Hay fósiles que no están hechos de los restos de cuerpo de un animal o del hueco que dejó ese cuerpo en los sedimentos. Pero, a veces, un fósil está constituido por las huellas que algún animal dejó en el pasado mientras andaba.
Hace 505 millones de años una artrópodo anduvo sobre los sedimentos del fondo de un primitivo mar tropical. Sobre el blando suelo dejo las marcas con sus múltiples patas que fosilizadas nos han llegado a nuestros días y, gracias a las fuerzas tectónicas, llegaron a los 2300 metros sobre el nivel de mar, en lo que hoy es el frío Canadá. Estas marcas nos hablan no solamente del animal que las produjo, sino que además pueden tener cierto impacto sobre la comprensión que tenemos de ese remoto ecosistema.
Además de icnitas puede haber pruebas fósiles de otro tipo de
actividades, como huellas de mordiscos, escarbaduras o cropolitos
(heces fosilizadas). A veces no se sabe qué animal produjo estos
restos fósiles de actividades. Pero en este caso de las icnitas
cámbricas se contó con una ventaja: el número de patas. En total 33
pares de patas, así que estas huellas probablemente corresponden a
Tegopelte gigas, un artrópodo de unos 30 cm de longitud.
En esa época no había otros animales de ese tamaño con ese número
de patas. Tegopelte gigas tenía un caparazón blando y
carecía de segmentos, está levemente emparentado con los cangrejos
de herradura y los milpiés y que pertenece al mismo grupo que los
trilobites.
El análisis de estas huellas ha permitido a los investigadores
averiguar cómo caminaba este animal. Tegopelte era capaz
de moverse rápidamente por el fondo del mar mientras sus patas
tocaban el sedimento sólo brevemente. Éstas formaban una onda u
oscilación que se desplazaba a lo largo de su cuerpo y que le
permitía andar (ver animación). Estos restos fósiles también
indican que era capaz de hacer giros bruscos.
El estudio apoya la idea de que este animal era un carnívoro activo
en la cumbre de la pirámide alimenticia. Este tipo de actividad
tuvo que tener un gran impacto sobre las comunidades marinas
durante la explosión del Cámbrico y tuvo que provocar una carrera
de armamentos entre cazadores y sus presas, lo que, probablemente y
en última instancia, dio lugar a la gran diversidad de vida animal
que llamamos explosión del Cámbrico.
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