Los ingenieros de la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) están desarrollando un robot submarino alimentado por baterías que permitirá a los científicos explorar las regiones más remotas de los océanos, a profundidades de hasta 11.000 metros. El vehículo podría llevar a cabo tareas múltiples en condiciones extremas.
ara que su delicada electrónica y sus cámaras puedan soportar la enorme presión existente a tanta profundidad, el vehículo integrará tecnologías avanzadas, como cubiertas protectoras de cerámica.
El coste de su desarrollo, unos 5 millones de dólares durante 5 años, será sufragado por la National Science Foundation, aunque también participarán la US Navy y la National Oceanic and Atmospheric Administration. Al frente del proyecto están Andrew Bowen y Dana Yoerger (WHOI) y Louis Whitcomb (Johns Hopkins University). Se espera que los primeros ensayos con el prototipo puedan hacerse dentro de tres años.
Los científicos necesitan este tipo de vehículos para avanzar en la exploración de zonas casi desconocidas, como las fosas más profundas, donde se encuentran algunas de las zonas sísmicas más activas del planeta, o las regiones situadas bajo los casquetes polares. El HROV será lo bastante compacto como para poder ser desplegado desde casi cualquier buque en cualquier zona del mundo, respondiendo así a las cambiantes condiciones ambientales (terremotos, erupciones volcánicas ) que se deseen estudiar.
Los océanos cubren el 70 por ciento de la Tierra y tienen, como promedio, algo más de 3 km de profundidad. La zona más profunda, el abismo Challenger, en la fosa de las Marianas, en el Pacífico Occidental, alcanza los 11.000 metros (el monte Everest, la mayor montaña terrestre, tiene una altura muy inferior a esta cifra).
Los humanos sólo han visitado el fondo de la fosa de las Marianas en una ocasión, en 1960, gracias al batíscafo Trieste, comandado por Don Walsh y Jacques Piccard. Un robot japonés llamado KAIKO siguió sus pasos en 1995, pero el vehículo se perdió recientemente, de manera que los científicos no disponen ahora mismo de medios operativos con los que visitar estas regiones.
Con el HROV, los investigadores podrán obtener imágenes e información de forma continuada, durante 36 horas, que es la autonomía de sus baterías. Se cubrirán así amplias áreas en las que seleccionar zonas donde sea necesario realizar un estudio más detallado. Todos los datos serán almacenados a bordo, para ser recuperados cuando el vehículo regrese a la superficie.
En caso de que lo utilice, el cable de fibra óptica posibilitará las comunicaciones con el buque de apoyo. Es tan fino que no ofrece apenas resistencia al agua. Su longitud máxima es de 20 km. El operador, instalado en el barco, podrá controlar remotamente todos los movimientos y acciones del HROV.
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