Ingenieros norteamericanos han creado un nuevo material cristalino que, debido a su porosidad, posee en un solo gramo una superficie de 4.500 metros cuadrados, el equivalente a 30 pistas de tenis. El nuevo material, resultado de la química reticular, tiene la más baja densidad conocida para un material cristalino (0,17 gramos por centímetro cúbico) y puede utilizarse para almacenar hidrógeno, lo que potenciará una nueva fuente de energía. También podría almacenar CO2 y reducir el efecto invernadero. Por Vanessa Marsh de Tendencias Científicas.
n equipo de ingenieros de la
universidad de UCLA (California) y del Center for Reticular
Chemistry del Instituto de Nanosistemas de UCLA ha puesto a punto
un nuevo tipo de material ultraligero con una estructura cristalina
y suficientemente poroso como para almacenar hidrógeno o cualquier
otro gas, como el CO2.
El nuevo material es importante porque el uso del hidrógeno como
fuente de energía constituye una de las alternativas al actual
modelo energético, basado en combustibles fósiles.
El uso del hidrógeno como fuente de energía necesita tecnología de
almacenamiento de este gas de forma eficaz y segura y es en esta
línea que el logro del equipo de la UCLA adquiere toda su
relevancia, ya que el recurso al hidrógeno está hoy mucho más cerca
gracias al nuevo material cristalino y ultraligero, según Futura
Sciences.
La idea que ha desarrollado este equipo, dirigido por Omar Yaghi,
es la de utilizar bloques moleculares compuestos de elementos
ligeros, como el carbono, el oxígeno y el boro, para formar a
voluntad redes cristalinas basadas en bloques de moléculas
orgánicas.
De esta forma, han conseguido redes moleculares que forman un
sólido poroso, análogo a la zeolita, por ejemplo. Las zeolitas son
aluminosilicatos con cavidades de dimensiones moleculares de 3 a 10
angstrom. Contienen iones grandes y moléculas de agua con libertad
de movimiento, para así poder permitir el intercambio iónico.
Las redes sintetizadas por los químicos de la UCLA son conocidas
como COF (Covalent Organic Framework), una especie de estructura
molecular covalente. La estabilidad térmica de estas redes es
importante, así como la superficie asociada, al mismo tiempo que la
densidad obtenida es particularmente baja.
La más baja densidad
El sólido poroso denominado COF 108, resultado directo de esta
investigación, tiene la más baja densidad conocida para un material
cristalino. Un solo gramo de este sólido, debido a su porosidad,
posee una superficie de 4.500 metros cuadrados, el equivalente a 30
pistas de tenis.
Este logro proporciona un sólido impulso a la así llamada química
reticular, que permite crear una gran variedad de materiales,
construidos con diferentes bloques moleculares. De esta forma es
posible variar sus propiedades físicas, al igual que su porosidad,
según aplicaciones.
Debido a su baja densidad, los COFs pueden utilizarse no sólo para
almacenar hidrógeno y contribuir al desarrollo de una nueva fuente
de energía, sino también almacenar gases de efecto invernadero,
como el CO2, y evitar así daños medioambientales.
Según explica al respecto la UCLA en un
comunicado, esta investigación ha servido para demostrar cómo
los principios de diseño de la química reticular (que consiste en
la conexión de bloques básicos de sustancias en estructuras
predeterminadas como si fueran piezas de lego), pueden usarse para
generar entramados orgánicos covalentes de tres dimensiones,
construidos con enlaces covalentes.
Este tipo de enlaces se producen entre dos átomos no metales,
cuando la diferencia de electronegatividad entre ambos no es lo
suficientemente grande como para que se dé una transferencia de
electrones. En esa situación, los átomos comparten uno o más pares
de electrones dando lugar a una molécula.
Estructuras tridimensionales
Las estructuras tridimensionales generadas de esta forma están
integradas por fuertes enlaces covalentes y tienen una gran
estabilidad térmica (entre 400 y 500ºC), áreas de gran superficie
(entre 3.472 y 4.210 metros cuadrados por gramo) y una densidad
extremadamente baja (0,17 gramos por centímetro cúbico), explican
los autores de la investigación en la revista Science.
Según Yaghi, "estos son los primeros materiales creados en los
que los bloques orgánicos que los componen están vinculados por
fuertes enlaces formando un entramado orgánico covalente. La clave
es que la serie de materiales COFs está compuesta por elementos
ligeros, como el boro, el carbono o el oxígeno, que le confieren
estabilidad térmica y una gran funcionalidad".
También baterías
La química reticular es la base de esta línea de investigación, ya
que es la que permite crear materiales que pueden cambiarse casi a
voluntad, así como la generación de nuevas clases de materiales con
multitud de variedades.
Con la química reticular, Yaghi ha desarrollado un proceso que
permite utilizar el arsenal de "bloques de construcción"
orgánicos para formar un gran número de nuevas estructuras COF
cuyos componentes pueden ser diseñados con facilidad para
desempeñar aplicaciones determinadas. Según Yaghi, se trata de
crear moléculas que serían como los ladrillos con los que un
arquitecto construiría un edificio, siguiendo un diseño
determinado.
Antecedente superado
Hace un año, Yaghi, en colaboración con investigadores de la
universidad de Michigan llevaron a cabo otra
investigación con entramados de materiales metálicos y
orgánicos destinados a formar células de combustible de hidrógeno
necesarias para alimentar coches, teléfonos móviles y otros
dispositivos.
Se trata de los MOFs (Metal-Organic Framework), cuyos poros son de
dimensión nanométrica y con una capacidad de almacenamiento de
gases, como el metano o el hidrógeno, suficientemente importante
como para almacenar carburante para los vehículos, baterías para
los teléfonos móviles, ordenadores o cámaras digitales. La compañía
alemana BASF, con sede en España, que tiene la licencia de esta
tecnología, trabaja ahora en la comercialización de los MOFs.
Yaghi y sus colegas piensan sin embargo que los COFs son todavía
más prometedores que los MOFs gracias a su baja densidad.
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