La ciencia se ha adentrado en un período de dudas que no sólo ha fracturado las lecturas del mundo, sino que ha intensificado la búsqueda de respuestas a las cuestiones fundamentales tanto por parte de algunos científicos, como por parte de nuevos teólogos, en ocasiones expuestos a visiones integristas de la sociedad. Algunos físicos han reivindicado la física como la nueva teología, mientras que otros neurocientíficos han llegado a la conclusión de que existe un sistema neurológico cuya función es provocar las creencias religiosas en los seres humanos. En este escenario de dudas científicas y de reivindicación religiosa de respuestas a las cuestiones fundamentales, nos encontramos de nuevo con nosotros mismos. Por Eduardo Martínez de Tendencias Científicas.
a comunidad científica es hoy el escenario de una confrontación de pareceres respecto a las cuestiones fundamentales del conocimiento que ha llevado a la ciencia a dudar de sí misma. Lo cuenta un especial del semanario francés Le Nouvel Observateur dedicado al tema La Ciencia y Dios: el nuevo choque.
Por una parte se encuentran aquellos científicos que, siguiendo los
pasos de Einstein, consideran que el Universo es inteligible y que
el azar se organiza continuamente con una complejidad creciente.
Algunos de ellos señalan incluso la existencia de una
"realidad última" que sería la que daría sentido a toda
la evolución y a la experiencia humana.
Por otro lado figuran los científicos que consideran que lo mejor
del conocimiento todavía no ha llegado. Señalan que probablemente
existan más universos aparte del nuestro y que lo que hemos de
descubrir será tan complejo que los 100 mil millones de neuronas de
nuestro cerebro jamás alcanzarán a comprenderlo.
Estas divergencias se basan en las sombras que persisten en los
conocimientos considerados indispensables para la comprensión de la
vida y de la materia. Por ejemplo, si ha podido verificarse la
teoría del Big Bang o gran explosión inicial, quedan en el ambiente
muchas cuestiones que siembran dudas sobre si realmente
alcanzaremos a responderlas.
Cuestiones cruciales
Son cuestiones tan cruciales como si había algo antes del
nacimiento del Universo, o si la expansión de estrellas y galaxias
es infinita o colapsará en algún momento. La respuesta dependerá de
nuestra capacidad de mejorar los instrumentos astronómicos, de
elaborar un marco teórico adecuado a estos conocimientos y de
procesar informáticamente los nuevos datos.
Si pretendemos acercarnos al conocimiento de nuestra especie, las
lagunas también son considerables. Aunque la paleontología y la
genética han explicado cómo surgió la humanidad, todavía sigue sin
aparecer el ancestro común del chimpancé y el hombre.
El capital genético de la especie es por otro lado tan homogéneo
que se cree que toda la humanidad procede de un colectivo de 30.000
personas, que fueron las que realmente conquistaron el planeta.
Gramática diferenciadora
Y aunque pensamos que el Homo Sapiens tiene una antigüedad de
150.000 años, mucho menos sabemos acerca de cuándo apareció la
conciencia y el pensamiento, si bien se cree que la gramática,
entendida como la capacidad de combinar palabras, fue la que
realmente señaló la diferencia entre el Homo Sapiens y sus
predecesores.
Otra cosa que hemos averiguado es que el hombre no es el último
estadio de la evolución, sino una fase intermedia que puede estar
llamado a desaparecer dentro de un millón de años. Lo sabemos por
el conocimiento sobre la vida, que puede explicarse casi
completamente en términos químicos.
Si el código genético ha sido comparado con el software de la
evolución, la materia viva representa el hardware. Y aunque se ha
conseguido la síntesis de partes de una célula con la esperanza de
reunirlas en un organismo artificial, y se ha desmontado una
bacteria para ver cómo funciona, seguimos sin saber con exactitud
en que época remota apareció la vida en nuestro planeta, así como
el origen último de la vida.
Finalmente, si bien la física ha conseguido establecer los
principios constitutivos de la materia y la energía, dos posibles
explicaciones del mundo subsisten: la de la mecánica cuántica (que
funciona bien a escala subatómica) y la de la Relatividad (que se
se corresponde con el funcionamiento del Universo), explicaciones
que en ocasiones son, sin embargo, contradictorias entre sí.
Unificación pendiente
Por último, queda pendiente la pretendida unificación de las cuatro
fuerzas de la naturaleza: la débil, la fuerte, la gravitacional y
la electromagnética. Habrá que esperar a 2007 o 2009 para ver si
el bosón de
Higgs, esa partícula nunca observada y que sería la
que permitiría alcanzar la gran unificación de fuerzas pretendida,
se consigue observar en el nuevo colisionador de partículas que
construye el CERN de Ginebra.
Este balance del conocimiento científico, además de fracturar las
posibles interpretaciones del mundo, ha llevado a la ciencia a
bajar del pedestal en el que se encontraba. A finales del siglo
XIX, Poincaré ya señalaba que los modelos científicos no
proporcionan una aproximación al mundo real.
