Parece que fue ayer, pero ya hace tres años. La Mars Rover Spirit se lanzó el 10 de junio de 2003 y llegó a Marte el 4 de enero de 2004. La Mars Rover Opportunity dejó la Tierra el 7 de julio de 2003 y se posó en el planeta rojo el 25 de enero de 2004.
unque la NASA conserva imágenes del equipo de la misión emocionándose hasta las lágrimas cuando las dos sondas alcanzaron su destino, en principio se trataba de un objetivo modesto: que los dos robots resistieran tres meses. Tres años después, y con el proyecto prorrogado al menos hasta septiembre de 2007, decir misión cumplida es decir poco.
Steve Squyres, profesor de Astronomía de la Universidad de Cornell, codirector del proyecto con Peter Theisinger, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, es de los primeros en admitir que el triunfo de las Mars Rover se debe en parte al buen hacer, y en parte a la buena suerte.
La historia de estos dos robots comprende episodios de gran gallardía e ingenio, como cuando Opportunity se quedó bloqueado días y días frente a una duna de arena, que los científicos simularon en la Tierra, para desarrollar una técnica que permitiera apartar la arena y avanzar. Junto a este logro, situaciones más chuscas: para tres meses que los Mars Rover iban a estar en el convento, a nadie se le había ocurrido dotarles de artilugio alguno para asear sus espejos. Ya era triste que las sondas sacaran pecho para nada, si el polvo las iba a cegar de todos modos... Menos mal que el viento solar vino en ayuda de la ciencia, restaurando una visión diáfana.
El proyecto Mars Rover pasará a la historia por su relevancia en la caza y captura de numerosos indicios geológicos de un pasado húmedo -no necesariamente sostenido- en Marte, así como de la observación de tormentas de arena, acción meteórica, etc.
La llegada del Opportunity al gigantesco cráter Victoria tuvo algo de llegada a la Tierra Prometida, como proclamó la NASA, orgullosa. Entre sus tareas recientes, destaca el rastreo de las huellas de anteriores misiones no tripuladas en Marte, así como reportar el intento -hasta ahora fallido- de aclimatar una bacteria en el planeta que por ahora es el más firme candidato a albergar vida que se conoce.
Pero la singularidad de esta misión, más allá de la espectacularidad de los datos obtenidos, es que los robots y los humanos que los manejan desde la Tierra han crecido juntos. Juntos han aprendido a vencer los obstáculos y a abrirse paso en un medio hostil. A medida que el futuro y las ambiciones de las sondas se ensanchaban, se hacían también mayores sus retos. Superarlos ha significado toda una carrera espacial en sí misma.
Hubo que aumentar, por ejemplo, la memoria disponible para evitar una sobrecarga de datos que hiciera inviable la transmisión. Hubo que cruzar los dedos y esperar que los rover tuvieran éxito en autopilotarse durante la conjunción solar que, a finales de octubre, vuelve a Marte y a la Tierra ciegos el uno con respecto al otro, y desencadena tal tempestad de partículas solares, que no es posible ni soñar en mandar datos entre ambos planetas. Hubo que aprender a ganar tiempo, en lugar de perderlo a mares, «enseñando» a los robots a «ver» y mandar imágenes de los objetos potencialmente interesantes para la investigación, antes de invertir esfuerzos en aproximarse a ellos.
Actualmente los dos vehículos, Spirit y Opportunity, son capaces de tener «en la cabeza» un mapa elemental de lo que tienen por delante y de «pensar» más allá del estricto paso siguiente, lo cual ha permitido ahorrar horas en vacilaciones, tanteos y callejones sin salida.
No está nada mal para un proyecto que empezó con un presupuesto de 820 millones de dólares (680 millones de euros), para tres meses. Su ampliación hasta los tres años actuales obligó casi a doblar la inversión inicial, y a prever un gasto corriente mensual de cerca de 2 millones de euros. Muy bien gastados, como dice Squyre, satisfecho de tener entre manos algo con que «ilusionar a la gente» y «empujar a los chavales a estudiar ciencia».
¿Le echan algo de marketing? Quizá. Pero, como buenos científicos, lo apoyan con datos: en la semana siguiente a la llegada de Spirit a Marte, la página de la NASA registró 1.700 millones de visitas y procesó 34.6 terabytes de información sobre el tema. Si eso no es interés...
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