Los científicos empezaron con la pregunta de si una versión artificial del electrocito (la clase de célula generadora de energía en las anguilas eléctricas) podría diseñarse como una posible fuente de energía. La anguila eléctrica es muy eficaz en la generación de electricidad. Puede generar más que muchos dispositivos eléctricos de elaborado diseño
lgún tiempo atrás, Jian Xu confeccionó el primer plano que
muestra cómo los diferentes canales iónicos del electrocito operan
en conjunto para producir la electricidad del pez.
Pero Xu y su colega David LaVan (ahora en el Instituto Nacional de
Estándares y Tecnología) no se detuvieron allí. Pasaron a
preguntarse si sabían lo suficiente para intentar construir este
componente diseñado por la Naturaleza. Nadie lo había hecho
antes.
Usando el nuevo plano de construcción como guía, LaVan y Xu se
pusieron a diseñar una célula artificial que pudiera reproducir la
generación de energía del electrocito. "Quisimos ver si la
naturaleza ya había optimizado la potencia de salida y la
eficiencia de conversión de energía de esta célula", explica
Xu. "Y encontramos que una célula artificial realmente puede
superar los resultados de las células naturales, lo cual resulta
muy sorprendente".
La célula artificial que diseñaron LaVan y Xu es capaz de producir
un 28 por ciento más de electricidad que el propio electrocito de
la anguila, y además su eficiencia convirtiendo energía química de
la célula en electricidad es un 31 por ciento mayor.
Aunque las anguilas usan miles de electrocitos para producir cargas
de hasta 600 voltios, LaVan y Xu demuestran que sería posible crear
biobaterías más pequeñas utilizando tan sólo varias docenas de
células artificiales. Las diminutas biobaterías sólo necesitarían
alrededor de medio centímetro de espesor para producir los pequeños
voltajes necesarios para energizar dispositivos eléctricos
diminutos como los implantes retinales u otros implantes médicos, y
proporcionarían una gran ventaja sobre los dispositivos alimentados
por baterías convencionales. Si las biobaterías se rompen, no hay
ninguna toxina liberada en el organismo del paciente. Serían
esencialmente como cualquier otra célula del cuerpo humano.
Aunque los ingenieros cuentan ya con un diseño preliminar, todavía
pasará algún tiempo antes de que se construyan las células
artificiales, ya que primero se deben resolver varios retos
tecnológicos.
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