Hace más de 500 millones de años los animales que mandaban sobre la Tierra no eran nuestros antepasados. La vida estaba dominada por artrópodos y toda una variedad de extrañas criaturas.
Los restos de Hurdia victoria formaban un rompecabezas de fragmentos dispersos. Ahora Allison Daley, de la Universidad de Upsala, y sus colaboradores canadienses y británicos han reconstruido este ser revelando que se trata de un complejo y notable nuevo animal de diseño corporal único, y que también debía de ser, con sus 20 cm, un formidable depredador en aquellos tiempos. Además, este fósil nos puede ayudar a comprender el origen de un grupo de animales actuales: los artrópodos.
Aunque los primeros fragmentos fósiles de este animal tienen casi
100 años de antigüedad se asumió que eran partes de crustáceos. En
algunas colecciones se describían estos fragmentos incluso como
partes de otros animales tales como medusas, pepinos de mar, etc.
Sin embargo, nuevas expediciones desde los años noventa del pasado
siglo lograron recuperar especímenes más completos que llevaron a
los investigadores a pensar que Hurdia era más de lo que
parecía.
La última pieza de este rompecabezas, un espécimen muy bien
conservado, se encontró en la colección del Smithsonian National
Museum of Natural History (Washington DC). En los setenta y ochenta
se le clasificó como artrópodo y más tarde como Anomalocaris.
Cuando un animal de estos muere, aunque sea como en un lugar como
Burgess Shale en donde una avalancha enterró a toda una comunidad
marina, los cuerpos se descomponen, sobre todo las partes blandas,
y las partes duras (que fosilizan mejor) se deforman y aplastan. No
es fácil reconstruir la apariencia que tenía el animal a partir del
fósil plano que queda.
La nueva descripción de Hurdia, basada en más de 100 especímenes,
lo relaciona efectivamente con Anomalocaris pero no es la misma
especie. Hurdia tiene el cuerpo segmentado al igual que
Anomalocaris y una cabeza con dos garras o apéndices espinosos que
llevaban las presas a una boca redonda dentada. Pero a diferencia
de él, Hurdia tiene un caparazón en tres partes que le cubre la
cabeza y que además se proyecta hacia adelante dándole un aspecto
hidrodinámico.
Según Allison Daley, que se ha pasado tres años estudiando este
fósil, este caparazón no se parece en nada a lo que tengan los
artrópodos actuales. La función de esta proyección del caparazón es
un misterio. En muchos animales se usa para proteger las partes
blandas del cuerpo pero en este caso la proyección extra no cubre o
protege nada al estar vacía.
Tanto Hurdia como Anomalocaris son organismos muy antiguos que
aparecieron en el mismo linaje que también dio lugar a los
artrópodos. Los artrópodos modernos cuenta con los insectos,
crustáceos, arañas y ciempiés.
Ambos seres muestran detalles del origen de rasgos importantes que
definen a los modernos artrópodos como la estructura de la cabeza y
los miembros.
Además de su extraño caparazón frontal, Hurdia revela detalles
exquisitos de las agallas asociadas al cuerpo, unas de las mejor
conservadas del registro fósil. La mayor parte de su cuerpo está
cubierto por agallas que eran probablemente necesarias para
proporcionar oxígeno a un activo depredador tan grande
(relativamente).
Seguro que la próxima vez que pida una ración de langostinos en un
bar no los verá con los mismos ojos. Al final resultó que los
descendientes de Pikia ganaron la guerra. Recuérdelo antes de
comérselos, quizás así le resulten más sabrosos.
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