Después de miles de millones de años de evolución cósmica el Universo puede por fin contemplarse y pensarse a sí mismo. Se necesitaron cientos de millones de años de evolución biológica sobre este planeta para que la inteligencia avanzada apareciera, pero para ello se necesitaron muchos pasos, cambios que, poco a poco, posibilitaron que usted, estimado lector, pueda ahora, por ejemplo, comprender lo que hay aquí escrito.
Gracias a estas reconstrucciones, los investigadores pudieron
observar que la cavidad nasal y las partes relacionadas con el
sentido del olfato aumentaron en los pre-mamíferos. Esto se dio
junto a una ampliación de las áreas cerebrales relacionadas con
este sentido y que normalmente procesan la información olfativa.
Ambas características indican una mejora del sentido del olfato en
estos animales.
El análisis también estudió la influencia del pelo corporal en el
desarrollo del tamaño del cerebro. Los autores especulan que el
pelo de los primeros mamíferos desarrolló rápidamente una
sensibilidad táctil y una mejora en la coordinación motora.
En lugar de usar el vello como aislamiento térmico, los pelos
sirvieron inicialmente como pequeños "controladores de
tráfico" y permitieron a estos animales circular con seguridad
a través de las grietas y evitar daños en la oscuridad. Este
sentido del tacto finalmente dio lugar a la formación de campos
sensoriales intrincados en el neocórtex de los mamíferos. Como el
neocórtex está implicado en tareas de percepción sensorial y en la
generación de las órdenes motoras, una mejora de sus funciones
probablemente dio lugar a un ajuste de las tareas motoras y
coordinación neuromuscular en los primero mamíferos.
Se cree que la necesidad de desarrollar estos sentidos
probablemente vino de los hábitos nocturnos de estos animales. En
la noche buscaban insectos de los que alimentarse y evitaban a los
dinosaurios, que tenían hábitos diurnos.
En ambos tipos de fósiles, el cerebelo (región responsable de la
integración sensorial-motora) creció tanto que empezó a plegarse
sobre sí mismo. Este aumento en tamaño apoya la idea de que los
primeros mamíferos desarrollaron una avanzada coordinación
neuromuscular.
Al comparar los cráneos de estos animales con ejemplares de otros
grupos, como los primitivos reptiles cinodontos (suborden de los
terápsidos), los investigadores descubrieron que los cerebros de
Morganucodon y Hadrocodium eran mucho más grandes
que los cerebros de los precursores de los mamíferos.
Teniendo todo esto en cuenta, se podría decir que la habilidad de
explotar la información olfativa del mundo que les rodeaba hizo a
los primeros mamíferos extraordinariamente diferentes de otros
animales, incluso de sus parientes evolutivos más próximos. Los
patrones de organización cerebral en los mamíferos ya estaban en
los estadios tempranos de la evolución de los proto-mamíferos.
Recordemos que los mamíferos tienen unas 10 veces más genes
relacionados con el sentido del olfato que otros vertebrados,
aunque en el ser humano muchos de ellos, relacionados con
receptores de olor específicos, no sean funcionales.
Estos investigadores planean ahora explorar la posterior
diversificación en el cerebro y sistemas sensoriales de los
mamíferos según éstos evolucionaron.
Resumidamente, se podría decir que Morganucodon tenía un
cerebro un 50% más grande que el de los cinodontos y al poco tiempo
después el cerebro de los Hadrocodium se expandió otro
50%. Hace 65 millones años, después de la extinción de los
dinosaurios, evolucionaron los modernos mamíferos y el cerebro se
expandió para el control neuromuscular y la integración de los
diferentes sentidos.
Una vez el cerebro de los mamíferos se hizo más grande y complejo
fue permitiendo el uso de nuevos recursos, como la visión en color,
la ecolocación de los cetáceos o incluso la habilidad de sentir el
campo eléctrico del ornitorrinco. En los primates la evolución
modificó lo que ya había en los cerebros y los expandió aún más.
Finalmente esto dio lugar a los seres humanos.
Todos nuestros pensamientos, obras literarias, sentimientos o
descubrimientos científicos pudieron darse gracias a la evolución
de esos animales de los que ahora sólo nos quedan sus fósiles,
cuando la necesidad de procesar la información olfativa expandió
sus cerebros. Los mamíferos no consiguieron grandes cerebros para
pensar, sino por necesidades más básicas y urgentes. Todos esos
resultados intelectuales mencionados antes son sólo un subproducto
de ello. Sin duda, es algo sobre lo que se puede meditar.
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