Un nuevo y espectacular descubrimiento durante las excavaciones que se realizan en la Pirámide de la Luna de Teotihuacan ha revelado un enterramiento relacionado con un sacrificio, de una época cuando la vieja metrópolis estaba en su punto álgido. El arte hallado no se parece a nada encontrado en Mesoamérica con anterioridad.
uando la excavación de la pirámide casi ha finalizado, emerge una interesante conclusión: el monumento era un lugar importante para la gente de Teotihuacan, que lo empleaban para aclamar el poder estatal a través de ceremonias y sacrificios. En contra de anteriores interpretaciones, el militarismo era un aspecto central en la cultura de la ciudad.
Teotihuacan, construida hace 2.000 años, fue la primera gran ciudad
del hemisferio occidental. Situada a unos 40 km de Ciudad de
México, la antigua civilización que la construyó dejó una extensa
red que cubre ocho millas cuadradas y signos de una cultura única.
Pero ni siquiera los aztecas, que le dieron su nombre actual, saben
quienes fueron sus constructores. Llamaron a sus ruinas "la
ciudad de los Dioses". La Pirámide de la Luna es precisamente
una de sus estructuras más viejas, y hace tiempo que se sospechaba
que era un centro ceremonial.
Las excavaciones, lideradas por Saburo Sugiyama, de la japonesa
Aichi Prefectural University, y Rubén Cabrera, del Instituto
Nacional de Antropología e Historia de México, han permitido hallar
una quinta tumba, esta vez en el centro de la quinta de las siete
etapas de construcción de la pirámide.
El enterramiento contiene los restos de doce personas, todas
aparentemente sacrificadas, junto con una amplia variedad de
ofrendas y de restos de varios animales de importancia claramente
simbólica. Diez de los cuerpos humanos fueron decapitados. Sugiyama
cree que los signos de violencia y militarismo en el enterramiento
son especialmente significativos.
Todo hace suponer que se llevó a cabo algún tipo de ritual
mortuorio dentro de la tumba antes de que fuera rellenada. La
ceremonia debió crear una horrible escena de derramamiento de
sangre con personas y animales sacrificados. Tanto si las víctimas
fueron muertas en el mismo lugar como si ello ocurrió en otro
cercano, este ritual fue uno de los actos más aterradores
arqueológicamente registrados en Mesoamérica.
Todos los restos humanos tenían las manos atadas en la espalda, y
los diez cuerpos decapitados parecen haber sido depositados, en vez
de colocados con cuidado, en un lado del enterramiento. Los otros
dos cuerpos, ricamente ornamentados, debieron tener un alto
rango.
Los huesos de los animales debieron ser caninos (lobos o coyotes),
felinos (pumas o jaguares) y aves (algunos se han identificado como
águilas). Todos son símbolos de guerreros en la iconografía de
Teotihuacan.
El ritual se llevó a cabo durante el proceso de ampliación de la
pirámide. Los objetos simbólicos podrían indicar que el gobierno
quería mostrar la expansión de su sagrado poder político y quizá la
importancia de las instituciones militares.
Uno de los hallazgos más interesantes es una "ofrenda" en
el centro del enterramiento, que contiene un mosaico de una figura
humana, cuyas características artísticas son únicas.
Información adicional en: Arizona State University
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El alcance del conocimiento del bien y el mal en el ser humano ha sido tal, que imaginarse el gran poder de creatividad que se posee y falta del buen entendimiento nos lleva a recapacitar el camino que la humanidad lleva y que de una manera muda y en silencio pareciera gritar desde el pasado el destino final de la humanidad.
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