La Globalización industrial ha sido la fase inicial de la Superglobalización, las fábricas de los antiguamente llamados países industrializados, se han trasladado a países del Tercer Mundo, en busca de una mano de obra más barata, que permita colocar en los mercados de todo el mundo productos a precios más competitivos. Este proceso ha sido posible por la mejora de las comunicaciones, tanto las que desplazan por tierra mar y aire a personas y mercancías, como las electrónicas, que permiten mandar y recibir mensajes de coordinación y control entre la dirección de la compañía, las fábricas situadas en lejanos países, y los mercados repartidos por todo el mundo, meta final de los productos fabricados.
Si el traslado de los talleres, en esta
primera fase de la Superglobalizacion se llevó el trabajo físico,
en la nueva fase que se inicia se trasladarán las oficinas, se irá
el trabajo intelectual. El teletrabajo permite que muchos trabajos
burocráticos se realicen a miles de kilómetros de la oficina con
solo que la información que se manipula en los procesos
burocráticos, fluya sin problemas ahí donde esté el puesto de
trabajo del empleado. Con Internet ha dado comienzo el proceso, que
alcanzará su plenitud a medida que el ancho de banda tenga la
suficiente calidad para que videoconferencias y otros sistemas de
simulación de presencia virtual, minimicen la necesidad de
presencia física del empleado en los centros de trabajo.
Los grandes se van
Como ocurrió en la fase anterior el proceso comenzará en las grandes corporaciones, para las que una ligera reducción porcentual de la nómina, supone un gran ahorro monetario. Ellas harán de pioneras; (algunas ya lo están haciendo), creando las plataformas tecnológicas e informáticas precisas, a la vez que ensayan nuevas soluciones de Management que hagan posible realizar este proceso manteniendo el control y la calidad del trabajo en los estándares a los que habían llegado. Solucionados los iniciales problemas, otras empresas seguirán sus pasos, generando un proceso que afectará a todas las demás, pues quien no lo siga quedará en peor posición competitiva.
Nuevamente muchas de estas empresas elegirán el Tercer Mundo para la busca de mano de obra barata, pero a diferencia de lo ocurrido en el estadio anterior, las oficinas se cerraran, (en parte), en los países desarrollados, pero no se abrirán en el Tercer Mundo, pues el teletrabajo ha acabado además, con la necesidad de tener inmuebles donde agrupar los trabajadores, cada trabajador realizará su trabajo, allí donde más cómodo le resulte, normalmente en su propio domicilio.
Transacciones opacas
En estas condiciones, con toda probabilidad, las relaciones laborales entre empresa y oficinista cambien, muy posiblemente los oficinistas pasen a tener, en vez de la consideración de asalariados, una condición similar a la que hoy damos a los asesores externos, que trabajando para la empresa, lo realizan desde sus propios despachos, la de empresarios autónomos.
Una consecuencia será que los salarios generados por el trabajo realizado serán muy dados a caer dentro de la opacidad fiscal. Conocemos la pregunta final de un autónomo, ¿la factura, con IVA o sin IVA?, supongamos lo que puede ser cuando la empresa que le contrate el trabajo radique legalmente en un paraíso fiscal, el trabajador, resida en el otro extremo del mundo y todas las relaciones entre ellos se realicen por Internet. No hay que ser un águila para saber que casi todas las transacciones monetarias se realizaran, funcionando a toda máquina el dinero electrónico, entre Bancos de probado hermetismo fiscal y haciendo las inevitables entregas en dinero físico, empresas como Money Gram que en la práctica, actúan como cajas de compensación entre los que quieren introducir y sacar dinero de los países, reduciendo al mínimo las remesas efectivas de dinero entre países, incluido el dinero electrónico.
Los impuestos migran al consumo
En esta situación los impuestos a cobrar sobre los salarios disminuirán globalmente, además las Haciendas de todos los países se verán obligadas a rebajar porcentualmente tanto los impuestos sobre el rendimiento del trabajo como la contribución a la seguridad social, para poner en situación de competir el trabajo nacional frente al globalizado. Como consecuencia, el peso de la recaudación de impuesto pasará, de las rentas del trabajo a grabar consumo, más controlable fiscalmente, lo que se considera malo para la política de social que, adicionalmente a la pura recaudación tributaria, deben realizar los impuestos.
La brecha digital y la barrera idiomática
Naturalmente, estos trasvases económicos entre unas y otras zonas del planeta, aunque queden fuera de la vista de Hacienda, tendrán mucha repercusión en la economia de los países afectados. La primera es que la brecha digital marcará dramáticamente la diferencia entre los países capaces de aprovechar la Superglobalizacion, de aquellos que definitivamente queden marcados como los parias de la tierra. Es de desear que nuevos sistemas tecnológicos como el WiMax reduzcan el tamaño de la brecha en muchas zonas hoy atrasadas, pero indudablemente, pese a la buena voluntad que pongamos todos, las áreas más atrasadas del planeta quedarán excluidas del reparto.
