El joven presidente del portal internet Livedoor, Takafumi Horié, figura central de un escándalo bursátil que desde hace una semana estremece Japón, pasará a la historia pero no como soñaba: convertido en el "dueño del mundo".
on retazos de sus numerosas declaraciones se está reconstruyendo al megalómano imbuído de sí mismo que se esconde detrás de esta historia.La vista de las ventanas de su oficina situada en el piso 38 de un rascacielos de Roppongi Hills, el barrio de la nueva 'jet set' nipona, ya le daba esa sensación de poderío.
"Imaginen poder admirar esta vista gloriosa todos los días. !Esto te hace sentirte en la cumbre del mundo y tener todo al alcance de la mano!", confesó en una revista profesional de béisbol japonesa. "Es una sensación embriagadora que te hace gritar: '!Sí, yo seré el dueño del mundo!", reconocía. No cabe duda de que el joven, que el lunes fue detenido junto a otros directivos de su empresa, conoció un ascenso fulgurante tras lanzar su "joven retoño" hace 10 años -bautizada entonces 'On the Edge' ('En el filo'), un nombre premonitorio-, en un apartamento de dos cuartos por el que pagaba un alquiler de 78.000 yenes mensuales (unos 557 euros de ahora), una miseria en la época para Tokio. Horié, de 33 años, que intentó sin éxito lograr un escaño de diputado en septiembre pasado como independiente, no escondía sus ambiciones políticas: "¿Por qué me presento a una elección? Porque tengo posibilidades de convertirme en primer ministro de Japón", respondió. Una veleidad que le podría salir cara al primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, que lo apoyó y lo alentó en sus ambiciones políticas contra uno de sus principales rivales, según los analistas. Horié también contribuyó a 'vender' la imagen de reformista de Koizumi en la elección. Las televisiones niponas retransmitían el martes un vídeo en el que aparece Tsutomu Takebe, secretario general del partido Liberal Democrático de Koizumi y uno de los más cercanos aliados de éste, pronunciando un discurso con el joven empresario al lado, al que describía como "mi hijo y mi hermano". El joven empresario no escondía su sed de dinero y su desprecio por las reglas, esperando en convertirse en un "magnate de la prensa, internet y de las finanzas".Seguro de sí mismo, Takafumi Horié se vanagloriaba también de que Livedoor hubiese "superado a Yahoo! en popularidad" y no escondía la receta de su éxito: "Puedo comprar cualquier empresa con dinero prestado".
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