Imagine encontrarse a miles de kilómetros de su hogar. Su madre le cocina su comida favorita, toma una foto y se la envía por correo electrónico. ¿No sería espléndido abrir el mensaje, ver la fotografía, y además oler el aroma del plato? Dos investigadores de la University of Alberta trabajan para hacer que este gran avance se haga realidad. Su primer éxito en este camino es el desarrollo de una nariz electrónica para aplicaciones multimedia.
os inventores de la tecnología, el profesor Mrinal Mandal y el estudiante Rafael Castro, afirman que ésta permite reconocer diez diferentes grupos de aromas, desde frutas a cafés, de gases a especias, y muchas otras cosas más. El aparato se conecta a un ordenador PC, que determinará qué olor ha capturado la nariz electrónica.
Hasta ahora, se han desarrollado y empleado en la industria
variados detectores de olores, sobre todo para localizar pescado
que se haya podrido en un almacén, o gases peligrosos, tareas que
serían demasiado desagradables para las personas. Sin embargo, son
dispositivos caros y no apropiados para un entorno multimedia
porque fueron diseñados para trabajos muy específicos.
Mandal y Castro construyeron el suyo a partir de piezas
electrónicas baratas y que se pueden encontrar en cualquier tienda
especializada. Sin embargo, eso no quiere decir que el sistema sea
sencillo. El ojo humano dispone de tres receptores del color,
mientras que existen millones de receptores del olor en nuestra
nariz, y 1.000 tipos diferentes de receptores, de modo que es
necesario crear al menos 1.000 canales de este tipo para crear una
buena nariz electrónica.
De hecho, los dos científicos se encontraron con variadas
dificultades, algunas inesperadas. Por ejemplo, a diferencia de las
imágenes visuales o las señales de audio, los olores requieren el
movimiento de moléculas, las cuales pueden adherirse al detector y
permanecer allí indefinidamente. Para resolver este problema, tuvo
que crearse un sistema de limpieza.
Ahora que tenemos un detector que puede conectarse a un ordenador,
analizar un aroma determinado y codificar esta información para
transmitirla, es necesario desarrollar un generador de bajo coste.
Castro cree que éste es un reto que probablemente será más sencillo
que el propio detector, de modo que espera que pronto podamos
disponer de él. Conectado a cualquier ordenador, analizará la
información transmitida y la traducirá, combinando determinadas
sustancias, para generar los aromas deseados. A pesar de todo,
probablemente deberemos esperar aún entre 5 y 10 años para ver una
nariz electrónica multimedia comercial.
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