Un equipo de científicos estadounidenses ha comprobado que las capas más altas de la atmósfera están perdiendo densidad como consecuencia del efecto invernadero, lo que está afectando a los satélites de órbita baja. Un modelo informático de predicción de los cambios sufridos por esta capa atmosférica en su densidad, como consecuencia tanto de la contaminación humana como de la actividad solar, permite determinar el efecto que el deterioro de la termosfera tiene sobre las órbitas de los satélites y definir la cantidad necesaria de combustible que deben transportar, así como el momento más adecuado de sus lanzamientos. La misma investigación da una segunda voz de alarma: la reducción de la densidad de la termosfera genera una inmensa cantidad de basura espacial porque los objetos celestes artificiales no son atraídos a la Tierra y quedn flotando indefinidamente en el espacio. Por Marta Morales de Tendencias Científicas.
as emisiones de dióxido de carbono
procedentes de la combustión de combustibles fósiles producirán una
reducción del 3% en la densidad de la capa más alta de la atmósfera
o termosfera de aquí a 2017, señala un equipo de científicos del
National Center for Atmospheric Research (NCAR) en Colorado y de la
Pennsylvania State University en un comunicado del NCAR.
Esta investigación, cuyos resultados han sido publicados por la
revista Geophysical Research Letters, revela que el cambio
climático se está manifestando en todas las capas atmosféricas,
señala uno de los autores del estudio, el científico del NCAR Stan
Solomon.
Observaciones recientes realizadas por estos científicos de rastreo
de las órbitas de los satélites han demostrado que la densidad de
la termosfera, situada a 100 kilómetros sobre la Tierra, se está
reduciendo. Estos cálculos confirman una predicción realizada por
el NCAR en 1989 que señalaba que la termosfera se enfriaría y
contraería como consecuencia del aumento de los niveles de dióxido
de carbono en la atmósfera.
Una baja densidad en la termosfera reduce la atracción que ejerce
sobre los satélites de órbita baja, provocando que éstos
permanezcan más tiempo en el espacio. Las predicciones sobre los
niveles de la densidad del aire en esta capa atmosférica permitirán
a la NASA y otras agencias planear las necesidades de combustible y
los tiempos de lanzamiento de los satélites de manera más precisa,
ahorrando potencialmente millones de dólares.
El presente estudio es el primero que analiza si el cambio
observado en la densidad de la termosfera aumentará en la próxima
década. Stan Solomon y sus colaboradores han medido con precisión
las trayectorias de una serie de satélites privados, militares y de
la NASA con el fin de conocer a fondo el efecto de los gases
invernadero sobre ellas.
Enfriamiento por contaminación
El dióxido de carbono enfría la termosfera, incluso a pesar de que
caliente la troposfera, capa de la atmósfera cercana a la
superficie terrestre. Esta paradoja sucede porque la atmósfera se
hace más fina con la altura.
Por debajo de los 100 kilómetros de altitud, en la llamada
mesosfera (capa de la atmósfera situada entre la termosfera y la
troposfera), el aumento de los gases de efecto invernadero potencia
la absorción de rayos infrarrojos, provocando el aumento de la
temperatura del aire. En cambio, en la termosfera, el aumento de la
cantidad de gas carbónico produce el efecto contrario: disminuye la
temperatura y la densidad del aire.
Cerca de la superficie terrestre, el dióxido de carbono absorbe las
radiaciones procedentes de la Tierra, pero antes de que las
moléculas gaseosas irradien esta energía al espacio, las frecuentes
colisiones con otras moléculas de la densa atmósfera inferior hacen
que el CO2 libere esta energía en forma de calor, lo que aumenta la
temperatura del aire.
En la termosfera, mucho más fina que la troposfera, una molécula de
dióxido de carbono absorbe energía cuando choca con una molécula de
oxígeno, pero hay tiempo suficiente para irradiar dicha energía al
espacio antes de que ocurra otra colisión.
El resultado es un enfriamiento. Según se enfría, la termosfera se
estabiliza, y su densidad se reduce.
El efecto solar
La termosfera también se está viendo afectada por un ciclo de 11
años de actividad solar. Durante la fase activa de este ciclo, la
luz ultravioleta y las partículas energéticas procedentes del sol
aumentan, produciendo un calentamiento y una expansión en las capas
más altas de la atmósfera. Cuando la actividad solar se reduce, la
termosfera se estabiliza y se enfría.
Con el fin de analizar los ciclos solares recientes para prever el
futuro, el equipo del NCAR y de la universidad de Pennsylvania,
usaron un modelo informático de la termosfera que incorpora tanto
los ciclos solares como el incremento gradual de dióxido de carbono
atmosférico derivado de las actividades humanas.
El equipo también utilizó una predicción para el próximo ciclo
solar, publicada por el científico del NCAR Mausumi Dikpati y sus
colegas, que señalaba que habrá un ciclo solar más fuerte de lo
normal en la próxima década. Los resultados señalaron que la
reducción de la densidad en la termosfera sería de tres a cuatro
veces más rápida durante la actividad solar mínima que durante la
máxima.
Consecuencias para los satélites
Muchos satélites, incluido el de la Estación Espacial Internacional
y el telescopio espacial Hubble, siguen una órbita baja alrededor
de la Tierra, de unos 480 kilómetros de altura. Con el tiempo, las
capas altas de la atmósfera atraen a los satélites más cerca de la
Tierra. La fuerza de dicha atracción depende de la densidad de la
termosfera, por lo que es necesario conocer con mayor precisión los
cambios que se producen en su interior.
Si la densidad de la termosfera se reduce, se puede ver modificado
el tiempo de vida de los satélites. Al no ser atraídos con tanta
fuerza hacia las capas más bajas de la atmósfera por la falta de
densidad en la termosfera, podría ser que alrededor del planeta
orbitara durante mucho más tiempo mayor cantidad de la llamada
"chatarra espacial": satélites obsoletos, globos
sonda…
En 45 años, alrededor de 7.500 objetos mayores que una naranja
podrían girar alrededor de nuestro planeta a una velocidad de unos
28.000 kilómetros por hora. Desde los inicios de la era espacial se
sabía de estos cambios en la densidad de la termosfera, ahora se
pueden además definir utilizando los modelos NCAR.
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La atmosfera no "atrae". Sencillamente frena por rozamiento.
lola como estas
me parece siceramente q somos nsotros los que nos estamos cargando el planeta con la cntamina cion y eso es lo q mas me preokpa q no lo sbemos cntrolar bien
bkn