En universidades y observatorios de todo el mundo, como el Centro Nacional de Investigación Atmosférica de Estados Unidos y el Centro Hadley de Gran Bretaña-- los especialistas escudriñan el futuro del clima por medio de supercomputadoras. Los programas procesan complejos cálculos en base a miles de fórmulas matemáticas vinculadas entre sí.
Los frentes climáticos aparecen en las pantallas en trazos de azul y blanco que representan temperaturas, lluvias, hielo derretido, evaporación atmosférica, nubes y una infinidad de factores a lo largo de días, meses y años en los "modelos de circulación general"" (GCM).
El aumento de velocidad de las computadoras ha estimulado la confianza de los científicos de poder llegar a descifrar el futuro del clima.
"Los modelos solían consistir, digamos, en 50.000 líneas de códigos de computación"", dijo uno de los pioneros, V. Ramanathan, del Instituto Scripps de Oceanografía en San Diego. "Ahora hay 500.000"".
Pero si el poder de las computadoras responde cada vez más al desafío, el aporte de los científicos --especialistas capacitados, técnicos, analistas-- no es suficiente, dijeron científicos a la Associated Press en una serie de entrevistas.
"Los modelos se han tornado más sofisticados, pero todavía carecen de muchos factores"", dijo Ramanathan.
"El cambio de clima probablemente merece un esfuerzo a la escala del Proyecto Manhattan"", dijo el meteorólogo Richard Somerville, de Scripps, en referencia al proyecto para desarrollar la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. "Lo que hay es unas pocas docenas de proyectos de GCM, cada uno con un puñado de gente"".
Sean cuales fueren los recursos, nadie anticipa que los modelos proporcionen una verdad incontestable, una prueba segura de que las emisiones de los automóviles el mes pasado causaron el calentamiento del mes actual. Por cierto, el perfeccionamiento de los modelos plantea nuevos interrogantes.
"Se plantean pequeños detalles. ¿Qué pasa con el tamaño de las gotas de lluvia? ¿Y los témpanos? ¿Y los bosques?"", se preguntó el prominente científico Wallace Broecker, de Columbia, quien en los años 70 dio la voz de alarma sobre el calentamiento global. "Vamos a tener que tomar una decisión acerca de qué hacer sobre la base de evidencias insuficientes"".
La incertidumbre agrava las preocupaciones. Por ejemplo, algunos creen que el calentamiento global reducirá los "vaciaderos naturales de carbono"", o sea, que las sequías aniquilarán las selvas húmedas, que absorben el anhídrido carbónico. Eso elevaría los niveles del gas en la atmósfera, agravando a su vez el calentamiento en un peligroso círculo vicioso.
"Si imponemos ahora (controles a las emisiones), esencialmente estaremos ganando tiempo para profundizar la investigación"" sobre dichas cuestiones, afirmó el climatólogo Jorge Sarmiento, de la Universidad de Princeton.
La mayor incertidumbre se relaciona con las nubes, tanto en su variedad como en su dinámica a pequeña escala. Las nubes reflejan la luz del sol, contribuyendo a enfriar el planeta, y a la vez actúan como manta protectora, manteniendo la Tierra cálida.
"Cuando actúan efectos contrapuestos como ésos, es difícil trazar el modelo"", dijo David Pierce, un veterano modelador de Scripps.
Pero se están logrando progresos, especialmente por parte de los científicos del Departamento de Energía de Estados Unidos que estudian las nubes en minucioso detalle en decenas de miles de kilómetros cuadrados sobre Oklahoma, Alaska y el Pacífico occidental.
Una preocupación más reciente gira en torno de la incidencia de los aerosoles de todo tipo con sus diminutas partículas. Algunas de éstas contribuyen a enfriar al esparcir los rayos de luz, y otras causan calentamiento. Algunas ayudan a la formación de nubes y otras a su dispersión.
En la cumbre del volcán extinguido Mauna Loa, entre las cúpulas plateadas del observatorio de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, John Barnes investiga los aerosoles en la estratosfera disparando un rayo láser verde para medir partículas hasta a 80 kilómetros de altura.
El prominente científico James Hansen, de la NASA, cree que los modelos climáticos pueden haber omitido un efecto decisivo de dichas partículas, el hollín industrial que se acumula en las nieves y hielos del norte. En vez de reflejar casi toda la luz del Sol, el paisaje más oscuro podría estar absorbiendo más calor, conjetura su equipo.
Un sentido de urgencia predomina en la investigación climática.
Las herramientas desplegadas sondean el espacio distante y las profundidades oceánicas. Un satélite de la NASA, desde 1.600.000 kilómetros de distancia, observará toda la superficie iluminada de la Tierra para medir los intercambios de calor.
Para estudiar la interacción climática con el océano, 20 naciones están lanzando 3.000 sondas con instrumental científico hasta a un kilómetro y medio de profundidad para estudiar las corrientes submarinas durante años, incluyendo temperaturas y otros factores. Las sondas subirán a superficie regularmente para transmitir por radio los resultados vía satélite.
Muchos creen que los datos más vitales provendrán de ICESat, un satélite lanzado recientemente que por primera vez medirá las capas
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.
Entérate de cuándo hay nuevos comentarios