Algunos jardineros tienen antipatía al musgo porque invade el césped en regiones que son lluviosas. No saben que lo mejor es no luchar contra él, sino cambiar el Ph del suelo para así fomentar su crecimiento en detrimento de la hierba. De este modo no sólo tendrán una verde increíble en sus praderas, sino que no necesitarán segarlo ni gastar combustible en ello. A estos jardineros también les interesaría saber que con estas simpáticas plantas incluso se pueden fabricar pilas que produzcan electricidad que permita iluminar una mesa de jardín por la noche. Así lo han mostrado unos investigadores de la Universidad de Cambridge en el Festival de Diseño de Londres. Las pilas de combustibles que han diseñado producen electricidad a partir de musgos vivos de manera renovable. A esta técnica la han denominado biofotovoltaica, ya que usa la fotosíntesis natural para producir electricidad.
No hace falta decir que el rendimiento de todo el proceso es muy bajo, pero el optimismo de alguno de estos investigadores es digno de mención. "La mesa de musgo nos proporciona una visión de futuro. Sugiere un mundo en el que objetos híbridos sintético-orgánicos y autosostenibles nos rodeen y nos proporcionen nuestras necesidades diarias de una manera limpia y medioambientalmente amigable", dice por ejemplo Alex Driver.
Quizás, mirando a un futuro sean posibles aplicaciones de esta
tecnología que incluyan paneles solares, centrales eléctricas y
generadores. De momento esta sólo en una etapa conceptual, pero se
imaginan este tipo de soluciones para problemas apremiantes a lo
largo de todo el mundo, incluyendo las necesidades crecientes de
energía y agua dulce en comunidades vulnerables.
Un sistema modular de paneles biofotovoltaicos podría ser montado
en el tejado de edificios para que aportara parte de sus
requerimientos energéticos. Una central biofotovoltaica podría
consistir en un sistema flotante cerca de la costa con algas que
generase energía para la comunidad local. Un generador
biofotovoltaico podría consistir en colectores solares con algas
montados en boyas ancladas en alta mar para generar electricidad y
agua desalinizada como subproducto.
Este equipo de investigadores de Cambridge pone de relieve que la
tecnología está en sus primeras etapas de desarrollo y que se
necesitará mucho tiempo hasta que esta tecnología se pueda
comercializar. La mesa de musgo presentada en el festival
demuestra, según ellos, el modo en el que los diseñadores pueden
jugar un papel valioso en los estadios tempranos de investigación
científica al identificar el potencial comercial de un futuro
producto.
Así que se acabó el reloj que funciona con una patata o un limón,
mejor un reloj de musgo. Quizás alguna empresa ya está pesando en
comercializarlo, o "regalarlo" con el cacao para preparar
el desayuno de los niños.
Otra lección de que podemos aprender es que para conseguir fondos
de investigación, en estos tiempos tan críticos económicamente,
vale incluso un festival de diseño.
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