La atmósfera terrestre es muy frágil y susceptible a la contaminación y las emisiones humanas. Una guerra nuclear (incluso a pequeña escala), el impacto de un meteorito o un gran fenómeno volcánico pueden cambiar sus características y el clima terrestre. Es una capa increíblemente fina de aire. A 100 km casi ha desaparecido totalmente, así que el espacio exterior estaría a una hora de automóvil si éstos pudieran subir hacia arriba. Incluso a 30.000 metros de altura el cielo ya es negro, como demuestran ahora tantos aficionados con sus globos sondas.
Los animales necesitan del oxígeno del aire para respirar. Se cree
que durante el Carbonífero la cantidad de oxígeno atmosférico era
mayor y su presión parcial superior. Esto habría permitido la
aparición de insectos gigantes debido a que su respiración traqueal
limita su tamaño. Esto nos dice que cambios en la presión parcial
de oxígeno produce cambios biológicos e incluso evolutivos. ¿Se dan
ese tipo de cambios evolutivos ahora? Vamos a ver que sí y que
además afecta a la especie humana.
La presión parcial de oxígeno puede variar de ese 21%, sobre todo
para altas presiones, pero para bajas presiones se mantiene cerca
de ese 21%. Según subamos en altura la presión parcial de oxígeno
también disminuirá. A 3000 metros esa presión parcial de unos 14000
Pa, a 5000 m unos 14000 Pa, a 7000 m unos 8000 Pa. Es decir, que a
7000 metros tenemos sólo un 43% del oxígeno que tenemos a nivel del
mar.
Si alguien que vive a nivel del mar sube hasta los 3000 m
rápidamente probablemente experimentará el mal de altura por la
falta de oxígeno. Entre los síntomas están: dolor de cabeza
insomnio, vértigo, pérdida de apetito, nauseas, etc. Si sube mucho
más puede llegar a adquirir el edema pulmonar de altura. Así por
ejemplo, los alpinistas que suben a los Andes suelen tener más
incidencia del mal de altura que los que suben al Himalaya porque
las carreteras les llevan más rápidamente a gran altura. Pero hay
que tener en cuenta que se puede fallecer por culpa del mal de
altura.
Para impedir estos efectos de la altura hay que hacer una subida
lenta. Con esto damos tiempo al organismo a adaptarse y
aclimatarse. En un principio responderá solamente con
hiperventilación y taquicardia, así que hay impedir los esfuerzos
físicos. Sin los mecanismos de adaptación sólo podríamos alcanzar
alturas de 5.000 metros.
La aclimatación nos permite mejorar nuestra resistencia a la
altura. Durante la aclimatación el organismo consigue aumentar de
la ventilación pulmonar y la hemoglobina en sangre, así como la
producción de eritrocitos. Mejora del sistema de transporte de
oxígeno y también se eleva la capacidad difusora de los pulmones y
aumenta de la capacidad de las células para utilizar oxígeno. Más
tarde incluso se incrementa la riqueza vascular de los tejidos.
La frecuencia y profundidad de la respiración tiene una importancia
aproximada en este proceso de adaptación y aclimatación de un 60%.
El aumento en la producción de glóbulos rojos es responsable de un
20% y la mejor utilización del oxígeno por las células daría cuanta
de un 20% .
Gracias a estos mecanismos los alpinitas pueden subir a altura de
7000 metros o más, pero sólo unos pocos pueden subir a más de 8000
metros. Por encima de esta altura es una zona de muerte segura y no
se puede permanecer mucho tiempo allí, ni siquiera el mejor
alpinista sherpa.
Cuentan que cuando Edmund Hillary subió la Everest fue precedido
por su compañero, el sherpa Tenzing Norgay. Esto no es casual. Si
un individuo se adapta a la altura, una comunidad de individuos que
siempre viva a gran altura evolucionará para mejorar esa adaptación
a la altura. Esto les ha sucedido a los sherpas y a otras culturas
que viven en valles de montaña a gran altura.
Toda esta introducción viene a cuento de un estudio reciente que
sostiene que algunas de estas comunidades ha coevolucionado y
adquirido ventajas biológicas para poder sobrevivir mejor a gran
altura. Esto sería un ejemplo más de evolución humana.
