Desde hace unos pocos años hemos notado un avance notable en el campo de las energías renovables. Los parques eólicos que pueden verse habitualmente mientras viajamos por carretera. En las viviendas modernas se instalan sistemas solares para suministro de agua caliente y electricidad; calderas y motores de biodiésel y etanol son ejemplos de medios alternativos de energía que empiezan a cobrar importancia.

Y es que el problema energético exige ya mismo la búsqueda de alternativas a las fuentes y recursos actuales. A día de hoy, las grandes demandas de energía de nuestra sociedad están cubiertas por los combustibles fósiles y las centrales nucleares. Esta demanda va en crecimiento, a medida que aumenta el progreso tecnológico. Se estima que con el ritmo actual de consumo de los recursos petrolíferos se garantizan reservas hasta el año 2050. Aparte tenemos el parón nuclear, con lo cual a mitad del presente siglo nos encontraremos con un serio problema.
Y no sólo está la cuestión de los recursos. Las emisiones en la atmósfera principalmente de CO2 debidas a la combustión de hidrocarburos, junto con los residuos radiactivos que deben enterrarse en los "cementerios nucleares" suponen un enorme impacto medioambiental que está deteriorando seriamente a nuestro planeta. Los gobiernos e instituciones oficiales han llevado a cabo medidas preventivas, como la firma del protocolo de Kyoto, pero es evidente que con nuestro nivel de consumo energético es prácticamente imposible frenar el aumento de las emisiones cuando menos reducirlas.
Con esta perspectiva se ve claro el nuevo reto tecnológico al que la humanidad se debe enfrentar en el siglo XXI: La búsqueda de fuentes de energía viables alternativas a las actuales, menos dañinas al entorno y prácticamente inagotables.
En el transcurso de esta búsqueda, que comenzó tímidamente hace unas décadas tras las pasadas crisis del petróleo de 1.973 y 1.980, se plantearon numerosas soluciones, Algunas de ellas más antiguas que la máquina de vapor y otras desarrolladas en la era espacial. Muchas de estas ideas no pasaron de ser proyectos utópicos hasta que ha saltado la alarma energética en la comunidad internacional ha obligado a plantearse cualquier posibilidad con el fin de reducir la dependencia de las fuentes de energía actuales. Y fue en este momento cuando entraron en escena las denominadas energías renovables, designación que no todos los autores admiten y que las engloban dentro del grupo de energías alternativas.
¿Qué son las energías renovables?
Se entiende como tales a las que provienen de fuentes naturales virtualmente inagotables, como son el viento o las corrientes de los ríos y las mareas. la denominación como renovables proviene de que son capaces de regenerarse por medios naturales. También se incluyen en este grupo las que se obtienen a partir de la materia orgánica o biomasa y se pueden utilizar directamente como combustible (madera u otra materia vegetal sólida). Por ello podemos distinguir dos tipos: las no contaminantes, como la energía eólica, hidráulica o solar y las contaminantes como las debidas combustión de biomasa. Éstas últimas emiten CO2 aunque en menor medida que el carbón y el petróleo, en una cantidad absorbible por el ecosistema y que le ayudará finalmente a producir biomasa.
Toda esta energía proviene del sol
El viento que hace girar las palas de los aerogeneradores y los antiguos molinos es originado por las diferencias de presión causada por el calor del sol. Este además controla la fotosíntesis que hace crecer las plantas que posteriormente servirán de combustible como biomasa. Por último, el sol es fuente directa que proporciona energía a los paneles fotovoltaicos o térmicos. A pesar del ello aún estamos lejos de aprovechar el potencial de energía proveniente del astro rey. En un año irradiará sobre la Tierra cuatro mil veces más energía que la que vamos a consumir. Con esta perspectiva las posibilidades de explotar las energías renovables son halagüeñas.
A favor y en contra de las energías renovables
Lo que podemos decir como las grandes ventajas de este tipo de energías es principalmente que al obtenerse de recursos naturales como son la luz del sol, el viento o la fuerza del agua no dependen de ciertos recursos externos evitando la dependencia de los países productores; además, el impacto medioambiental es mínimo en comparación con los efectos de los hidrocarburos y la energía nuclear.
Sin embargo, su principal desventaja consiste en la dependencia de los factores meteorológicos. A falta de viento los aerogeneradores no funcionarán. En días nublados los paneles solares reducirán el rendimiento de producción de calor o electricidad. Y si no ha caído suficiente lluvia las minicentrales hidráulicas tampoco trabajarán lo bastante. Son fuentes de energía muy fluctuantes, y ello supone uno de los principales argumentos que sostienen la afirmación de que nunca sustituirán a las fuentes de energía actuales.
Si bien el problema meteorológico supone un factor importante para los pequeños productores de energía como son las viviendas unifamiliares o comunidades de vecinos, éste se puede mitigar cuando es a gran escala: ubicando los parques eólicos o las centrales solares en zonas geográficas separadas podremos reducir este riesgo. A pesar de ello el ritmo de crecimiento de las renovables va en aumento. Se estima que en el presente año este sector genere un retorno de 13 mil millones de euros y haya 180.000 puestos de trabajo creados.
La estrella de las renovables
De todo este crecimiento, el mas significativo es el de la energía eólica. su avance en los últimos diez años ha sido espectacular, pasando de 4.800 MW de generados a 59.000 MW. Comparativamente, la explotación de aerogeneradores duplica ya al número total del resto de las renovables. Este hecho es particularmente significativo en nuestro país que ya es el segundo productor mundial. En un informe de Greenpeace recientemente publicado, La energía eólica podría llegar en 2050 a contribuir hasta el 34% de la producción de electricidad mundial, evitando así la emisión de 113 mil millones de toneladas de CO2.
¿Cuál es la perspectiva final de todo esto?
Podemos decir que por fin, la voz de las energías renovables se ha hecho oír a los gobiernos y grandes empresas de energía. Si a día de hoy las aspas de los aerogeneradores lideran este sector, no podemos distraer nuestra atención en la energía proveniente del mar. El potencial que nos brinda es tan grande como la fuerza del viento, si bien mucho mayor e incluso menos fluctuante ya que las mareas son fenómenos cíclicos perfectamente predecibles. Tampoco nos hemos olvidado del hidrógeno, que aunque es el combustible más limpio que existe, ya que sus emisiones no son más que vapor de agua, presenta varios inconvenientes como el mayor volumen de los depósitos y las mayores medidas de seguridad. No obstante, la solución de las pilas de combustible ha permitido impulsarla de manera que ya se prevé que en el 2020 el 5% del parque de automóviles de Europa esté formado por vehículos propulsados con hidrógeno. Si todas estas previsiones se cumplen, quizá podamos alcanzar el hito del año 2050 airosamente.


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