Los amantes de la ciencia de todo el mundo están estos días con el corazón en vilo. Impacientes y nerviosos por saber si la todopoderosa NASA decidirá finalmente indultar, o no, al que sin duda ha sido el instrumento científico más famoso.
a suerte definitiva del Telescopio Espacial Hubble está echada. Su destino, ya decidido, aguarda cerrado en un sobre que será abierto durante un acto solemne, que la agencia espacial norteamericana ha anunciado para el próximo martes. Será entonces, y no antes, cuando se haga pública la decisión de los expertos. Y el mundo sabrá si el Hubble, tras dieciséis años de intensa producción científica, se ha hecho merecedor de un indulto, o si por el contrario será abandonado a su suerte.
En el primero de los casos, una misión tripulada del transbordador espacial viajará hasta la órbita en la que está instalado el telescopio y efectuará las imprescindibles reparaciones y sustitución de instrumentos que necesita para prolongar su vida útil. En el segundo, nadie acudirá en su ayuda y las partes que aún funcionan dejarán definitivamente de hacerlo, como máximo, en dos o tres años.
Ni siquiera la voluntad del administrador general de la NASA, Michael Griffin, que trabajó en el equipo del Hubble al comienzo de su carrera y que apoya decididamente el rescate, ha sido suficiente para garantizar la supervivencia del Hubble. Ni tampoco las decenas de páginas web que desde hace años han recogido ya centenares de miles de firmas de todo el mundo para «salvar al Hubble» (por ejemplo, www.savethehubble.org ó www.savehubble.org, dos de las más concurridas).
La clave de la cuestión, en un momento en que la actual generación de transbordadores llega al final de su existencia sin que aún se haya probado con éxito el modelo que les sucederá, está en la seguridad de los astronautas que deberán, si finalmente se aprueba la misión, realizar las difíciles tareas de reparación. Con dos desastres a sus espaldas y un transbordador que no puede evitar perder piezas durante el despegue, poniendo en serio peligro la vida de los tripulantes, la NASA se ha vuelto extremadamente cautelosa a la hora de permitir nuevos vuelos. El último realizado a la Estación Espacial Internacional (ISS), que también necesitaba piezas y suministros, fue autorizado por los pelos y solo porque la ISS se considera como un proyecto de alta prioridad. Pero la reparación de un instrumento científico, por muy popular que sea, no tiene la misma importancia.
Así las cosas, el portavoz oficial de la NASA, Dean Acosta, anunció ayer que el martes, junto al esperado anuncio, habrá también declaraciones de los astronautas encargados de la misión. Eso, por supuesto, si la decisión final es la de salvar al telescopio que más nos ha enseñado sobre cómo es el universo en que vivimos.
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