Durante generaciones, las comunidades de humanos que han vivido a
gran altura, como las de la región de los andes o las de la llanura
tibetana, han ido evolucionando para resistir mejor la escasez de
oxígeno. No aparentan sufrir problemas por el hecho de vivir en
lugares a gran altura. Digamos que ha habido una presión de
selección hacia individuos más resistentes a esas condiciones y se
han ido seleccionando los genes que determinaban esos rasgos de
resistencia. Un esfuerzo a en ese tipo de lugares puede hacer que
el mal de altura o su complicación con otra enfermedad produzca la
muerte del individuo y que sus genes no pasen a la siguiente
generación. La hipoxia es especialmente negativa para las mujeres
embarazadas y afecta tanto al peso como a la salud del recién
nacido.
Esto siempre ha aparecido en los libros de texto sobre evolución,
pero hasta ahora no se sabía cómo esos genes proporcionaban
ventajas a la vida en altura. Ahora, un equipo de investigadores de
la Universidad de Pennsylvania ha resuelto parte de esta cuestión
con el primer estudio genético amplio sobre la adaptación a la
altura en las comunidades de los amhara de las tierras altas de
Etiopía y otros dos grupos etíopes que viven a altitud más baja. Ha
comparado además sus resultados con otras poblaciones humanas.
Sorprendentemente, las adaptaciones de los miembros de comunidades
que viven a gran altura vienen determinadas por distintos cambios
genéticos, en lo que constituye un ejemplo de convergencia
evolutiva: la evolución puede encontrar diferentes caminos
genéticos para solucionar el mismo problema.
Estos investigadores sabían qué tipo de variaciones sobre los
patrones genéticos se pueden esperar debidos a la selección
darwiniana, así que los buscaron en los genomas y trataron de
comprender su significado biológico cuando los encontraban.
Recientemente los investigadores en la materia han intentado
correlacionar rasgos físicos, o fenotipos, con los genes que
aparentemente son responsables de ellos, o genotipos.
Para poder realizar este tipo de estudio se necesita una amplia
muestra. Para este estudio no fue sencillo hacerse con una muestra
estadística grande sobre los habitantes de las tierras altas de
Etiopía, pues éstos viven a unos 3000 m sobre el nivel del mar y no
hay buenas vías de comunicación. La logística, al parecer, ha sido
muy complicada a la hora de realizar este estudio, pero también
había problemas lingüísticos o económicos que sortear.
Estos investigadores compararon tanto los datos de los amphara con
las otras comunidades etíopes que viven a menor altitud, como con
comunidades en Nigeria y grupos europeos que viven a nivel del mar.
La idea era tratar de saber qué partes del genoma de la gente que
vivía en altura era diferente de los genomas de la gente que vivía
a nivel del mar. Varias áreas eran candidatas a variaciones
genéticas que contribuyeran a la adaptación a la altura. Dos de los
candidatos más importantes estaban relacionados con camino
molecular HIF-1, que es iniciado en condiciones de hipoxia.
Tanto las poblaciones tibetanas como las andinas tienen también
mutaciones en el camino HIF-1, pero los tres grupos difieren tanto
en el fenotipo como en el genotipo. Una de las diferencias tiene
que ver con la hemoglobina (que es la molécula que transporta el
oxígeno dentro de los glóbulos rojos). Los etíopes de tierras altas
y los andinos tienen niveles de hemoglobina que son superiores a
los que viven a baja altura, pero los tibetanos tienen niveles
promedio.
También descubrieron una variante en el grupo etíope en un gen
relacionado con la función mitocondrial. La mitocondrias son
orgánulos celulares en donde se produce energía (en forma de ATP) a
través de procesos de respiración celular. Esta característica
parece una buena candidata a jugar un papel importante en la
adaptación a la altura.
Todas estas diferencias parecen jugar el mismo papel en cómo el
cuerpo puede mantener la homeostasis en condiciones pobres de
oxígeno, pero ventajas claras, como los altos niveles de
hemoglobina, son sólo un reflejo de cambios fenotípicos más
complejos. Poner todos ellos juntos en el marco general de cómo
ciertos genes se traducen en ventajas de supervivencia necesitará
más investigación basada en estos hallazgos.
Al parecer, hay mucho interés en este tipo investigación en la
comunidad biomédica, sobre todo en términos de fisiología pulmonar
y transporte de oxígeno. "Si uno puede entender cómo la gente
que ha sufrido adaptaciones genéticas puede vivir bien a esas
altitudes mientras el resto lo pasan mal, nos podría ayudar a
comprender mejor uno de nuestros sistemas vitales", dice Sarah
Tishkoff, autora principal del artículo.
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