Un nuevo paso para explicar el papel del observador en la formación de realidad, uno de los grandes retos de la física, ha sido franqueado por investigadores del Laboratorio de Los Álamos de Estados Unidos. Han elaborado un teorema que demuestra que el mundo real emerge del mundo cuántico mediante un proceso "darwiniano" de selección que "cristaliza" ciertos estados subatómicos. Estos estados cuánticos dominantes son los que terminan imponiéndose al conjunto de los observadores, formando el único y real universo que percibimos cotidianamente. Por Eduardo Martínez de Tendencias científicas.
A este nivel profundo de la realidad se le llama mundo cuántico. Es
la última frontera del conocimiento, continuamente recorrida y
explorada desde comienzos del siglo XX, en busca de explicaciones
referentes al mundo cotidiano: ¿existe realmente? ¿es una invención
del cerebro? ¿cómo se forma ante nuestros ojos?
Lo que hemos aprendido de esta exploración es que el mundo
cuántico, que está formado por unidades de energía o quantos, en vez de por átomos,
subyace bajo el mundo real proporcionándole los elementos
necesarios para que emerja ante nosotros como la realidad que
conocemos: el cielo, las estrellas, las casas, los coches, las
personas.
Una de las paradojas que hemos descubierto de ese mundo cuántico es
la dificultad que presenta para ser conocido, ya que un sistema
subatómico evoluciona (suponemos) de forma determinista hasta el
momento en que es observado. En ese momento, el sistema modifica su
comportamiento y evoluciona de manera aleatoria.
Observación y decoherencia
Sabemos también que ese mundo subatómico es en realidad un conjunto
de probabilidades imprecisas y que cuando se produce lo que los
físicos llaman la decoherencia,
se desencadena un proceso que convierte el mundo de posibilidades
del universo cuántico en una realidad única y palpable para
nuestros sentidos.
Los quantos sufren así una especie de metamorfosis y se convierten
en átomos. De esta forma se construye, creemos, el mundo real, el
que tocamos con las manos, vemos con los ojos, oímos y sentimos.
Los físicos llaman a este proceso de creación de realidad
"reducción del paquete de ondas" de probabilidad.
También hemos descubierto que la observación resulta fundamental
para la creación de realidad. Tal como explicó el físico alemán
Dieter Zeh, uno
de los artífices de los sistemas de decoherencia, en una entrevista publicada en esta revista,
"la observación es un proceso cuántico que incluye la
decoherencia".
La duda surge al constatar que si la observación es fundamental
para la creación de la realidad, y que hay múltiples observadores
que participan en este proceso de decoherencia, ¿cómo es posible
que todos los observadores describan la realidad de la misma forma?
¿Por qué tenemos conciencia de una única realidad en vez de una
realidad múltiple a la medida de cada observador?
Darwinismo cuántico
Una respuesta a esta cuestión acaba de ser formulada por Wojciech
Zurek, uno de los teóricos de la decoherencia, y otros
físicos del Laboratorio de Los Álamos en Nuevo México, en un
artículo que publica la revista Phisical Review Letters, del
que también se hace eco Nature.
Para Zurek y sus colegas, esta unidad del mundo real se obtiene por
un proceso de selección de estados llamado darwinismo cuántico. Es
decir, existen en el mundo cuántico unos estados dominantes,
llamados pointer states,
que son suficientemente sólidos para imponerse a cada uno de los
observadores sobre los demás estados.
Eso quiere decir que el observador que construye el mundo real sólo
observa una pequeña parte del universo cuántico y que por ello no
puede individualmente cambiar el estado cuántico dominante a nivel
global. Ese estado dominante es el que termina imponiéndose al
conjunto de los observadores, formando el único y real universo que
percibimos cotidianamente.
Zurek y sus colegas han elaborado un teorema que explica cómo nuestro
mundo real emerge del mundo cuántico, mediante el mencionado
proceso "darwiniano" de selección que
"cristaliza" ciertos estados cuánticos posibilitando la
formación de las formas macroscópicas y la relación de los
observadores con su entorno.
Transformación por observación
Los investigadores de Los Alamos National Laboratory afirman al
respecto que con este teorema se resuelve uno de los escollos de la
física cuántica: la explicación de por qué siempre aparece un
universo atómico a pesar de la multiplicidad de observaciones.
