Cuando era niño solía visitar en Jardín de Té Japonés en San Francisco. Pasaba horas fascinado por la carpa que vivía en un estanque poco profundo solo unas pulgadas bajo las azucenas, justo bajo mis dedos, completamente ajena al Universo que había sobre ella. Por Michio Kaku en Astroseti.
e hacía a mí mismo una pregunta que solo un niño podría hacer: ¿Cómo sería ser una carpa?. ¡Qué mundo tan extraño sería!. Me imaginaba que el estanque sería como el Universo, un espacio de dos dimensiones. La carpa sólo podría nadar hacia adelante y hacia atrás, y a izquierda y derecha. Pero imaginaba que el concepto de arriba, más allá de las azucenas, sería totalmente extraño a ella.
Cualquier científico carpa que se atreviese a hablar de
hiperespacio, es decir, la tercera dimensión sobre el estanque,
sería inmediatamente etiquetado como un chiflado. Me pregunto qué
pasaría si pudiésemos bajar y capturar un científico carpa y
subirlo al hiperespacio. ¡Pensaba en la maravillosa historia que
contaría a los demás!. La carpa balbucearía sobre unas nuevas e
increíbles leyes de la Física: seres que podían moverse sin aletas.
Seres que podían respirar sin agallas. Seres que podían emitir
sonidos sin burbujas. Entonces me pregunté: ¿Cómo podría un
científico carpa conocer nuestra existencia?. Un día que llovía,
pude ver las gotas de lluvia formar suaves ondas en la superficie
del estanque.
Entonces comprendí
La carpa podría ver las sombras de las ondas en la superficie del
estanque. La tercera dimensión podría ser invisible para ellos,
pero las vibraciones de la tercera dimensión podrían ser claramente
visibles. Incluso la carpa podría sentir estas ondas e inventar un
simple concepto, para describirlas, llamado fuerza. Podría
incluso darle a estas fuerzas bonitos nombres como luz y
gravedad. Nos reiríamos de ellos, porque, por supuesto, sabemos que
no hay fuerzas después de todo, solo las ondas en el agua.
Hoy día, muchos científicos creen que nosotros somos la carpa que
nada en nuestro diminuto estanque, completamente feliz,
inconsciente de los invisibles y desconocidos Universos que planean
justo sobre nosotros en el hiperespacio. Pasamos nuestra vida en
tres dimensiones espaciales, confiados en que lo que vemos con
nuestros telescopios es todo lo que existe, ignorantes de la
posibilidad de un hiperespacio de 10 dimensiones. Aunque estas
dimensiones superiores son invisibles, sus ondas se pueden ver y
sentir con toda claridad. Llamamos a estas ondas luz y gravedad. La
teoría del hiperespacio, sin embargo, languideció durante décadas
por la escasez de pruebas físicas o aplicaciones. Pero la teoría,
una vez considerada el área de los excéntricos y místicos, está
siendo revitalizada por una simple razón: puede ser la llave para
la mayor teoría de todos los tiempos, la Teoría del Todo.
Einstein pasó sus últimos 30 años en una inútil persecución de esta
teoría, el Santo Grial de la Física. Quería una teoría que pudiese
explicar las cuatro fuerzas fundamentales que gobiernan el
Universo: gravedad, electromagnetismo, y las dos fuerzas nucleares
(débil y fuerte). Supuso que sería el mayor descubrimiento de la
ciencia en los últimos 2 000 años, desde que los griegos se
preguntaron cómo se hizo el mundo. Estaba buscando una ecuación,
tal vez de no más de una pulgada de largo que pudiese colocar en
una camiseta, pero era demasiado grandioso poder explicar todo,
desde el Big Bang y las explosiones estelares a átomos y moléculas,
o las flores del campo.
Quería leer la mente de Dios. Finalmente, Einstein falló en su
misión. De hecho, fue rechazado por muchos de sus compatriotas más
jóvenes, que se mofarían de él con la frase, Lo que Dios ha
separado, ningún hombre puede unirlo. Pero tal vez Einstein se
esté tomando ahora su venganza. Durante la última década, ha habido
una furiosa búsqueda para la unión de estas cuatro fuerzas
fundamentales en una única teoría, especialmente una que mezcle la
Relatividad General (que explica la gravedad) con la Teoría
Cuántica (que explica las dos fuerzas nucleares y el
electromagnetismo).
El problema es que la relatividad y la teoría cuántica son
totalmente opuestas. La Relatividad General es una teoría de lo muy
grande: galaxias, quasar, agujeros negros, e incluso el Big Bang.
