En algunos países uno puede pedir una ración o un plato de
calamares a la romana en un bar o restaurante. En algunos lugares
incluso uno puede pedir un bocadillo de estos cefalópodos. O
láminas de pulpo cocido rociadas con sal gorda y pimentón. Aparte
de lo sabrosos que nos puedan parecer, sobre todo si tenemos
hambre, no reparamos en lo interesantes que son estos seres. Los
cefalópodos pertenecen a una estirpe que ha permanecido sobre este
planeta durante 500 millones de años, adoptando múltiples formas,
algunas de ellas que incluso recuerdan a los caracoles.
Los nuevos especímenes, de entre dos y cinco centímetros de
largos, muestran que Nectocaris tenía forma de cometa y se
aplanaba desde la cabeza a la cola. Tenía un par de ojos
pedunculados y un par de tentáculos largos para atrapar las presas
que consumía. Los investigadores creen que esta criatura utilizaba
sus aletas laterales para nadar y, como los modernos cefalópodos,
también usaba una tobera en forma de embudo para acelerarse
mediante propulsión a chorro.
Algún espécimen presenta sus grandes branquias atascadas por el
barro, lo que sugeriría que el animal se fosilizó después de haber
sido sepultado por un alud subacuático de barro.
Según este nuevo hallazgo habría que retrotraer el origen de los
cefalópodos en 30 millones de años respecto a lo que previamente se
creía, mucho más cerca de la aparición de los animales complejos
durante la explosión del Cámbrico.
Nectocaris no tenía una concha o caparazón mineral duro
como el de los ammonites, lo que produjo cierta sorpresa en los
científicos. Se creía que los cefalópodos aparecieron durante el
Cámbrico Tardío, cuando modificaciones graduales sobre la concha de
animales parecidos a los caracoles les permitió a éstos flotar
dentro el agua. Sin embargo, Nectocaris muestra que los
primeros cefalópodos en realidad empezaron nadando sin la necesidad
de conchas rellenas de aire. Las conchas evolucionaron mucho más
tarde, probablemente en respuesta al aumento de los niveles de
competición y depredación del Cámbrico Tardío.
Los cefalópodos modernos son muy complejos, con órganos intrincados
y una inteligencia asombrosa. Según Smith se puede ir de unas
formas de vida precámbricas simples a cefalópodops complejos en un
abrir y cerrar de ojos desde el punto de vista geológico, lo que
ilustra cómo de rápido puede la evolución producir complejidad.
Nectocaris demuestra que todavía puede haber sorpresas en
el registro fósil. Los fósiles sólo nos pueden contar una parte de
la historia. Los fósiles de animales de cuerpo blando como
Nectocaris, junto a los avances en Biología Molecular y
del Desarrollo todavía tienen mucho que decir. Smith se muestra
seguro de que ayudarán a refinar y replantearse las hipótesis
actuales.
Ya sólo hace falta que en algún bar o restaurante denominen
Nectocaris al plato de calamares a la romana, pero la
sociedad no ha evolucionado tanto, aún.
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