Según explican, ciertos estados o "formas" se
"imponen" a otras como consecuencia de la existencia de
una selección natural cuántica, lo que ellos llaman el
"darwinismo cuántico". La información sobre estos estados
prolifera y deja huellas en el medio en el que se encuentran,
creando así una imagen perdurable que es la que tiende a percibir
el conjunto de los observadores.
Si no fuera por este darwinismo cuántico, el mundo sería
impredecible y tendría distintas versiones en función de cada
observador. La vida cotidiana sería algo difícil de llevar a cabo
porque nadie tendría información lo suficientemente fiable de su
propio entorno.
Sistemas objetivos
La dificultad inicial de la física cuántica radica en la siguiente
cuestión: un sistema cuántico varía inevitablemente cuando incide
en él la mirada de un observador. Es decir, que las mediciones y
observaciones de los sistemas cuánticos por lo general no pueden
ser completamente "objetivas", sino que implican siempre
un cambio en función de la interacción del sistema con sus
observadores.
Wojciech Zurek y sus colegas consideran que el universo es cuántico
en su realidad última, por lo que la realidad objetiva en principio
puede tambalearse desde esta perspectiva. Sin embargo, un árbol es
para casi todo el mundo el mismo árbol. ¿A qué se debe este
"acuerdo" perceptivo que comparten casi todos los
seres?
El equipo de investigadores de Los Alamos define como
"objetivo" a un sistema cuyas propiedades son evidentes
de manera simultánea a muchos observadores, sin que éstos sepan
exactamente lo que van a mirar antes de hacerlo o sin que exista un
acuerdo tácito previo acerca de cómo deben mirar o percibir.
Los físicos coinciden en señalar que el mundo macroscópico clásico
(que parece compuesto de sistemas objetivos) emerge de un mundo
cuántico con muchos y diversos estados posibles.
Estos múltiples estados interaccionan entre ellos y con su entorno
estabilizando ciertos estados preferentes que producen el resultado
macroscópico final. Sin embargo, el funcionamiento exacto de estas
interacciones y de la cristalización en la forma resultante aún se
desconoce.
Estados punteros más estables
Los estados cuánticos que se estabilizan son los llamados
"estados punteros". Estos estados son los únicos que
capta el observador, y en los que coincide con el resto de los
observadores debido a un proceso de decodificación común que, según
estos físicos, es posible gracias a que las perturbaciones de los
sistemas cuánticos eliminan todos los estados salvo los que son
punteros.
Sin embargo, Zurek y sus colegas precisan que los observadores
perciben los sistemas indirectamente, esto es, que miramos los
efectos de los sistemas en una pequeña parte de su entorno, no al
sistema mismo. Por ejemplo, si miramos al árbol, lo que vemos en
realidad es el efecto de las hojas y de las ramas, los fotones de
luz solar que éstas despiden.
Los investigadores de Los Alamos Laboratory han desarrollado un
teorema matemático que demuestra que los estados punteros coinciden
realmente con estas mediciones indirectas del entorno de los
sistemas. Según estos físicos, el entorno de los sistemas se
modifica porque contiene la huella de los entornos punteros de los
objetos que vemos.
Huellas duraderas
Sin embargo, afirman Zurek y sus colegas, una huella en el entorno
realizada por los estados punteros no es suficiente para garantizar
la realidad objetiva de un objeto determinado: se necesitan
múltiples huellas para que diferentes observadores vean lo
mismo.
La creación de múltiples huellas es un hecho automático porque cada
observación individual capta sólo una pequeña parte de la huella en
el entorno. Por ejemplo, nunca existiría el peligro de
"agotar" los fotones que desprende un árbol
permitiéndonos ver sus estados punteros, sin importar la cantidad
de gente que lo mire. La multiplicidad de huellas de los estados
punteros se da precisamente por la fuerza de éstos.
Asimismo, hacer una huella no imposibilita para hacer otra de
manera que los estados punteros resistan toda observación para
dejar además "descendientes" que heredan sus propiedades,
huellas que se asimilan a las primeras. De esta forma, el mundo
macroscópico es posible y asegura su permanencia temporal y su
capacidad de interactuar con los observadores.
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realmente muy interesante esta propuesta cuantica, que trata de dar un poco de luz al oscurecido universo de ondas y particulas.-felicitaciones.-ciencia cosmo global.-