Se basa en curvar el maravilloso tejido de cuatro dimensiones del
espacio y del tiempo. La Teoría Cuántica, por el contrario, es una
teoría de lo muy pequeño, es decir, el mundo de las partículas
subatómicas. Se basa en diminutos paquetes de energía discretos
llamados cuantos. En los últimos 50 años, se han realizado muchos
intentos de unir estos polos opuestos, y han fallado. El camino
hacia una Teoría de Campo Unificado, la Teoría del Todo, está
cubierto con los cadáveres de los intentos fallidos. La clave de
este puzzle puede ser el hiperespacio. En 1915, cuando Einstein
dijo que el espacio-tiempo tenía cuatro dimensiones y se curvaba y
ondulaba, mostró que estas curvaturas producían una fuerza
llamada gravedad. En 1921, Theodr Kaluza escribió que las ondas de
la quinta dimensión podrían ser vistas en forma de luz. Al igual
que el pez que mira las ondas del hiperespacio moviéndose en su
mundo, muchos físicos creen que la luz se crea por ondas en un
espacio-tiempo de cinco dimensiones.
¿Qué pasa con las dimensiones superiores a la
5?
En principio, si añadimos más y más dimensiones, podemos ondularlas
y doblarlas de distintas formas, y de este modo crear más fuerzas.
En 10 dimensiones, de hecho, ¡podemos acomodar las cuatro fuerzas
fundamentales!. En realidad, esto no es tan simple. Debido a la
falta de experiencia en 10 dimensiones, también introdujimos una
legión de inconsistencias matemáticas esotéricas (por ejemplo
infinitos y anomalías) que han acabado con todas las teorías
previas. La única teoría que ha sobrevivido a cada reto impuesto es
la llamada Teoría de Supercuerdas, en la cual este Universo de 10
dimensiones está habitado por minúsculas cuerdas.
De hecho, en una pasada, esta teoría de cuerdas de 10 dimensiones
nos da una simple y convincente unificación de todas las fuerzas.
Como la cuerda de un violín, estas diminutas cuerdas pueden vibrar
y crear resonancias o notas. Esto explica por qué hay tal
cantidad de partículas subatómicas: son solo notas de una
supercuerda. (Esto parece simple, pero en los años 50, los físicos
estaban abrumados por la avalancha de partículas subatómicas. J.R.
Oppenheimer, quien ayudó a construir la bomba atómica, incluso
llegó a decir, totalmente frustrado, que el Premio Nobel debería ir
a un físico que ¡NO descubriese una partícula cada año!). De la
misma forma, cuando la cuerda se mueve en el espacio y el tiempo,
curva el espacio a su alrededor tal como predijo Einstein. De esta
manera, en un marco extraordinariamente simple, podemos unificar la
gravedad (como curvatura del espacio causado por el movimiento de
cuerdas) con las otras fuerzas cuánticas (ahora vistas como
vibraciones de cuerdas).
Por supuesto, cualquier teoría con esta potencia y majestuosidad
tendría un problema. Esta teoría, debido a que es una Teoría del
Todo, es en verdad una Teoría de la Creación. Por lo tanto, para
probar por completo la teoría, ¡debemos recrear la Creación!. En
principio, esto parece ser desesperadamente imposible. Apenas
podemos abandonar la débil gravedad de la Tierra, ni mucho menos
crear Universos en un laboratorio. Pero hay una salida a este
aparentemente intratable problema. Una teoría del todo es también
una teoría del día a día. Por lo tanto, esta teoría, cuando sea
enteramente completada, será capaz de explicar la existencia de
protones, átomos, moléculas e incluso el ADN. Así pues, la clave
está en resolver completamente la teoría y comprobarla con las
propiedades conocidas del Universo. En la actualidad, nadie en la
Tierra es lo bastante inteligente como para completar la teoría. La
teoría está perfectamente bien definida, pero por lo que se ve, la
Teoría de Supercuerdas es física del siglo XXI que cayó
accidentalmente en el siglo XX. Se descubrió por accidente, cuando
dos jóvenes físicos ojeaban un libro de Matemáticas. La teoría era
tan elegante y potente que no estábamos destinados a verla en el
siglo XX. El problema es que las Matemáticas del siglo XXI aún no
se han inventado. Pero debido a que los físicos están genéticamente
dispuestos al optimismo, confío en que resolveremos la teoría en un
día no muy lejano. Quizá algún joven que lea este artículo será
inspirado por esta historia de tal modo que el o ella concluyan la
teoría. ¡No puedo esperar!
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me pregunto yo ¿por que la gente no separa la astrologia de la astrofisica? ¿realmente se creen científicos? ¿o no son lo suficienetemente listos para notar la diferencia?
el AMOR no es una energía, gran manga de incompetentes, es una muy linda sensación producida por hormonas y reacciones químicas únicas que solo ocurren en el cerebro, no en otra dimensión. No tengo nada contra el amor, pero me parece que el artículo no lo mencionaba, y si ni Newton, ni Faraday, ni Tesla, ni Einstein, ni tantos otros lo hicieron no veo porque un anónimo e ingenuo cometarista tenga el derecho de mezclarlo con la física.
Muy cerca el hombre hallara el hiperespacio y el hipertiempo, los paseos por el tiempo, atrasarlo, cambiarlo, jugar