En el mundo de las nuevas tecnologías, el tamaño es un factor que incide de forma pendular. Los dispositivos de primera generación suelen tener un tamaño bastante respetable, por no decir voluminoso.
partir de ese momento, los fabricantes se esmeraron en miniaturizar el dispositivo a toda costa. Tanto es así que, llegado un punto, el tamaño se redujo tanto que surgieron problemas técnicos o recortes de prestaciones. Entonces el gadget vuelve a crecer y la maniobra se camufla bajo un nuevo epígrafe orientado a un presunto grupo de consumidores semiprofesional.
Ocurrió con los móviles, que menguaron hasta el tamaño quesito para volver a crecer con el UMTS, cuando se vio que las baterías de los pequeñines no duraban ni dos telediarios. Ocurrió con las cámaras digitales, que adelgazaron hasta que no podían albergar una óptica decente, momento en el cual nacieron las cámaras compactas de gama media, con mejores prestaciones y algo más entradas en carnes.
Los últimos en ganar peso para adaptarse al mercado han sido los ordenadores portátiles. Hace tres años, el precio de los portátiles se acercó al de los ordenadores de sobremesa y las ventas de ambos se equipararon por primera vez. El problema es que muchos ciudadanos comenzaron a utilizar su portátil como un sobremesa cuando el equipo no estaba preparado para ello. Entre las consecuencias se cuentan sobrecalentamientos, baterías quemadas, ojos cansados por estar demasiadas horas ante una pantalla de 14 pulgadas y muñecas doloridas por un teclado que no está pensado precisamente para jugar al Quake III.
Los fabricantes reaccionaron diseñando una nueva gama de ordenadores "portables", equipos más potentes, con pantallas más grandes y preparados para un uso prolongado.
Desde entonces, el engorde del portátil ha sido generalizado y cada vez quedan menos equipos pequeños y ligeros que llevarse al maletín.
A principios del año pasado, Microsoft orquestó una campaña de márketing sobre algo llamado "Proyecto Origami". El misterio se desveló en la feria Cebit del año pasado, en la que, los de Redmond presentaron con Samsung e Intel el primer PC Ultra portátil o UMPC. Se trata de una nueva categoría de ordenadores del tamaño de un libro de bolsillo. Carecen de teclado físico y, en su lugar disponen de una pantalla táctil en la que se muestran las teclas en dos abanicos laterales. Eso no impide, sin embargo, que puedan conectarse teclados y ratones externos como en un portátil convencional.
Los UMPC presentados hasta ahora ofrecen pantallas de aproximadamente siete pulgadas y una resolución mínima de 800x480. Como cualquier otro ordenador, los UMPC tienen capacidad para albergar cualquier sistema operativo como Windows XP en su edición para tablet PC o Linux. Lo mismo ocurre con los programas de PC estándar aunque hay que tener en cuenta que el pequeño tamaño de la pantalla puede dificultar el uso cómodo de algunas aplicaciones y requerir cambios en el interfaz.
Sin disco
El desarrollo de estos microordenadores ha sido posible gracias a la miniaturización que han experimentado componentes como los discos duros o los procesadores. Los UMPC son capaces de albergar chips de las familias Intel Celeron Mobile, Pentium Mobile, Intel Core o Via, con rangos de velocidad que oscilan entre los 500 y los 1.000 megahertzios. La capacidad de los discos duros de estos ordenadores parte de los 30 gigabytes y la memoria ram se sitúa en torno a los 256 Megabytes.
Muchos de ellos incluso han prescindido de los discos duros mecánicos tradicionales para optar por soluciones de almacenamiento basadas en memoria flash, como la de las cámaras digitales. Estas memorias no tienen partes físicas móviles, generan menos calor y consumen menos energía. En el lado negativo, su precio es aún muy elevado y su techo de capacidad de almacenamiento, menor. También ofrecen mayores problemas de recuperación de datos en caso de sufrir daños.
Aunque las cifras técnicas se mejorarán, a buen seguro, con el tiempo, queda bastante claro que los UMPC se sitúan a medio camino entre las PDA y los portátiles y que no son el medio idóneo para hacer correr los juegos más potentes del mercado o manejar aplicaciones que requieran de mucha potencia y amplitud de pantalla como los programas de diseño gráfico. Hablamos de dispositivos orientados a aplicaciones de ofimática como procesadores de textos o bases de datos, que ofrecen un apoyo excelente para archivar fotografías y ver vídeo durante un viaje. Por sus dimensiones, son también un medio muy adecuado para hacer funcionar programas de localización GPS o conectarse a Internet de forma inalámbrica en lugares con cobertura Wi-Fi.
La idea de crear un ordenador ligero y pequeño basado en una pantalla táctil no es nueva. Hace tres años, Microsoft ya intentó poner en marcha esta idea con los Tablet PC, ordenadores portátiles de tamaño estándar, pero dotados de pantalla táctil. Algunos modelos, carecían completamente de teclado y otros hacían uso de una bisagra que permitía ocultar las teclas y pivotar entre un portátil convencional y uno táctil. Se comercializaron varios modelos de estos dispositivos pero su aceptación en el mercado no ha sido especialmente cálida.
Los PC "ultraportátiles" son una versión reducida y mejorada de estos primeros Tablet PC, pero aún está por ver si calarán entre el gran público. La última feria CeBit de Hannover ha servido para presentar más nuevos modelos de este tipo de dispositivos. De momento, todos ellos deberán salvar el obstáculo de adaptarse a Windows Vista, el nuevo sistema operativo de Microsoft. Los modelos más recientes ya lo están haciendo.
Si quieres recibir cada semana las noticias más interesantes suscríbete a nuestro boletín.

Un artículo muy interesante.
Los UMPC tienen todavía mucho que evolucionar. Superan a las PDA´s prácticamente en todas sus prestaciones, es cierto. Desgraciadamente, también las superan (y por un buen margen) en precio.