También el lenguaje será un freno para la extensión del Teletrabajo, países en el que al menos las clases medias y dominantes han conservado el ingles de los antiguos colonizadores, como puede ser la India, Filipinas, Africa del Sur o Honk Kong, se verán favorecidos en este sorteo, también algo, pero menos les ayudará el idioma a los países del área francófona e incluso la hispana, pero aquellos países que tengan por idioma natal el Kazajo o el Suahili tendrán dificultades para subirse al carro del Teletrabajo.
Menos pateras
Otro cambio importante es que quizá cesen las actuales migraciones de las zonas favorecidas por el Teletrabajo, por un lado se empobrecerá el Primer Mundo y se reducirá drásticamente la oferta de trabajo en este área del planeta, por otro, la posibilidad de conseguir trabajo en su propio país, no solo desincentivará la emigración, sino que la mejora de ingresos de los que lo consigan, crearán un consumo local que provocará el nacimiento de muchos puestos de trabajo adicionales.
¿Qué haremos nosotros?
Y mientras tanto ¿qué es lo que haremos en los países que perdemos el trabajo?. Buena pregunta y difícil respuesta. solo podemos volver la vista atrás y esperar que se vuelva a repetir el milagro. Primero fue la mecanización del campo y el desplazamiento de la población a las grandes ciudades en busca de trabajo en la construcción y la industria. Cuando trasladaron las fábricas, ha aumentado la oferta de trabajos en servicios. El turismo, la sanidad, la enseñanza, y el ocio, han ocupado el espacio laboral que dejaron las fábricas, mientras, que los almacenes, el transporte y la distribución ocuparon las naves de las fábricas abandonadas. El caso es que de una forma en ambas ocasiones la pérdida de miles de puestos de trabajo se compensó con la aparicion de nuevos puestos mejor retribuidos, empujando el país hacia la prosperidad, en uno y otro caso aparecieron actividades no existentes anteriormente que sustituyeron con ventaja a las anteriores.
Que haremos en España
Si yo tuviera que hacer profecías de que vamos a trabajar en España, pienso que lo más probable es que continúe el auge de la construcción, no tanto en la edificación de nuevas casas, que también serán necesarias, si como parece parte de la población va a emigrar de las ciudades hacia el campo, como en la rehabilitación y adaptación de viejos edificios a las nuevas exigencias tanto de la moda y confort, como al aprovechamiento de la energía y reducción de consumo de agua que inevitablemente habrá que tomar.
Igualmente en los de productos de poco precio por kilogramo, se darán movimientos de repatriación, pues la diferencia cada vez menor del coste de la mano de obra entre una y otra parte del planeta, unidos a la fínalización de la energía barata, no compensará los crecientes gastos de transporte desde largas distancias, las frutas de Chile y de Sudáfrica no podrán competir por mucho tiempo con la fruta local.
Otra fuente de trabajo será aquellas actividades que exigen ser realizadas localmente. Los vendedores, servicios de mantenimiento, instaladores, etc. no podrán venir desde extremo oriente a colocar un equipo de aire acondicionado en una vivienda, necesariamente ha de hacerlo gente de aquí. Igual pasará con toda la gente dedicada a trabajar en la cadena de distribución de cualquier producto, desde la fábrica, al consumidor final.
España en concreto, tiene un enorme potencial tanto en turismo, como en lugar de residencia habitual para personas jubiladas de toda Europa, pero, salvo que islam siga siendo de manera indefinida equivalente a un mundo convulso y violento, tendremos una dura competencia con todas los países de la cuenca del Mediterráneo.
El futuro en nuestras manos.
Además, nuevas actividades son las que deben sustituir a las actividades que dejamos de hacer. Se nota ya , por fin, una mayor labor investigadora en la universidad española, ¡ojalá! una actividad a la que nos dediquemos los españoles en el próximo futuro sea incorporar los avances y descubrimientos de la universidad a usos corrientes de la sociedad.
Por supuesto que la vida suele ser mucho mas original que nuestra imaginación y repuestas a la pregunta de ¿Qué hacemos?, tiene muchas respuestas y no todas son bonitas y positivas, pero igualmente no todas son malas, en nuestras propias manos y en la habilidad de nuestros dirigentes, tanto empresariales como sociales esta nuestro propio futuro. No culpemos a los trabajadores del tercer mundo de que nos quitan el trabajo, ellos tienen el mismo derecho que nosotros a tener una vida digna, y es en nuestras manos donde está nuestro futuro, como en las suyas donde está el suyo. No podemos esperar ni unos ni otros que los des fuera nos saquen las castañas del fuego, cada cual ha de valerse por sí mismo.

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