Como el gigantesco caballo de madera que escondía guerreros griegos en la batalla de Troya, ¿podría toda una población de cometas ocultarse bajo la apariencia de asteroides? Observaciones del asteroide troyano binario Patroclus (617) tomadas en el observatorio Keck de Mauna Kea están haciendo a los astrónomos preguntarse si los asteroides capturados en las zonas gravitacionalmente neutras del sistema Sol-Júpiter podrían ser antiguos cometas y polvo espacial.
l Dr. Franck Marchis de la University of California en Berkeley
lidera un equipo internacional de astrónomos que ha descubierto que
la composición y densidad del sistema Patroclus es
significativamente similar a la de los cometas. Sus componentes son
menos densos que el agua, probablemente porosos y probablemente
formados por hielo de agua, como la nieve. Los resultados,
publicados en el segundo número de febrero de la revista Nature,
están sacando a la luz importantes preguntas sobre cómo estos
asteroides troyanos migraron hacia su posición actual en el Sistema
Solar y sobre cómo adquirieron su naturaleza binaria.
Los asteroides troyanos son aquellos situados en la órbita de
Júpiter en un punto bien retrasado 60º o bien adelantado 60º
respecto al planeta gigante. Son relativamente pequeños y bastante
débiles, por lo que son difíciles de estudiar incluso desde los
telescopios terrestres más potentes. Una nueva técnica usando un
láser de sodio en combinación con una tecnología de corrección de
imágenes tomadas desde la Tierra, llamada Laser Guide Star
Adaptative Optics (LGS-AO), está ayudando a los científicos a
estudiar asteroides con más detalle que nunca.
El sistema LGS-AO instalado en el telescopio Keck II en Mauna Kea
elimina las distorsiones que causa la atmósfera terrestre sobre las
imágenes astronómicas, y produce las imágenes infrarrojas más
precisas obtenidas hasta la fecha.
"Los telescopios espaciales son ya unas herramientas
increíbles para observar objetivos lejanos del Sistema Solar, pero
los telescopios terrestres equipados con este tipo de óptica
adaptativa tienen la capacidad de recoger aún más luz y de estudiar
los objetos con más detalle todavía," dice el Dr. David Le
Mignant, científico especialista en óptica adaptativa y jefe del
equipo de operaciones científicas del LGS-AO del observatorio Keck.
"Con el LGS-AO, podemos observar una variada población del
Sistema Solar: objetos más débiles y pequeños como Patroclus y
objetos más lejanos como Plutón. Esto nos debería llevar a realizar
muchos nuevos descubrimientos," añade el Dr. Le Mignant.
Las teorías modernas sugieren que los asteroides troyanos se
habrían formado en la Nebulosa Solar a la vez que el resto de los
cuerpos rocosos del Sistema Solar. Hasta la fecha, más de un millar
de estos asteroides han sido descubiertos.
Hasta ahora se pensaba que el asteroide Patroclus era un único
objeto de unos 150 kilómetros de diámetro, pero las recientes
observaciones del telescopio Gemini North en Hawaii descubrien que
Patroclus se compone actualmente de dos objetos, convirtiéndolo en
el primer asteroide troyano binario en ser descubierto. El
descubrimiento de un asteroide binario no era tan sorprendente como
lo es el hecho de que sean dos objetos de tamaño casi idéntico. El
equipo del Dr. Marchis ha calculado que el cuerpo mayor tiene unos
122 kilómetros de ancho en su máximo diámetro, y su compañero tiene
una medida de unos 112 kilómetros. Estos cuerpos orbitan alrededor
de su centro de masas cada cuatro días, separados entre sí una
distancia de unos 680 kilómetros. Los nombres de estos objetos
están relacionados con la Odisea de Homero. El asteroide Patroclus
recibe el nombre del mejor amigo de Aquiles, el héroe griego
protagonista de la historia.
Los científicos piensan que podría haber un número de asteroides
troyanos similar al de asteroides presentes en el cinturón
principal de asteroides del Sistema Solar, pero son difíciles de
estudiar con mucha resolución espacial debido a lo débiles que son
para la mayoría de los sistemas de óptica adaptativa actuales.
"El sistema ALS es un gran paso adelante en las observaciones
desde la Tierra," dice el Dr. Marchis. "Con esta
capacidad somos capaces de estudiar regularmente pequeños cuerpos
del Sistema Solar de una forma que no era posible anteriormente.
Queremos agradecer al equipo de Óptica Adaptativa del Observatorio
Keck por su implicación en nuestro programa de observación, gracias
a la cual ha sido posible obtener estos resultados."
Dado que las colisiones de cuerpos pequeños en el Sistema Solar se
producen típicamente a velocidades relativas muy altas y dejan
atrás un gran reguero de materiales, no parece probable que el
sistema Patroclus se formara de esta manera. ¿Cómo se podría haber
formado entonces este sistema binario?
A la luz de los nuevos resultados varios científicos teorizan que
el sistema Patroclus se originó en un momento muy temprano de la
historia del Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años.
Patroclus se habría formado pues durante la fase de acrección de la
formación del Sistema Solar, al igual que miles de otros objetos
del Cinturón de Kuiper, una zona exterior del Sistema Solar situada
más allá de Neptuno. Simulaciones recientes sugieren que los
planetas gaseosos gigantes habrían migrado hacia el exterior del
Sistema Solar, arrastrando gravitacionalmente a los planetesimales
vecinos. Algunos de estos objetos, consecuentemente, serían
capturados por los puntos gravitacionalmente estables de Lagrange
del sistema Sol-Júpiter.
La historia de Patroclus podría ser incluso más compleja: cuando
Patroclus se encontró a Júpiter hace varios miles de millones de
años, podría haberse acercado demasiado al mismo. Las tremendas
fuerzas gravitacionales del planeta gigante, unas tres veces
mayores que las de la Tierra, podrían haber partido al pequeño y
poroso cuerpo en dos debido a un efecto conocido como
"disrupción de marea."
"El sistema Patroclus presenta características similares a los
asteroides binarios cercanos a la Tierra," dice el Dr.
Marchis. "Los asteroides binarios cercanos a la Tierra se
creen que se formaron por un encuentro con un planeta, lo que
resulta en una disrupción de marea. Trabajos recientemente
publicados por nuestros colaboradores sugieren que un asteroide
troyano se podría haber formado de la misma manera, mediante un
encuentro con Júpiter. Este escenario es diferente al que se
pensaba anteriormente que era la causa de los sistemas de
asteroides binarios del cinturón principal, que típicamente
producía sistemas binarios de cuerpos con tamaños muy
diferentes."
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