Hasta hace no tanto se creía que solamente las bacterias podían
tomar genes prestados de otros seres que no fueran los
progenitores, en este caso de otras bacterias. La única forma en la
que se se creía se daba la variación genética para seres eucariotas
era a través de mutaciones y la reproducción sexual. Hasta hace muy
poco no se conocía transferencia horizontal de genes que pudiera
cambiar la evolución de seres multicelulares como los mamíferos. La
teoría tradicional dice que los mamíferos obtienen sus genes
verticalmente, de padres a hijos. Bajo esta visión las especies
aparecen, evolucionan y se extinguen, permaneciendo genéticamente
aisladas unas de otras.
El primer caso trata del descubrimiento de pulgones capaces de
sintetizar caroteno. El caroteno y sus variaciones son los
pigmentos naranjas, amarillos o rojos presentes en vegetales rojos
y anaranjados, como las zanahorias. Los animales, como los humanos,
no pueden sintetizar esta sustancia, sino que la adquirimos de los
vegetales. El caroteno es un importante antioxidante necesario para
la visión, la piel, el crecimiento óseo y otras funciones
fisiológicas. La vitamina A, por ejemplo, se obtiene a partir de
beta-caroteno, el pigmento naranja de las zanahorias.
Lo fascinante de una especie de pulgón del guisante, o
Acyrthosiphon pisum, es que es capaz de sintetizar su
propio caroteno, algo único en el reino animal, no se conoce ningún
otro animal que lo haga. De este modo, no necesita tomarlos de las
plantas, sino que lo sintetiza él mismo.
Según Nancy Moran, líder del estudio que demuestra este hallazgo,
una vez que empiezas a ser consciente de lo extendidos que están
los carotenoides, te das cuenta que están por todas partes. Así, el
color de las yemas de los huevos, del salmón, de los langostinos,
de los flamencos, los tomates, las zanahorias o las amapolas
depende de algún tipo de carotenoide. .
El equipo de Universidad Arizona ha sido capaz de estudiar cómo
este tipo de pulgón adquirió esta habilidad de sintetizar su propio
caroteno. Trabajo que se ha podido realizar gracias a la reciente
secuenciación del genoma de este insecto.
Según estos investigadores un gen procedente de un hongo pasó a
formar parte del genoma del pulgón y empezó a expresarse. Es la
primera vez que se encuentra un gen de hongo funcional en el ADN de
un animal.
Los animales necesitan muchos requerimientos en la dieta que
reflejan una ancestral pérdida de genes. Por esta razón necesitamos
tantas vitaminas o aminoácidos en la dieta, porque no somos capaces
de sintetizarlos por nosotros mismos. Hasta ahora se creía que era
imposible recuperar estos genes perdidos, pero este ejemplo de los
pulgones muestra que, efectivamente, si es posible recuperar la
capacidad de sintetizar ciertos compuestos a través de la
transferencia horizontal de genes.
Posiblemente sea sólo un caso raro, pero en estudios genéticos
anteriores ya pasó que un caso inicial aislado a terminado siendo
parte de un fenómeno más extendido.
Acyrthosiphon pisum puede ser verde o rojo. Los pulgones
son clones, pues una madre produce descendencia que es
genéticamente idéntica a ella. Así que cuando en el laboratorio de
estos investigadores una variedad roja de estos pulgones empezó a
tener descendencia amarilla o verde se supo que se debía a alguna
mutación. La variedad amarilla apareció en 2007 y se ha mantenido
como una especie de mascota en el laboratorio desde entonces a la
espera de saber cómo sucedió la mutación.
Los pulgones tienen bacterias simbióticas viviendo en el interior
de células especializadas. Bacterias que están implicadas en
mecanismos cruciales de la nutrición y que pasan de la madre a las
crías. Si las bacterias mueren los pulgones mueren.
Moran sabía que las bacterias simbióticas que viven en estos
pulgones no producían carotenoides. Además estaba segura que no
obtenían los carotenos de su dieta. Los pulgones se alimentan de la
savia de las plantas y esta sabia es pobre en carotenos. Encima los
carotenoides de estos pulgones eran diferentes de los que
usualmente hay en las plantas.
