluso
en ambientes prístinos donde no hay ningún tipo de pesticida o
influencia humana directa, pero donde ya se nota el cambio
climático.
¿De dónde sale la comida que se come? Pues al parecer gran parte
de la misma, directa o indirectamente, proviene de la destrucción
de selva tropical. Al menos así se manifiesta en un estudio de
expertos de la Universidad de Stanford ([9], [10]).
Más del 80% de las nuevas tierras de cultivo creadas entre 1980 y
2000 provienen de bosques vírgenes tropicales. Entre 1980 y 1990
(diez años) se destruyó una extensión de selva virgen equivalente
en extensión a la superficie de Alaska. Los datos provienen del
análisis de fotos de satélite.
Esta política ha arrojado una considerable cantidad de dióxido de
carbono a la atmósfera y tendrá grandes implicaciones para el
calentamiento global si se sigue destruyendo selva a este ritmo.
Con cada 400 mil hectáreas de bosque destruido se arroja a la
atmósfera el mismo carbono que 40 millones de automóviles en un
año. El bosque tropical almacena más de 340.000 millones de
toneladas de carbono, que es 40 veces las emisiones anuales
producidas por todo el consumo de combustibles fósiles.
Los principales culpables no serían las pequeñas explotaciones
familiares, sino grandes terratenientes y corporaciones que han
reemplazado a los primeros y destruyen inmensas extensiones de
selva, principalmente en Brasil e Indonesia.
Contradictoriamente, las zonas dedicadas a la agricultura en zonas
no tropicales han disminuido en extensión (¿no podían competir en
precios?).
La ONU espera que la producción agrícola se doble para el año 2050
por lo que es de esperar más destrucción de selva. El aumento de la
demanda de productos agrícolas se debe en gran parte al aumento de
la población mundial y al surgimiento de una clase media en China e
India. También se debe últimamente a la producción de
biocombustibles.
En el caso de Brasil gran parte de la destrucción viene de la
producción de pastos para el ganado, que más tarde se convertirán
en hamburguesas y similares, así como de la producción de soja.
Según uno de los autores del estudio, el 55% de toda la extensión
boscosa que había en este planeta fue completamente destruida entre
1980 y 2000 (veinte años) y un 28% fue degradada.
De esa misma universidad es Eric Lambin [11], que ha desarrollado diversas técnicas en
las que se usan datos de satélite para estudiar problemas
medioambientales. En especial es fácil estudiar los problemas de
deforestación y de abandono de la tierra agrícola obtenida en esos
mismos lugares al cabo de un tiempo, cuando se pierde la fertilidad
del suelo.
Así por ejemplo, descubrió que Vietnam no usaba menos madera como
sostenía su gobierno, sino más, generalmente importada ilegalmente
de los países del entorno.
Los datos por satélite se complementan con encuestas a pie de
selva, que revelan la problemática de la población autóctona. La
escasez de suelo lleva a la población a cultivar en laderas,
destruyendo los árboles que retienen el suelo. Cuando llueve, a
veces fuertemente, se pierde ese suelo, además de provocar toda
clase de dramas humanos.
Otro tipo de efectos de la deforestación es la sustitución de
mosquitos portadores de malaria por mosquitos portadores de dengue,
que ya es la principal causa de hospitalización y muerte infantil
en Tailandia.
![]() |
|
|
Un muy interesante estudio reciente ([12], [13], [14]) va a permitir predecir qué especies se
extinguirán. El trabajo ha sido muy bien valorado dentro de la
comunidad científica y en diversas instituciones, considerándose ya
un hito en el campo.
Las principales causas de extinción son la degradación o pérdida de
habitas, las especies invasoras, la caza y la contaminación. Pero
no es fácil predecir si la población de una especie en peligro de
extinción está tan dañada como para que ya esté condenada a la
desaparición, incluso aunque queden algunos ejemplares. El número
de individuos que queden de una determina población no es un buen
indicador. Este nuevo estudio permite sentar las bases de una
alarma temprana en el proceso de extinción y así tratar de evitarla
antes de que sea tarde.
Según sugiere la teoría, el punto de no retorno hacia la extinción
está precedido por una fase de decaimiento crítico descrita
matemáticamente y que cumplen diversos tipos de procesos, como los
cambios abruptos en el clima que se dieron en el pasado o los
ataques epilépticos.
