Los científicos del programa internacional Argo se encuentran a medio camino de su notable esfuerzo por desplegar una red mundial de instrumentos robóticos para vigilar e investigar los importantes cambios que se producen en los océanos del mundo. Ya operan 1.500 de las 3.000 boyas previstas.
stos aparatos flotantes, robóticamente programados para registrar y transmitir datos, han sido diseñados para proporcionarnos información esencial sobre el clima y los fenómenos meteorológicos. También nos informan sobre el almacenamiento de calor en los océanos, los cambios de salinidad debido a la lluvia, eventos como El Niño, el impacto de las temperaturas oceánicas en los caladeros y ecosistemas regionales, las interacciones entre los océanos y los monzones, y cómo los mares dirigen los huracanes y tifones.
Con las 1.500 boyas actualmente disponibles ya se tiene una visión
casi global del planeta, explica John Gould, director del proyecto
Argo y científico de la Scripps Institution of Oceanography. La
información recogida y transmitida vía satélite se emplea en doce
centros meteorológicos/climáticos de todo el mundo para elaborar
análisis regionales y predicciones.
Por ejemplo, investigadores de Nueva Zelanda han descubierto que
las corrientes oceánicas de la región son más fuertes ahora que la
última vez que se realizaron mediciones, con técnicas navales, en
los años 90. Las boyas permitirán realizar seguimientos continuados
en el tiempo y encontrar las causas de los cambios.
También será posible recoger datos de fenómenos de corta duración,
como los huracanes. Cuando un huracán se forma y avanza a través de
una zona, si está presente una boya debajo de ella se puede
apreciar cuánta energía ha absorbido la tormenta del océano, y por
tanto predecir su futura incidencia y peligrosidad.
Al ritmo presente, las 3.000 boyas del proyecto Argo estarán en su
sitio y operando hacia 2007. Estos ingenios son robots autónomos
programados para hundirse hasta más de una milla por debajo de la
superficie oceánica, y derivar durante al menos cuatro años. Cada
diez días, emergen hasta la superficie, para registrar la
temperatura, la salinidad y las corrientes, y enviar la información
a los satélites. En pocas horas, los datos han alcanzado el Global
Telecommunications System y se encuentran disponibles libremente en
Internet. Después, la boya volverá a hundirse para iniciar un nuevo
ciclo (de los 150 para los que ha sido diseñada, aunque algunas
pueden durar más).
Un total de 18 países están aportando boyas a la red, y muchos
otros proporcionan asistencia en su despliegue y acceso a las aguas
nacionales.
Información adicional en: Scripps IO
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