Cuando en 2009 se completó la secuenciación del genoma de este
pulgón y se hizo disponible a los investigadores, Moran decidió
buscar los genes de estos carotenoides, tarea que era relativamente
fácil. Además la variedad roja secuenciada presentaba dos copias
del gen, lo que hacía aún más fácil esta búsqueda. Lo siguiente era
saber si estos genes procedían de alguna bacteria desconocida
simbiótica o si era producto de la contaminación.
La eliminación de bacterias simbiótica no alteró la capacidad de
síntesis de estos compuestos, por lo que quedaba descartado que el
origen del color rojo de estos animales fuera bacteriano.
El estudio de los linajes de pulgones verdes, amarillos y verdes
mostró además que el color seguía las leyes mendelianas, lo que
indicaba que los genes responsables estaban integrados en el genoma
del pulgón. El patrón de herencia de estos colores sugería además
que ambos colores estaban presentes en la Naturaleza, porque los
pulgones verdes son más susceptibles a ser parasitados por las
avispas y los rojos a ser comidos por los escarabajos.
La pieza final del rompecabezas era saber cómo adquirieron estos
genes. El análisis de los genes responsables desveló que su
secuencia difería de los carotenoides bacterianos y encajaba con
los de origen fúngico. Moran especula que la larga asociación entre
pulgones y hongos patógenos habría facilitado esta transferencia de
genes.
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El segundo estudio proviene de la Universidad de Texas y desvela que ha habido transferencia horizontal de ADN entre invertebrados parásitos y sus víctimas vertebradas.
Cédric Feschotte, Clément Gilbert y Sarah Schaack han encontrado
concretamente pruebas de transferencia de transposones procedentes
de un insecto chupador de sangre sudamericano y en un caracol de
charca.
Un transposón es un fragmento de ADN que puede replicarse así mismo
y moverse a lo largo de diferentes posiciones del genoma. Los
transposones producen mutaciones, cambios en la cantidad de ADN
total de la célula e influyen dramáticamente en la estructura y
función del genoma en donde residen.
Según Feschotte, como estos insectos atacan frecuentemente al ser
humano, es concebible que tanto humanos como estos invertebrados
hayan intercambiado ADN a través del mecanismo recientemente
descubierto. Pero el descubrimiento de transferencia de este tipo
de ADN a humanos requeriría examinar gente que haya estado expuesta
a estos insectos durante miles de años, como los nativos de
Sudamérica.
Los datos procedentes de estos insectos y caracoles proporcionan
una prueba del papel parásito-huésped, previamente considerado una
hipótesis, a la hora de facilitar la transferencia horizontal de
genes.
Adicionalmente la gran cantidad de ADN generada por transferencia
horizontal de transposones apoya la idea que del intercambio de
material genético entre el parásito y el huésped influye en la
evolución del genoma.
El insecto chupador de sangre (Rhodnius prolixus), produce
la enfermedad de Chagas al inyectar una clase de tripanosomas (un
protozoo) a la víctima. Los investigadores descubrieron que el
insecto y sus víctimas, en este caso la ardilla mono y la
zarigüeya, compartían transposones que eran idénticos en un
98%.
Además identificaron transposones en el genoma de Lymnaea
stagnalis, un caracol de charca, que hace de huésped
intermedio entre un gusano trematodo (un parásito) y una gran
cantidad de mamíferos.
Hace millones de años los transposones saltaron a varias especies
de mamíferos integrándose a sí mismos en los cromosomas germinales,
asegurándose de este modo que pasarían de una generación a otra.
Por tanto, parte del ADN de esos mamíferos no desciende del
antepasado común, sino que se adquirió por transferencia horizontal
de otras especies.
Cuando se trata de entender lo que ocurrió a la lo largo de miles o
millones de años no es posible hacerlo mediante su replicado en un
laboratorio. Así que estos investigadores usaron un programa
computacional diseñado para comparar la distribución de elementos
genéticos móviles en los 102 animales cuyo genoma ya ha sido
secuenciado.
Cuando el genoma humano fue secuenciado hace una década los
investigadores encontraron que cerca de la mitad del genoma humano
es un derivado de transposones, así que este nuevo resultado tiene
importante ramificaciones para así entender la genética humana y de
otros mamíferos.
En todo caso, estos descubrimientos ilustran la compleja red de
relaciones entre los distintos organismos y sus genomas a lo largo
del tiempo y que la diferencia de los diferentes genomas,
organismos y linajes es menor de lo que pensábamos.
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