Afirman que la constante de estructura fina varia en el
tiempo y en el espacio. Las medidas de cuásares lejanos apoya la
idea de que el Universo primitivo presentaría un comportamiento
dipolar respecto a esta constante.
a constante de estructura fina se llama así porque nos proporciona la estructura fina (el detalle) de los espectros atómicos. Se representa por el símbolo α y caracteriza la interacción electromagnética, la fuerza con que los electrones interaccionan electromagnéticamente con el núcleo atómico.
Lo más fascinante de esta constante de la Naturaleza es que es
adimensional, es decir, no tiene unidades y por tanto tiene el
mismo valor numérico independientemente del sistema de unidades
empleado, midamos en metros o en millas. Una forma precisa de
medirla en el laboratorios es gracias al efecto Hall cuántico.
Según datos de 2002 su valor es concretamente:
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Desde hace unos años se viene especulando sobre la posibilidad de que las constantes de la Física no fueran constantes y que éstas pueden cambiar en el tiempo, sobre todo al comienzo del Universo, cuando las condiciones eran extremas. Este tipo de especulaciones surgen de la necesidad de explicar o resolver ciertos problemas cosmológicos. Obviamente de cara a la Física cercana de todos los días no tendría ningún efecto. No obstante, ha habido algunos resultados experimentales al límite de la precisión actual que sugieren que quizás el valor de ciertas constantes fue distinto en el pasado.
Entre las constantes acusadas de inconstantes estaría precisamente
la constante de estructura fina. Como la distribución de líneas
espectrales depende de esta constante es relativamente fácil
comprobar si en el pasado tuvo otro valor. Basta con obtener
espectros de cuásares muy lejanos, que se nos aparecen tal y como
eran cuando el Universo tenía una fracción de la edad actual.
Recordemos, una vez más, que cuando más lejos miramos en el Cosmos
más nos remontamos en el tiempo.
Por tanto, si la constante de estructura fina fue diferente en el
pasado se tiene que apreciar en los espectros de estos cuásares
lejanos.
A lo largo de estos últimos diez años se han podido medir espectros
de ese tipo de objetos con el telescopio Keck situado en Hawaii y
se ha podido comprobar este punto (según los que proponen esta
idea). Según estos datos parece ser que la constante de estructura
tenía un valor más pequeño en el pasado, pero dicha variación
respecto al valor actual es muy pequeña. Aunque, debido a los
márgenes de este tipo de medidas y a la falta de corroboración, no
todo el mundo en la comunidad científica esta convencido de este
resultado.
Ahora se añade algo todavía más misterioso a esta variación de α.
Según John Webb de University of South Wales, uno de los líderes
que defiende esta línea de investigación, no solamente se ha
producido tal variación de α, sino que ésta no es isotrópica en el
espacio. Ciertas regiones del cielo parecen contener objetos cuya
luz se emitió con distinto valor de α que otros objetos de otras
regiones a la misma distancia. También hay datos en este nuevo
estudio sobre la variación de α respecto al corrimiento al rojo
(que nos mide distancia y tiempo transcurrido desde que se emitió
la luz), algo que era de esperar si el efecto es real. Para llegar
a esta conclusión John Webb se ha basado en datos procedentes de
cuásares lejanos tomados con el telescopio VLT que la ESO tiene
instalado en Chile.
La variación en este caso sería de signo opuesto a la medida con
anterioridad. En el pasado y en la región estudiada por el VLT, a
diferencia de los datos de Keck, la constante de estructura tenía
un valor mayor que el actual. Recordemos que a diferencia de Keck,
que puede observar principalmente el hemisferio Norte, con VLT se
observa el hemisferio Sur. Por tanto, α tuvo un valor distinto en
el pasado dependiendo de la región del Cosmos.
Este resultado es realmente desconcertante e inesperado (si es que
es cierto), pero proporcionaría soluciones a cierto problema
planteado desde hace tiempo. Parece que ciertas constantes físicas
están sintonizadas para que sea posible la vida. Si se produce una
variación mínima de estas constantes la vida no se puede dar. La
solución del principio antrópico, además de no solucionar realmente
nada, no es del gusto de todos los investigadores para explicar
este hecho. Pero si las constantes varían espacial y temporalmente
pueden darse regiones del Cosmos en las que la vida, tal y como la
conocemos, se puede dar. Fuera de estas "zonas
habitables" la vida no sería posible.
En todo caso este resultado será difícil de tragar por el resto de
la comunidad científica. Afirmaciones sorprendentes necesitan de
pruebas irrefutables y en Astrofísica se trabaja normalmente con
barras de error muy grandes. De momento parece que los datos son
significativos con un valor de 4,1 sigma.
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