La pretensión de aportar desde el conocimiento científico un modelo
homogéneo y unificado se perdió a comienzos del siglo XX. Bergson
señaló al respecto que la ciencia sólo conocía la superficie de las
cosas y que sólo otro tipo de conocimiento, como el intuitivo o
directo, podría acercarnos a las profundidades del mundo.
Husserl señaló poco después que la fuente real del conocimiento no
estaba en la ciencia, sino en la filosofía, y Heidegger puntualizó
que la ciencia sólo conoce lo que es, no el ser en sí mismo. Es
decir, la ciencia lo conoce todo, menos lo realmente
importante.
Nuevos terrenos de conocimiento
Esta confusión, que es la que ha provocado la duda de la ciencia
sobre sus capacidades reales de llegar a las profundidades del
Universo, no ha impedido que algunos científicos exploraran nuevos
terrenos de conocimiento.
Algunos físicos han reivindicado la física como la nueva teología,
asegurando no sólo que Dios es una exigencia de la evolución, sino
también que la resurrección de los muertos se deduce de complejas
ecuaciones matemáticas. Es el caso del físico Frank Tipler, autor
de La física de la
Inmortalidad.
El profesor de la Universidad de Cambridge Brian Josephson, Nobel de
Física en 1973 por sus trabajos sobre superconductividad, ha
comparado el estado místico de las tradiciones religiosas con el
estado fundamental del helio líquido.
Fritjof Capra, físico de la
Universidad de Berkeley, ha asimilado los últimos descubrimientos
físicos con el taoísmo (ha escrito un libro titulado El Tao de la
física), mientras que David
Bohm, especialista en teoría cuántica, señala que el
mundo conocido es sólo la proyección de un orden oculto, al que
llama "orden implicado".
El anatomista Franz Gall (1758-1828), por último, considera haber
localizado en el cerebro lo que denomina el "órgano de la
religión", dando origen a una nueva corriente de investigación
denominada "neurología de la religión": el neurofisiólogo
canadiense Michael
Persinger ha conseguido estados místicos en
voluntarios mediante estimulación de los lóbulos temporales.
Sistema neurológico de
creencias
Otros neurocientíficos, como Eugene D'Aquilli y Andrew Newberg,
analizando cerebros de monjes con imágenes de resonancia magnética,
han llegado a la conclusión de que existe un sistema
neurológico cuya función es provocar las creencias
religiosas en los seres humanos.
Nadie ha podido explicar científicamente, sin embargo, cómo es que
ha aparecido la religión en las sociedades humanas y por qué razón
está presente en todas las culturas desde los primeros momentos de
nuestra especie.
Las religiones han aprovechado estas dudas de la ciencia para
ofrecer respuestas basadas en los más antiguos sistemas de
creencias, a las cuestiones que la ciencia ha renunciado a
considerar. Bertrand Russel lo reconocía con esta frase: La
actitud religiosa moderna prospera gracias a las confusiones del
intelecto.
El integrismo religioso forma parte de esta reacción religiosa, que
ha sido denominada por Gilles Kepel
"La revancha de Dios". Este integrismo religioso lo
encontramos en algunas de las formas del terrorismo actual, así
como en las cruzadas para imponer obligatoriamente la oración en
las escuelas de Estados Unidos, donde la mitad de la población no
cree en la evolución.
Nuevo escenario
En este escenario de dudas científicas y de reivindicación
religiosa de respuestas a las cuestiones fundamentales, nos
encontramos de nuevo a comienzos del siglo XXI.
Hay una novedad, sin embargo, respecto a otros momentos históricos
parecidos: por el comportamiento de las partículas subatómicas, hoy
sabemos que desempeñamos un papel mucho más importante de lo que
pensábamos en la conformación de la realidad. Lo dijo Arthur
Eddington en 1929 en una frase memorable: somos
quienes movemos y conmovemos a este mundo para siempre.
A pesar de la duda científica, del hecho religioso tan vigente y
plural como las culturas humanas, seguimos siendo por tanto los
artífices de la historia. Albert Jacquard, profesor de Genética en
la Universidad de Ginebra, lo ha expresado magistralmente en el
libro Les scientifiques
parlent: es el hombre el que hace que las cosas
sean bellas, su aquiescencia la que las hace justas.
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basura
Lo mejor que posee el articulo son los enlaces
Y además, censuran los comentarios en contra que se les hacen. En este, se me censuró por segunda vez (antes en un artículo de un tal Sigman) porque dije que se estaban afrancesando y que podían dejar de obsesionarse con los americanos malos malísimos.
Añado: patéticos
Es más, apoyan sus argumentos, tan integristas como los que critican, pero en sentido contrario, con manipulaciones de investigaciones o de conclusiones de investigaciones.
