Cuando el Columbia, en la misión de las lanzaderas de la NASA número 107 reentraba en la atmósfera terrestre, el 1 de febrero de 2003, la pérdida de varias losetas cerámicas del ala izquierda generó un sobrecalentamiento y una pérdida de control de la nave, que estalló a algo más de 50 km de altitud, matando a los siete tripulantes. Una catástrofe que marcó un hito en la historia espacial, cerrando casi definitivamente el programa de los transbordadores espaciales. Desde entonces, sólo se ha realizado el controvertido vuelo del Discovery a finales de julio de 2005, y los problemas detectados en los aislamientos hicieron que la NASA desestimara continuar con el proyecto. Sin embargo, no todos los seres vivos abordo del Columbia murieron. Por Javier Armentia de Infoastro.
Entre los restos del accidente, dispersados por una amplia área de los estados del sur de Estados Unidos, aparecieron los contenedores de los experimentos biológicos, y cuatro de los recipientes llegaron casi intactos. Según pudieron comprobar los responsables de la misión meses después, tras el análisis pericial que investigaba las causas del accidente, varias generaciones de estos Nematodos (que viven, en promedio una semana y alcanzan un tamaño de un milímetro de longitud) siguieron vivas dentro de la cánula con el cultivo bacteriano que los alimentaba.
A pesar de haber sufrido un impacto equivalente a más de dos mil veces la fuerza de la gravedad terrestre, algunos de estos gusanos habían sido capaces de sobrevivir.
En parte, el problema se debió al diseño del contenedor con las muestras, que hacía que en ciertos momentos los Nematodos llegaran a sufrir tensiones equivalente a diez mil veces la fuerza de la gravedad terrestre. Para la misión STS-107 del Columbia, se habían diseñado unos contenedores especiales, con un medio de cultivo específico para asegurar que varias generaciones de los gusanos pudieran sobrevivir. Y todo ello sin que se requiriera manipulación por parte de los expertos de la misión. Un proceso automatizado cuya evaluación quedó truncada por el accidente, aunque ahora parece haber sido corroborado, vistos los hechos.
El primer animal en orbitar la Tierra fue la perra Laika, en noviembre de 1957, abordo de la misión soviética Sputnik-2. Los americanos lanzaron a Gordo, un mono ardilla, en diciembre de 1958. Pero ya a finales de los años 40, en las V2 alemanas modificadas por los estadounidenses, subieron por encima de la atmósfera moscas y también pequeños simios. El zoológico espacial se compone de muchas especies: además de perros y monos, ratas, tortugas, ranas, insectos, gusanos, crustáceos, peces... No fueron "elegidos para la gloria", pero las investigaciones biológicas son uno de los fundamentos del desarrollo de la ciencia espacial, que el próximo año cumplirá su primer medio siglo de vida.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.

En dos palabras, in presionante
muy interesante el artículo pero me gustaría también que profundizarán en torno a las "chinitas" que lograron ir al espacio producto de una investigación de adolescentes chilenas del Liceo Javiera Carrera de Santiago.