Según mecanografío este texto soy consciente de que mis dedos son un producto de la evolución. Si las cosas hubieran sido ligeramente distintas ahora tendría doce dedos en lugar de diez, o puede que ocho. Hubo una época en que algunos vertebrados de transición tenían un número de dedos diferente. Sólo el antepasado de diez dedos consiguió el éxito de tener una descendencia que formara todos los vertebrados terrestres. Pero además de dedos hubo que crear codos, hombros, muñecas y otros rasgos anatómicos. Estudiar estos mecanismos, su aparición y evolución es uno de los campos más fascinantes de la Paleontología.
Un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago
dirigidos por Igor Schneider ha realizado un experimento precioso.
Tomaron un interruptor genético del ADN de un pez y lo implantaron
en el genoma de ratones de laboratorio. Los interruptores genéticos
controlan el tiempo y localización de la actividad genética, es
decir, son genes que controlan otros genes. En este caso los
interruptores genéticos foráneos activaron los genes que controlan
el desarrollo de miembros en los embriones. Estos interruptores que
controlan la expresión de los genes de dedos no solamente están
presentes tanto en peces como en ratones, sino que la secuencia
genética de los peces puede activar todavía la expresión de esos
genes en los ratones.
Este intercambio exitoso de genes sugiere que "la receta"
para el desarrollo de miembros se conserva en especies distanciadas
evolutivamente entre sí 400 millones de años.
Hay una bonita relación entre este descubrimiento y Tiktaalik, el
fósil descubierto en 2004 por el equipo de Neil Shubin. Tiktaalik
es una especie de transición entre los peces y los tetrápodos
terrestres con una estructura esquelética similar a la de animales
terrestres posteriores. Estos investigadores se inspiraron en ese
fósil para realizar este estudio genético.
Las similitudes estructurales, sobre todo en la "muñeca"
y "mano", entre Tiktaalik y sus descendientes hicieron
pensar a estos investigadores sobre la posible realización de un
experimento que comprobara la homología entre rasgos fisiológicos y
genéticos compartidos entre peces y animales terrestres.
Según Shubin este es un ejemplo de cómo el conocimiento sobre un
fósil puede hacernos pensar sobre un experimento genético. Según
él, Tiktaalik y sus parientes muestran que los miembros de estos
seres eran ya básicamente los mismos que en sus descendientes, así
que debía de haber un programa previo para su creación.
Los investigadores vieron que el gen CsB, que regulaba el
desarrollo de los miembros en humanos, también lo hace en ratones,
pollos, ranas, pez cebra y pez raya. Como el antepasado a todos
estos animales precedió, con mucho, a Tiktaalik la comparativa
ofrece pistas sobre la biología que hizo posible poner la primera
pata sobre tierra firme.
Tantos millones de años de historia evolutiva diferente habrían
cambiado las secuencias de CsB, así que era difícil pensar que
pudiera funcionar un intercambio. Sin embargo, el CsB del ratón
podía funcionar en el pez cebra (funcionaba "hacia atrás"
en el árbol filogenético) y producía la región de la aleta en los
peces. Y lo que resulta más excitante, las secuencias CsB, tanto de
la raya como la del pez cebra, eran capaces de activar la expresión
de genes que controlan la formación de la muñeca y dedos en las
patas del ratón. Esas secuencias funcionaban "hacia
adelante", de tal modo que las versiones "antiguas"
funcionaban en organismos más "modernos".
Recordemos que un pez raya es un pez cartilaginoso cuyo linaje se
remonta muy atrás en el tiempo, así que estos mecanismos genéticos
ya estaban presentes mucho antes de que algún pez óseo se atreviera
a aventurarse por las orillas de algún mar.
Aunque en este caso la homología no es tan evidente como la
morfología, pues una aleta no es una mano, puede estudiarse
retrospectivamente en los genomas. Allí están presentes las
regiones regulatorias que controlan la formación de esas
estructuras que además son compartidas por estos organismos.
Este resultado contradice experimentos similares que se realizaron
anteriormente y que sugerían que los tetrápodos surgieron gracias a
la aparición de sistemas de desarrollo novedosos. Pero según este
nuevo resultado, los interruptores genéticos que controlan la
formación de los miembros ya estaba presente mucho más cerca de la
base del árbol evolutivo animal. Fue una modificación de un
programa ya existente desde hace casi 500 millones de años el que
permitió mucho más tarde la aparición de los vertebrados
terrestres.
Ahora ya hay una coherencia entre registro fósil y los datos
genéticos sobre este asunto y, por tanto, se puede relatar una
historia en la que tanto los fósiles como la expresión genética
tienen sentido a la luz de la regulación genética. Empezamos a
saber qué es lo que permitió ese salto de nuestros antepasados del
agua a tierra firme, algo que constituye una de las mayores
aventuras de la evolución sobre la faz de la Tierra.
Los experimentos futuros se centrarán en el estudio preciso de cómo
funciona este sistema de regulación de genes, examinando las
diferencias entre las distintas secuencias de diversas especies.
Cambios sutiles en el tiempo y localización de esta expresión
genética pueden producir los cambios dramáticos en la anatomía que
permitieron a los animales explorar tierra firme.
Este resultado nos enseña, unan vez más, que la evolución siempre
trabaja modificando lo que ya hay y que pocas veces hace
innovaciones revolucionarias y que las secuencias genéticas
importantes tienen a conservarse en el tiempo.
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