Ahora que en el hemisferio boreal el verano ya nos ha abandonado y se lleva a los insoportables mosquitos con él, conviene recordar las pistas que estos insectos siguen a la hora de agujerearnos la piel. Además, pronto los sufrirán en el hemisferio austral y siempre los sufren en las regiones tropicales del mundo, junto a su carga de graves enfermedades: dengue, malaria, fiebre amarilla…
Así que, ya sabe, como le va a ser difícil dejar de respirar, lo
ideal es que use un buen repelente de mosquitos comercial sobre su
piel. Ningún método casero basado en hierbas o vitaminas funciona,
así que no siga ninguno de ellos. Las terapias alternativas en este
caso sólo sirven para que alternativamente te pique un mosquito y
otro también.
Casi todos los repelentes comerciales contienen una sustancia
denominada DEET que es la que consigue repeler a los mosquitos. A
mayor concentración de esta sustancia mayor capacidad de ahuyentar
mosquitos que tendrá el producto que compremos. Para zonas
tropicales se recomienda pulverizadores con alta concentración en
DEET.
En mayo pasado investigadores de la Universidad de Vanderbilt descubrieron un nuevo repelente que promete ser miles veces más efectivo que el DEET en esta función de repeler mosquitos. Esta nueva sustancia, denominada VUAA1, afecta el sentido del olfato de los mosquitos (o de cualquier otro insecto) a través de un nuevo canal molecular. Recordemos que el sentido del olfato de los mosquitos está situado en sus antenas.
Este descubrimiento se debió a la investigación básica que se
realizaron y en el conocimiento alcanzado sobre el sentido del
olfato de los mosquitos en los últimos años. Hace diez años se
creía que operaba de manera similar al sentido del olfato de los
mamíferos, pero no era así.
En un mamífero una molécula olor puede entrar en contacto con un
receptor específico de ese olor situado en un nervio y, cuando esto
ocurre, se produce una señal nerviosa. El sentido del olfato de los
mosquitos y demás insectos es diferente. En ellos los receptores
del olor (OR) no actúan autónomamente, sino que forman un complejo
con un co-receptor específico (Orco) y esto es necesario para que
se detecte la molécula de olor.
Los mosquitos tienen muchos tipos de receptores OR en sus antenas,
cada uno de ellos específico para cierto olor. Pero para que
funcionen y manden la señal nerviosa deben activarse bajo la acción
de Orco.
Cuando un mosquito huele un olor determinado el receptor específico
OR se activa y dispara la señal nerviosa sólo si Orco se
"enciende". Los demás permanecen desconectados. Pero si
mediante algún mecanismo se encienden todos los Orco a la vez,
entonces se satura el sentido del olfato del mosquito y queda
inutilizado. Esto es precisamente lo que hace directamente la nueva
sustancia descubierta.
Estos investigadores usaron técnicas de ingeniería genética para
insertar receptores de mosquito en células humanas embrionarias de
riñón y siguieron un sistema de fuerza bruta en el que comprobaron
118.000 moléculas pequeñas, normalmente empleadas para el diseño de
fármacos, para ver si alguna podía cumplir con la función de
activar todos los complejos Orcos. Al final descubrieron que VUAA1
cumplía con esta misión. VUAA1, per se, no es una molécula de olor,
sino que activa todos estos complejos como si lo fuera.
Los investigadores, además, verificaron que, efectivamente, esta
sustancia tenía propiedades repelentes sobre mosquitos reales.
Esta idea no solamente podría dar lugar a un repelente de mosquitos
muy efectivo en humanos, sino que también se podrían obtener
sistemas para proteger los cultivos del ataque de los insectos sin
necesidad de usar insecticidas perjudiciales para el medio
ambiente.
Aunque todavía queda mucho por investigar antes de comercializar
algo así. No se sabe si tendrá efectos secundarios de algún tipo o
si será inocuo para el medio ambiente. Todavía es demasiado pronto
para saber si esta sustancia u otras similares derivarán en
productos comerciales, pero si así es millones de personas en el
mundo, y muchos viajeros, lo agradecerán.
De todos modos, la capacidad de evolución de la vida tarde o
temprano terminará superando los escollos que pongamos en el camino
que lleva a los insectos hasta nuestra sangre o hasta nuestros
cultivos.
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