La vida cerca del centro de nuestra galaxia no tiene prácticamente modo de surgir, pues cada 20 millones de años en promedio las masas de gas fluyen por el centro galáctico y colisionan, creando millones de nuevas estrellas. Las estrellas más masivas pronto se convierten en supernovas, explotando violentamente y irradiando en el espacio circundante grandes cantidades de energía que lo esterilizan por completo. Éste escenario se detalla en el número del 10 de octubre la revista The Astrophysical Journal Letters, por el equipo del astrónomo Antony Stark.
l descubrimiento del equipo fue posible gracias a las capacidades únicas del Telescopio Antártico Submilimétrico y Observatorio Remoto (ART/RO), el único del mundo capaz de realizar mapas para estudiar el cielo en longitudes de onda submilimétricas.
El gas que genera cada brote de formación estelar procede de un anillo de material localizado a 500 años luz del centro de la galaxia. Dicho gas se agrupa bajo la influencia del núcleo galáctico, un conjunto compacto de estrellas de 6000 años luz de longitud que rota en la parte central de la Vía Láctea. Las fuerzas de marea y las interacciones con esta región de la Vía Láctea contribuyen a que el anillo de gas vaya alcanzando densidades cada vez mayores hasta llegar a un punto crítico, en el cual éste acaba precipitándose masivamente hacia el centro galáctico y acumulándose, produciendo una enorme brote de formación estelar.
Los astrónomos observan brotes de formación estelar en muchas galaxias, frecuentemente cuando tienen lugar colisiones entre éstas, lo cual produce como consecuencia la acumulación de ingentes masas de gas. De todas formas, estos brotes también pueden producirse en galaxias aisladas, incluyendo la propia Vía Láctea. Según Stark, el próximo brote de formación estelar en la Vía Láctea tendrá lugar relativamente pronto, aproximadamente en los próximos 10 millones de años.
Esta predicción se basa en las medidas realizadas por el equipo de científicos, que muestran que la densidad del gas en el anillo situado en torno al núcleo galáctico se acerca a la densidad crítica. Una vez se cruce esta barrera energética, el anillo colapsará comenzando así una intensa etapa de formación de nuevas estrellas: una masa equivalente a 30 millones de masas solares se desplazará hacia el interior de la galaxia, produciendo una saturación en el agujero negro -de 3 millones de masas solares- que se sitúa en el centro galáctico. A pesar de que el agujero negro es extremadamente masivo, éste será incapaz de consumir la mayor parte del gas, el cual constituirá el combustible para crear millones de estrellas nuevas.
Las estrellas más masivas consumen su combustible mucho más rápidamente que aquellas más livianas, agotándolo en sólo unos pocos millones de años y dando como resultado la explosión de supernovas, que irradian energía al espacio circundante. Debido a que estas regiones de la Vía Láctea presentan una alta densidad estelar, toda la región del centro galáctico sufrirá una irradiación tan dramática que será capaz de aniquilar cualquier tipo de vida que se hubiese formado en un planeta de tipo terrestre. Afortunadamente, la Tierra se encuentra a unos de 25.000 años luz del centro galáctico, lo suficientemente lejos para no hallarse en peligro.
Las instalaciones empleadas para realizar este descubrimiento, AST/RO, consisten en un telescopio de 1.7 metros de diámetro que opera en uno de los ambientes más extremos de planeta, los desiertos de la Antártida. Este instrumental se encuentra localizado en la estación Amundsen-Scott localizada en el polo sur y a cargo de la National Science Foundation. El aire en el el polo sur es muy seco y frío, por lo cual la radiación que en otros sitios es absorbida por el vapor de agua puede ser detectada en esta región a nivel de superficie.
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GUAU