El "gen de la picazón" es el GRPR, que codifica para un receptor presente en una población muy pequeña de células de la médula espinal a través de las cuales las señales del dolor y la picazón se transmiten desde la piel hasta el cerebro. Los investigadores, dirigidos por Zhou-Feng Chen, encontraron que ratones de laboratorio carentes de ese gen se rascaban mucho menos que sus compañeros de jaula normales cuando recibían estímulos propensos a generar picor.
os experimentos de laboratorio confirmaron la conexión entre el GRPR y la picazón, proporcionando la primera evidencia de un receptor específico para la sensación de comezón en el sistema nervioso central.
La picazón crónica es un problema muy extendido. Puede ser causado por trastornos de la piel como el eccema, o puede provenir de un problema más profundo como una insuficiencia renal o una enfermedad del hígado. Puede ser un efecto secundario serio de terapias contra el cáncer o de supresores potentes del dolor como la morfina. Para algunas personas, el prurito crónico puede ser muy perjudicial, al dificultarles el dormir, o al provocar que se rasquen tanto como para causarse heridas en la piel. Las opciones eficaces de tratamiento para los pacientes que padecen de esta comezón persistente son limitadas.
Históricamente, los científicos estimaban la picazón como sólo una versión menos intensa de la sensación del dolor. Como consecuencia, la investigación sobre el picor crónico ha estado bastante abandonada. Se han identificado muchos genes vinculados a la sensibilidad al dolor. Pero la investigación acerca de la picazón ha permanecido a la sombra de la investigación del dolor, y nadie sabía hasta ahora qué genes eran responsables de la sensación de comezón, en el ámbito del cerebro o de la médula espinal.
El GRPR había sido bastante bien estudiado antes, durante más de una década, pero nadie hubiera podido proponer una relación convincente entre el GRPR y la picazón hasta ahora. Una cosa interesante es que el GRPR está implicado en el crecimiento tumoral. Como resultado de investigaciones en esa faceta, se han obtenido numerosas sustancias que bloquean la actividad de este gen. Así que ahora los investigadores pueden estudiar el efecto de estos productos sobre la sensación de picazón, ahorrando tiempo en el desarrollo de fármacos, y posiblemente ello se traduzca en aplicaciones clínicas concretas bastante pronto.
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