Varios grupos de investigadores estudian las posibilidades del butanol como combustible de origen biológico. Recordemos primero que el butanol es un hidrocarburo consistente en una cadena de cuatro átomos de carbono con una radial OH y el resto de las valencias cubiertas con átomos de hidrógeno. Este alcohol se puede usar como combustible tanto en motores de ciclo Otto como motores ciclo Diesel actuales sin muchas modificaciones.
El primero de los resultados que vamos a relatara aquí procede
de la Universidad de Arkansas, en donde se ha desarrollado un
método para convertir algas comunes en esta butanol.
Según Jamie Hestekin, líder del proyecto, el sistema de conversión
que han desarrollado es eficiente y económico. Además la salud de
ríos y lagos se beneficiaría indirectamente, por lo que sería más
ecológico que otros biocombustibles.
Este grupo de investigadores hace crecer algas sobre unos
contenedores alargados que se asemejan a abrevaderos que pueden
estar hechos de casi cualquier material y por los cuales corre
agua. Las algas sobreviven a base de nitrógeno, fósforo, dióxido de
carbono y luz solar. Estos nutrientes proceden de las aguas de
ricas en nitrógeno y fósforo (presumiblemente procedentes de las
actividades agrícolas y por tanto son contaminantes en este
contexto) de ríos o arroyos a las que aumentan su contenido de
dióxido de carbono. La implantación a gran escala de este sistema
tendría como beneficio colateral la limpieza de aguas y así se
evitaría la eutrofización de las mismas y la existencia de las
llamadas zonas muertas, regiones acuáticas en donde ya no queda ni
oxígeno que permita la vida.
A los 5 u 8 días de empezar un ciclo los investigadores aspiran o
rascan las superficies en donde han crecido las algas y recogen el
producto obtenido. Este producto lo ponen a secar y lo muelen hasta
obtener un polvo fino para así extraer los hidratos de carbono del
interior de las células del alga. Estos carbohidratos están
compuestos por azúcares y almidones. Al almidón se le trata con
ácidos y calor para descomponerlo en azúcares simples.
A partir de los azúcares y usando un proceso de
"fermentación" en dos pasos estos investigadores logran
su objetivo. En el primer paso obtienen ácidos orgánicos de
diversos tipos, como láctico, acético o butílico. En el segundo
paso se centran en el ácido butírico y lo convierten en
butanol.
Para separar el ácido butírico del resto usan un proceso denominado
electrodeionización. Esta técnica, desarrollada por estos mismos
investigadores, consiste en el uso de una membrana especial que
separa rápida y eficientemente los ácidos gracias a una corriente
eléctrica. Esta parte es clave para aislar el ácido butírico y que
todo el proceso sea fácil y barato.
La ventaja de este sistema es que no hay demanda de algas en la
industria alimenticia, a diferencia del maíz y otros cultivos.
Además, con este sistema se pueden cultivar algas en casi cualquier
lugar, no se requieren tractores o maquinaria pesada ni se ocupan
tierras de cultivo.
El segundo resultado proviene de la Universidad de Berkeley en
donde se ha utilizado bacterias E. coli modificadas genéticamente
para producir butanol.
Hasta ahora se había conseguido producir directamente butanol
usando la bacteria Clostridium. Michelle Chang ha
trasplantado los genes necesarios de Clostridium a E.
coli para producir butanol de una manera mucho más eficiente.
Estas bacterias modificadas producen 10 veces más butanol que otros
microorganismos modificados, lo que les haría estar cerca del nivel
necesario para la producción a gran escala y que el combustible
obtenido tenga un precio competitivo.
Se ha propuesto a varias especies de Clostridium que
producen butanol de manera natural como fuente de este sustituto de
la gasolina. Algunos grupos de investigadores han intentado
modificar estas bacterias para aumentar su producción de butanol y
otros han tratado de trasplantar esta habilidad en otros
microorganismos como las levaduras, ya que éstas son fáciles de
cultivar a escala industrial. El otro microorganismo industrial
propuesto es E. coli.
Clostridium usa un sistema de cinco enzimas para convertir
moléculas comunes de acetil-coenzimaA en butanol. Los intentos
previos de trasplantar este sistema completo a otros
microorganismos no eran exitosos debido a que el butanol recién
producido era reconvertido a sus precursores por enzimas nativas.
Hasta ahora sólo se había conseguido una producción de medio gramo
de butanol por litro, que está muy lejos de lo que se considera
rentable.
Chang y sus colaboradores introdujeron el camino enzimatico de
Clostridium en E. coli, pero reemplazaron dos
enzimas nativas por otras de otros organismos cuya conversión de
butanol a precursores fuera muy lenta para así evitar el problema.
Esas "enzimas lentas" las encontraron en Treponema
denticola y Ralstonia eutrophus. Así que las E.
coli modificadas contienen genes de tres microorganismos
además de los propios.
Con esto han conseguido un rendimiento de cinco gramos de butanol
por litro, lo mismo que Clostridium nativo y un tercio del
Clostridium manipulado genéticamente, pero 10 veces lo
producido por otros microorganismos industriales.
Chang cree que el proceso podrá ser mejorado y que finalmente se
pueda hacer una producción industrial con este sistema. Se muestra
optimista al respecto y espera multiplicar la producción por dos o
tres. También desea experimentar con levaduras usando estas mismas
ideas.
Según Chang, si pudiéramos hacer que microorganismos modificados
genéticamente pudieran convertir casi toda la materia orgánica que
se les dé como comida en biocombustible se conseguiría un sistema
de transporte con menos emisiones netas de dióxido de carbono,
menos contaminante y en suma más ecológico.
Lo que Chang no menciona es cómo obtener la materia orgánica prima,
porque E. coli no es fotosintética.
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