Los estromatolitos son estructuras creadas por seres vivos, pero por un tipo de ser vivo muy simple: cianobacterias. Estas células sin núcleo (procariotas) proliferaron hace miles de millones de años en colonias acumulando sedimentos. A lo largo de los años conseguían crear estructuras minerales que fosilizadas han llegado hasta nuestros días. Si quisiéramos imaginar algo parecido a un arrecife marino cuando todavía no existían las células con núcleo (eucariotas), y mucho menos seres pluricelulares, entonces podemos pensar en los estromatolitos. Se cree incluso que diversas especies podían proliferar en esos ambientes dotándolos de biodiversidad.
Cuando Andersen se sumergió en el lago Untersee se quedó
boquiabierto (metaforicamente) al contemplar estromatolitos de
medio metro de altura de color púrpura que surgía del fondo como si
se tratara de percebes creciendo en un pecio. "Nunca habíamos
visto nada parecido", afirma Andersen.
Las muestras tomadas revelaron que en esas estructuras
principalmente vivían cianobacterias y, dadas las condiciones
extremas de vida, probablemente tardar décadas en construir cada
capa de estos estromatolitos. Cada una de estas estructuras ha
necesitado miles de años para formarse.
Al lado de estos estromatolitos en forma de túmulos crecen unos
bultos en forma de abeto más pequeños que también han sido vistos
en otros lagos antárticos. En el primer caso hay principalmente
bacterias del género Phormidium, mientras que en los
"abetos" proliferan las del género Leptolyngbya.
Esto contrasta con lo visto en otros sitios, en donde los distintos
tapetes microbianos forman estructuras con una gradación de formas,
mientras que en este caso se dan dos formas diferenciadas y
específicas.
Este mismo equipo ha estudiado recientemente los lagos antárticos
Vanda y Joyce en donde no han encontrado estromatolitos de ese
tipo. Las condiciones varían de un lago a otro, haciendo que cada
unos de ellos (dentro de las mismas frías condiciones) sea único.
Así por ejemplo, el lago Vanda tiene una capa de hielo más
transparente que deja pasar más luz. El lago Joyce tiene una capa
más gruesa y limita más la proliferación de organismos
fotosintéticos.
Entender qué hace al lago Untersee diferente de los demás puede
ayudar a los científicos a comprender los límites de la vida, tanto
en el pasado distante como en el presente. Quizás se puedan obtener
más respuesta cuando Andersen y su equipo retornen al lago Untersee
en el próximo noviembre a tomar más muestras. Esperemos que este
tipo de investigaciones no contaminen este ambiente tan
primordial.
De todos modos, ¡qué bonito debe ser bucear en este lago y
"retroceder" de ese modo 3000 millones de años en el
tiempo! A veces la ciencia es realmente una aventura.
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