Seguramente será cierto que existe una estructura neural que soporta la religiosidad, igual que una soporta la necesidad de perpetuar la especie, la de divertirse, la de comer, etc. De ahí a afirmar que es el sistema nervioso el que las provoca es de un tendencioso e insensato que tumba de espaldas. ¿O es que han averiguado por fin si fue antes el huevo o la gallina?
Las sinapsis neurales se producen, como es bien conocido, por el uso, o más bien se inactivan las que no se usan, tal es la plasticidad del sistema nervioso. Si el hombre tiene inquietudes sobre lo trascendente, desarrollará estructuras igual que si se interesa por el ajedrez.
Un estudio y sus conclusiones, si pretenden ser serias, debe señalar relaciones, no pretender sesgar sus resultados hacia su ascua. Si no es así, define claramente el integrismo religioso de los que lo realizan, o lo que es peor, de los medios de comunicación que lo manipulan.
Esta es la seriedad y el rigor cienífico, editorial y de opinión de un portal claramente afrancesado como tendencias21.
qué gracia me haces san! qué sentido del humor! ¡afrancesado! ja, ja, ja... nunca había visto que ese adjetivo supusiera una crítica.... en fin, buenísimo
todos estan muy chidos los felicito tambien aunque veo que no es una pagina para el vale mi mas sentido pesame recuerden cienpre mexico va a estar con ustedes
yo practicaba religion pero como no soy un homo sapiens como "san" me movi e investige varias fuentes de tipos como freud o grandes neurologos por q siempre me imagina q era todo producto de mi imaginacion sabia q era una enfermedad y bueno san padeces de neurosis infantil diria freud
"Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos."
A. EINSTEIN: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible
concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una
Inteligencia superior infinita».
Ch. DARWIN: «Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento
máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre,
hayan sido frutos del azar».
N. COPÉRNICO: «¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones
más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?».
T. A. EDISON: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios».
HATHAWAY: (padre del cerebro electrónico «La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone
una enorme masa de orden. Por eso requiere una Causa Primera, grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por
lo mismo, es sobrenatural».
W. VON BRAUN: «Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando
día tras día en profunda adoración».
A. M. AMPERE: «¡Cuán grande es Dios, y nuestra ciencia, una pequeñez!».
I. NEWTON: «Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir
sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».
K. F. GAUSS: «Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a Quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar».
G. MARCONI: «Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico, sino como científico».
C. LINNEO: «He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente, y me he postrado de hinojos en adoración».
E. SCHRÖDINGER: (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria) «La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios
de la mecánica cuántica».
K. L. SCHLEICH: (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local) «Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y
quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión».
J. KEPLER: «Si Dios es grande, grande es su poder, grande su sabiduría. Alabadle, cielos y tierra. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus
obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla».
Sir Fred HOYLE: (gran astrónomo y matemático) «El universo de las galaxias se dilata, y se crea continuamente en el espacio nueva materia para mantener
constante la densidad media del universo, y esto exige la existencia de un Creador».
A. S. EDDINGTON: (astrónomo y matemático inglés) «Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista, sino filósofos mediocres. El origen del
universo presenta dificultades insuperables, a no ser que lo consideremos sobrenatural».
J. barón VON LIEBIG: (químico y fisiólogo alemán) «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el
"Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos."
A. EINSTEIN: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible
concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una
Inteligencia superior infinita».
Ch. DARWIN: «Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento
máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre,
hayan sido frutos del azar».
N. COPÉRNICO: «¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones
más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?».
T. A. EDISON: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios».
HATHAWAY: (padre del cerebro electrónico «La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone
una enorme masa de orden. Por eso requiere una Causa Primera, grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por
lo mismo, es sobrenatural».
W. VON BRAUN: «Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando
día tras día en profunda adoración».
A. M. AMPERE: «¡Cuán grande es Dios, y nuestra ciencia, una pequeñez!».
I. NEWTON: «Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir
sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».
K. F. GAUSS: «Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a Quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar».
G. MARCONI: «Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico, sino como científico».
C. LINNEO: «He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente, y me he postrado de hinojos en adoración».
E. SCHRÖDINGER: (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria) «La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios
de la mecánica cuántica».
K. L. SCHLEICH: (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local) «Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y
quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión».
J. KEPLER: «Si Dios es grande, grande es su poder, grande su sabiduría. Alabadle, cielos y tierra. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus
obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla».
Sir Fred HOYLE: (gran astrónomo y matemático) «El universo de las galaxias se dilata, y se crea continuamente en el espacio nueva materia para mantener
constante la densidad media del universo, y esto exige la existencia de un Creador».
A. S. EDDINGTON: (astrónomo y matemático inglés) «Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista, sino filósofos mediocres. El origen del
universo presenta dificultades insuperables, a no ser que lo consideremos sobrenatural».
J. barón VON LIEBIG: (químico y fisiólogo alemán) «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce
por extraer sus ideas del gran libro que llamamos naturaleza».