Ya me ha pasado muchas veces que cuando he subido a la Web un paquete grande de archivos digitales para compartir con amigos y familiares, me doy cuenta de que he incluido una foto por accidente. Pero una vez que esos documentos han sido enviados, quedan fuera del control de uno. Usualmente van a un servidor en algún lugar desde donde son distribuidos vía email o en un sitio para compartir fotos. Hacer que ciertos archivos sean privados o cambiar quién tiene acceso a ellos es un proceso complicado y tedioso.
sta semana probé un nuevo producto en la larga lista de programas que utilizan la sincronización automática para simplificar el proceso de compartir archivos grandes, concediendo la posibilidad de cambiar los archivos y las opciones de privacidad en cualquier momento. Se llama Tubes (www.tubesnow.com) de Tubes Networks y debe su nombre al sistema de tubos de succión neumática que se utiliza comúnmente en los bancos drive-through en Estados Unidos: uno se acerca en auto a la ventanilla y por un sistema de intercomunicación habla con la cajera y le pide los documentos necesarios para la transacción. La cajera los mete en un recipiente plástico que viaja por los tubos hasta el auto. Tras terminar de llenar los papeles, uno los devuelve por la misma red de tubos.
Tubes trata de trabajar con la misma clase de magia. Una vez instalada, la aplicación en el escritorio permanece abierta en su computadora como un lugar donde se hacen "tubos" para enviar los archivos. Cualquier clase de documento puede ser arrastrado, colocado y enviado para compartirlo con otras personas que también utilicen los tubos virtuales. Tan pronto como uno carga información en un tubo, basta un sonido de succión para que los archivos sean codificados y subidos al servidor del programa.
Los usuarios invitados pueden ver la información de su tubo en su versión completa, sin comprimir. El propietario del tubo siempre tiene la última palabra sobre lo que comparte y con quién y cualquier cambio en un tubo desde el disco duro de su computadora es detectado inmediatamente gracias a la sincronización automática. Esto garantiza que los visitantes siempre puedan ver la versión más reciente del tubo. A los tubos compartidos también se puede acceder desde la Web, evitando que los visitantes tengan que descargar el programa de Tubes a sus escritorios.
Otros productos como Sharpcast (www.sharpcast.com) y Pando (www.pando.com) también ofrecen maneras de compartir grandes archivos digitales. Sharpcast utiliza un sistema de sincronización similar al de Tubes: todo sucede tras bambalinas sin que el usuario tenga que hacer nada.
Tubes tiene una versión gratuita, que provee un gigabyte de almacenamiento, y varias que requieren el pago de una cuota con cinco, diez y 20 gigabytes de espacio por US$6, US$11 y US$21 respectivamente.
La mayor parte del tiempo, Tubes funcionó bien en dos computadoras Windows, una con XP y la otra con Vista. El uso inteligente de Tubes de un proceso ya familiar -arrastrar y colocar- le da a uno la impresión de que ya sabe utilizar el programa. Empecé a subir toda clase de archivos a los tubos que creé y los identifiqué con iconos representativos (cualquiera de los 10 que ofrece Tubes o una de mis propias imágenes).
Sin embargo, pese a toda la utilidad potencial del programa, Tubes tiene margen para mejorar. Por ahora, no hay una versión compatible con Mac y cuando mis amigos y yo intentamos acceder a los tubos compartidos desde un navegador de la red de Mac, los resultados fueron inconsistentes y, en algunos casos, totalmente infructuosos. A su vez, Windows Vista tuvo sus propios problemas. Tras instalar Tubes en mi portátil con Vista, me apareció un mensaje de error diciendo "argumento inválido". Tampoco pude ver las imágenes en miniatura de las fotos en mis tubos con Vista, pero sí en la computadora con Windows XP.
Ayer, Tubes lanzó una versión actualizada de su programa que pretende mejorar su facilidad de uso y el diseño del producto, además de afinar los procesos de compartir tubos y acceder a ellos desde Internet.
Antes de compartir los tubos, ajusté los permisos concedidos a cada uno de los invitados, etiquetándolos como Lector, Autor o Editor. Sólo el Propietario puede invitar a otros a ver un tubo. Pero estas etiquetas pueden volverse confusas. Más de una vez, otorgué a mis invitados el permiso de máximo nivel, el de Editor, permitiéndoles hacer cambios a los archivos en mi tubo. Pero entonces el programa les pidió introducir el email que registraron en Tubes y una clave, pasos que un visitante invitado no tendría por qué completar.
Tras instalar Tubes en una computadora en mi trabajo, también lo cargué en una PC en mi casa y fácilmente pude autosincronizar los tubos que había creado en la oficina en mi computadora en casa: todo un punto a su favor.
Tubes ha dado un buen primer paso, pero necesita mejorar su sistema para hacer que los niveles de autorización sean más comprensibles. Con unos pequeños arreglos, Tubes sería un producto que estaría dispuesta a seguir usando en mis computadoras Windows.
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