Dos visiones opuestas sobre el polémico fundador de Oracle. Hace tiempo que los habitantes de Silicon Valley, junto con un pequeño grupo de ejecutivos de Wall Street, tienen dos impresiones opuestas sobre el hombre que actualmente dirige Oracle. Llamémosle Larry el Bueno y Larry el Malo.
arry el Malo dirige un barco pirata disfrazado de la segunda mayor empresa de software del mundo. Cuando no está volando en su jet Marchetti S211, está echando pestes contra los "tarados" que manejan la mayoría de las divisiones de tecnología de las empresas y contra ese "monopolista" (adivine quién) que vende esa "vieja basura". Además, él es la única persona que ha perdido US$1.000 millones a la semana durante un año. Mientras la Universidad de Stanford siga produciendo atractivas rubias de 22 años, él seguirá saliendo con ellas. Además, nunca se ha topado con una tecnología nueva que no le haya gustado.
Larry el Bueno dirige una corporación de US$10.000 millones anuales como si fuera una nueva empresa, administrándola de forma austera, impulsando sus motores y siempre buscando la próxima gran revolución. Cuando no está apartando a los negativos y a los avaros, se encuentra motivando a la crema y nata de prestigiosas universidades como MIT, el California Institute of Technology o Stanford para que construyan las herramientas de informática con las que van a funcionar las compañías de Fortune 500 del año 2010. Es el gran ayatollah de la guerra santa declarada por Silicon Valley contra el 'Demonio de Richmond'. En los últimos cinco años los títulos de Oracle se han triplicado y... mientras la Universidad de Stanford siga produciendo atractivas rubias de 22 años, él seguirá saliendo con ellas o, al menos así lo hizo hasta que su edad se volvió evidente.
Para aquéllos que disfrutan desentrañar este tipo de misterios sobre Larry Ellison, acaban de aparecer dos libros en Estados Unidos (aún no se han negociado los derechos para versiones en español) que ayudan a responder interrogantes o confirmar prejuicios conocidos.
El más breve de los dos, Everyone Else Must Fail (todos los demás deben fracasar), de Karen Southwick, es un amargo argumento para los detractores de Ellison, una mezcla de resentimientos e historias de terror protagonizadas por el ex lugarteniente de Ellison, Ray Lane.
Por su parte, Softwar, de Matthew Symonds, es abiertamente adulatorio. Está dominado por el locuaz Ellison, quien cooperó al grado de escribir pies de página para complementar la narrativa.
Ambos libros presentan los polos opuestos de este personaje, lo que puede ser el enfoque adecuado para uno de los verdaderos samurais del mundo de la alta tecnología.
Ambos autores se esfuerzan por describir el árido (aunque crucial) negocio de la creación y venta de software para uso industrial. Al rescate del argumento central aparecen una serie de aviones, yates, casas tipo James Bond, resentidos ex protegidos y duras rivalidades. Sin mencionar el simple asombro que causa el hijo de una madre soltera que nació en el modesto barrio del Lower East Side, en Manhattan, y creció en la parte sur de Chicago, compitiendo con Bill Gates por el título del hombre más rico del mundo.
Al igual que otros ejecutivos famosos como Steve Jobs y el propio Bill Gates, Ellison no advirtió el encanto de una educación superior, y estudió física sólo el tiempo suficiente para descubrir cómo ganarse la vida escribiendo códigos de escritura para sistemas IBM. En 1966, a los 22 años, se fue manejando hasta Berkeley, California, donde conoció a los investigadores y empresarios con los que más tarde se volvería a encontrar en Silicon Valley.
La visión de Ellison puede resumirse fácilmente. Como él mismo ha dicho, "no estamos en la maldita Edad de la PC". No. Estamos en la Edad de la Informática, y tanto él como Oracle están justo en el centro de ella.
Mientras la computadora personal se llevaba toda la atención, las bases de datos de Oracle se arraigaban silenciosamente en las oficinas de tecnología de la información de las empresas de todo el mundo. Con la llegada de Internet, lo que fue un goteo de información se convirtió en un aluvión. En la actualidad, cada vez que usted entra en Amazon, eBay o Yahoo, la asombrosa participación del 25% de Ellison en Oracle se vuelve un par de centavos más valiosa. (En contraste, Bill Gates posee actualmente menos del 10% de Microsoft).
Lo más impresionante de Larry Ellison es que a pesar de todo esto, (incluyendo su jet de US$85 millones, su casa de US$200 millones en California, el mayor yate que se haya construido e, igualmente importante, márgenes operativos constantemente por encima del 35% y una capitalización de mercado de US$60.000 millones) aún no está satisfecho.
Mientras el resto de Silicon Valley se preocupa sobre las reformas a las políticas de opciones sobre acciones y las tasas de interés, la sala de reuniones del piso 11 de 500 Oracle Parkway siempre está fraguando una revolución.
¿De qué tipo? Bueno, para comenzar, la complejidad de la informática corporativa se ha salido de control. Mil compañías de Silicon Valley necesitan desaparecer, comenzando con la archirrival de Oracle, PeopleSoft, por la que Ellison y su equipo han puesto en marcha un intento de compra hostil. La meta es una plataforma perfecta, con la informática en el centro. Un cambio drástico que haga por las compañías del siglo XXI lo que Windows hizo por los atribulados usuarios de las primeras PC de escritorio. Pues ocurre que Oracle está construyendo una plataforma de este tipo.
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