Un equipo de ingenieros de la universidad estadounidense de Illinois ha conseguido generar láminas metálicas compuestas por gránulos nanométricos de diversos tamaños que se arreglan "solas", volviendo a su forma original tras haber sido dobladas. La interacción entre los gránulos que forman la microestructura de las láminas es la que permite la reparación, que puede acelerarse con la aplicación de calor. En estas circunstancias el arreglo no conserva ningún endurecimiento residual. Se abre así la puerta a múltiples aplicaciones cercanas a la ciencia ficción, ya que este descubrimiento abre la posibilidad de crear objetos metálicos, como la carrocería de los automóviles, capaces de repararse espontáneamente. Por Yaiza Martínez de Tendencias Científicas.
ue los objetos de metal puedan
arreglarse sólo con calor nos traslada inmediatamente al campo de
la ciencia ficción o de la magia, pero es lo que han conseguido,
aún a una escala nanométrica pero prometedora, ingenieros
norteamericanos de la universidad de Illinois.
Los ingenieros han podido demostrar por vez primera que la
deformación plástica en láminas nanocristalinas de metal puede ser
altamente reversible, lo que abre la posibilidad de diseñar y
fabricar componentes metálicos susceptibles de recuperar su forma o
"arreglarse" a sí mismos después de haber sido deformados
o abollados.
Normalmente, cuando una pieza de metal, por ejemplo, un clip o
sujetapapeles, se dobla, este cambio en su forma perdura. O cuando
un coche choca con otro, sus carrocerías se deforman y sólo pueden
arreglarse, con suerte, en un taller mecánico.
¿Qué sucedería si se consiguieran fabricar estructuras metálicas
cuya composición y disposición molecular fuese capaz de
"recordar" su forma original y, con la aplicación de
calor, pudieran volver a ella?
La tecnología desarrollada por la Universidad de Illinois, aunque
se desenvuelve todavía a escala de microsistemas, nos aproxima a
esta posibilidad, según explica esta Universidad en un
comunicado.
Memoria del original
El profesor Taher A. Saif, del departamento de ingeniería y ciencia
mecánica de Illinois, en colaboración con los estudiantes graduados
Jogannathan Rajagopalan y Jong H. Han, ha conseguido lo impensable:
generar una microestructura en finas láminas de metal que permite
que, con la aplicación de calor, dichas láminas recobren su forma
original después de haber sido dobladas.
Se trata por tanto de láminas micrométricas (un micrómetro equivale
a una millonésima parte de un metro) de las que algunos de los
granos que componen su estructura son nanométricos (un namómetro
equivale a una milmillonésima parte de un metro).
Según añade al respecto la universidad de Illinois, los ingenieros
han descubierto, además, que cuanto mayor sea la temperatura que se
provoca, más rápido vuelven dichas láminas a ser como antes.
La recuperación dependería por tanto del paso del tiempo, de la
activación térmica y de la distribución de las energías de
activación, explica el departamento de ingeniería y ciencia
mecánica de Illinois.
Pero, además, cuando este proceso termina, las láminas no conservan
ninguno de los efectos previos de deformación. Este comportamiento
se diferencia marcadamente del de los metales formados por gránulos
grandes, que suelen mantener un pronunciado endurecimiento residual
tras haber sido plásticamente deformados.
Recuperación completa
Saif señala que "parece como si el metal pudiera conservar la
memoria de la forma de la que procede". En un artículo
aparecido en la revista Science los ingenieros explican que el
experimento fue realizado con láminas de metales nanocristalinos,
cuyos mecanismos de deformación difieren sustancialmente de los
metales formados por gránulos de mayores dimensiones.
Las pruebas demostraron que láminas de alumino y de oro
nanocristalinos deformadas, compuestas de gránulos, podían
recuperar la forma original en entre un 50% y un 100%.
El tamaño de las láminas de aluminio era de 200 nanómetros de
grosor, entre 50 y 60 micras de ancho y entre 300 y 360 micras de
largo. Las láminas de oro eran de 200 nanómetros de grosor, de
entre 12 y 20 micras de ancho y de 185 micras de largo.
El tamaño medio de los gránulos que componían las láminas de
aluminio era de 65 nanómetros, y en las de oro, de 50
nanómetros.
Según Saif, esta capacidad intrínseca de "arreglarse" no
depende del metal escogido, sino del tamaño de los gránulos que
componen su microestructura cristalina, así como de su
distribución.
Distribución clave
Si los gránulos son demasiado pequeños de manera uniforme, el metal
se rompe y quiebra cuando es doblado. Si, por el contrario, los
gránulos son uniformemente demasiado grandes, cuando es doblado
mantiene esa posición. Para que pueda volver a la forma inicial, se
necesita un equilibrio entre la fragilidad del primer caso y la
flexibilidad del segundo, asegura Saif.
Este equilibrio puede lograrse con una combinación de gránulos
pequeños y grandes. De esta manera, las variaciones en la
microestructura propician una deformación plástica en los gránulos
grandes y una adaptación elástica en los pequeños.
Los gránulos mayores se doblan, pero empujan y tiran de los más
pequeños, lo que permite que las láminas se doblen como un
muelle.
Después, los gránulos pequeños liberan energía y fuerzan a los
mayores a volver a su forma original. Esta liberación de energía
puede acelerarse con la aplicación de calor, lo que aumenta la
velocidad del proceso.
El control de las microestructuras de láminas finas también puede
reducir la pérdida de energía de los osciladores y resonadores de
circuitos electrónicos, que se utilizan en sensores de air-bags,
cámaras de vídeo, proyectores digitales o sistemas de
posicionamiento global (GPS). Según Saif, si los gránulos que
constituyen las láminas metálicas de estos dispositivos se reducen
de tamaño, también puede reducirse mucho su pérdida de energía.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.

Si realmente funciona: FELICITACIONES!!! Manso!
algo he oido por ahi!!!! alucinante!!!!