En el caso de las especies en peligro de extinción, esta fase se
caracteriza por una recuperación cada vez más lenta después de un
pequeño declive provocado por las fluctuaciones que se producen de
vez en cuando en la población. El punto de no retorno viene
descrito matemáticamente como una bifurcación transcrítica.
John Drake y Blaine Griffen decidieron comprobar si estos signos de
alarma se podían ver en la realidad y diseñaron un precioso
experimento de laboratorio. Como el tiempo implicado en los
procesos de extinción son muy elevados para el caso del rinoceronte
negro o del tigre de Bengala, en su experimento usaron una especie
de vida corta como la pulga de agua (Daphnia magna).
Depositaron estas criaturas en 60 tanques y esperaron a que las
poblaciones se estabilizaran en unos pocos meses. Luego simularon
la degradación ambiental de parte de esos ambientes, disminuyendo
las algas verde-azuladas de las que se alimentaban en 30 de los
casos. Esas 30 poblaciones disminuyeron rápidamente. Después de 270
días traspasaron el punto de no retorno, desapareciendo por
completo al cumplirse poco más de un año. Las poblaciones de las
otras 30 oscilaron en tamaño, pero sobrevivieron.
Estos investigadores analizaron la tendencia según el tamaño de las
poblaciones usando herramientas estadísticas. Descubrieron signos
de decaimiento crítico en las poblaciones con degradación
ambiental, pero no en las otras. El decaimiento crítico duraba unas
8 generaciones antes de cruzar el punto de no retorno hacia la
extinción.
Por tanto, este experimento ha proporcionado pruebas experimentales
a las señales de alarma que se habían predicho teóricamente con
anterioridad.
La pregunta que surge es si estos signos de alarma pueden ser
detectados entre los datos ecológicos reales fuera del laboratorio,
que normalmente son datos muy "ruidosos".
Un grupo de científicos conservacionistas abogan por un cambio
fundamental hacia la conservación de la biodiversidad [15]. En el artículo que han escrito, y que sale
publicado en Science, argumentan que, a no ser que la gente
reconozca la conexión entre consumo y pérdida de biodiversidad, la
vida en la Tierra continuará su declive.
Según Mike Rands la biodiversidad continúa su declive pese a todos
los esfuerzos realizados y urge que la gente vea la biodiversidad
como un bien común global que proporciona beneficios, como el aire
limpio o el agua dulce. Esta visión debe integrarse no sólo en las
políticas, sino en la sociedad y en las decisiones individuales del
día a día.
Según estos expertos no hay que considerar la biodiversidad de un
modo aislado como parte de los planes de una nación, sino que debe
extenderse a todos los sectores gubernamentales como un tesoro a
defender. Desde el punto de vista internacional sugieren que se
apoyen los esfuerzos de conservación del medio de los países en
vías de desarrollo.
Según Rands, como los beneficios que recibimos de la biodiversidad
son gratuitos los damos por sentados. El costo de conservación de
la biodiversidad es mínimo comparado con los beneficios que
proporciona o con los costos que acarrea su pérdida. Desde el punto
de vista económico mantener la biodiversidad es fundamental.
Abogan por una reunión general de las Naciones Unidas para discutir
este problema y así propagar este mensaje tan importante.
Según los autores hay que recompensar las acciones individuales
positivas en este aspecto y penalizar las negativas.
En la actualidad las amenazas a la biodiversidad son la destrucción
o fragmentación de hábitats, la contaminación, la sobreexplotación
de especies, las especies invasoras y el cambio climático. El 21%
de las todos los mamíferos, el 30% de todos los anfibios, el 12% de
todas las aves y un 25% de todas las plantas están ya en
riesgo.
Podríamos mencionar más, como la amenaza bajo la que se encuentran los pingüinos en
todo el mundo o que una combinación de agricultura orgánica y
tradicional es mejor que cada una de ellas únicamente.
Los resultados son muchos y se dan continuamente, sirvan los
expuestos como sólo unos ejemplos, improvisados a raíz de unos
comentarios vertidos en este sitio web. Algunos de ellos son
realmente interesantes y merece la pena leer las notas de prensa
originales para estar mejor informados.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.
Entérate de cuándo hay nuevos comentarios

