Las células adiposas de las personas obesas parecen tener limitada la cantidad de grasa que son capaces de almacenar, según se indica en una nueva investigación financiada en parte con fondos comunitarios. Una vez que han alcanzado su límite provocan el inicio de una serie de procesos biológicos que detienen la expansión del tejido adiposo y pueden provocar varios de los problemas asociados con la obesidad, como la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.
l estudio se ha publicado en la revista International Journal
of Obesity y ha recibido apoyo comunitario mediante una beca Marie
Curie y el proyecto HEPADIP («El tejido hepático y adiposo y su
influencia en el síndrome metabólico»), financiado por medio del
área temática «Ciencias de la vida, genómica y biotecnología
aplicadas a la salud» del Sexto Programa Marco (6PM). Los
descubrimientos podrían aclarar por qué algunos obesos desarrollan
diabetes, enfermedad cardiovascular y cáncer y otros no.
«Lo que no conocemos al detalle es la regulación del tejido adiposo
en la gente sana y en qué se diferencia este proceso del que tiene
lugar en personas con problemas de salud como el síndrome
metabólico», explicó el Dr. Jaswinder Sethi del Instituto de
Ciencias del Metabolismo de la Universidad de Cambridge (Reino
Unido).
Algunos científicos piensan que el almacenado del exceso de grasa
no tiene por qué guardar una relación directa con el síndrome
metabólico, sino que existe un límite en la cantidad de grasa que
puede almacenarse con seguridad antes de que el cuerpo responda de
tal manera que se produzcan las distintas complicaciones de la
salud asociadas comúnmente con la obesidad.
La proteína generada por las células adiposas denominada SFRP1
(«proteína 1 secretada relacionada con el receptor frizzled»)
desempeña una función clave en el proceso. Al aumentar el volumen
de las células y tejidos también lo hace la concentración de SFRP1.
Según el equipo, existen indicios de que la SFRP1 favorece la
expansión del tejido adiposo.
No obstante, la concentración de SFRP1 no aumenta indefinidamente,
sino que alcanza su valor máximo cuando el individuo es
medianamente obeso. De hecho, la concentración de SFRP1 desciende
de forma gradual en los obesos mórbidos. Los investigadores
aventuran que la SFRP1 y otras moléculas podrían reaccionar en
función de la disponibilidad de energía y que si existe un exceso
de ésta las moléculas determinarían hasta dónde puede expandirse el
tejido adiposo.
El descenso en la concentración de SFRP1 puede ser la causa de los
problemas metabólicos que sufren las personas obesas. Cabe reseñar
que el tejido adiposo de los obesos con diabetes presenta un
descenso de la concentración de SFRP1.
«La SFRP1 parece guardar una relación estrecha con algún tipo de
punto máximo tras el cual se modifica considerablemente la forma en
la que se regula nuestro tejido adiposo y se producen repercusiones
en el resto del metabolismo», comentó el Dr. Sethi. «Entendemos que
en el caso de personas muy obesas esto puede ser la antesala y el
desencadenante del síndrome metabólico y los problemas crónicos de
salud asociados a él como la diabetes y la enfermedad
cardiovascular.»
El conocimiento de estas rutas metabólicas complejas puede llegar a
contribuir al desarrollo de tratamientos para enfermedades
metabólicas relacionadas con la obesidad. Tal y como indican los
investigadores, la prevalencia de la obesidad va en aumento a pesar
de los intentos por promover cambios en el estilo de vida que
reduzcan las probabilidades de ganar demasiado peso. Estos nuevos
descubrimientos podrían tener «utilidad para el tratamiento de las
complicaciones metabólicas asociadas a la obesidad», concluyen los
autores.
El equipo llegó a estas conclusiones tras realizar
caracterizaciones genéticas en humanos y estudios genéticos en
ratones con el fin de descubrir qué sucede durante el desarrollo de
las células y los tejidos adiposos.
La investigación también contó con fondos del Consejo de
Investigación de la Biotecnología y las Ciencias Biológicas del
Reino Unido (BBSRC) y del Consejo de Investigación Médica del Reino
Unido (MRC). En el estudio participaron además científicos de
España y Finlandia.
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