William Shakespeare argumentó convincentemente que cuando algo se vuelve rosa y le importa al corazón, la nomenclatura se vuelve superflua, porque lo que llamamos rosa olería igual de dulce con cualquier otro nombre. De todas formas, el Bardo debería estar de acuerdo en que, para mejores resultados, la industria de la tecnología debe exigir mayor claridad en sus definiciones. De todas formas, este no es siempre el caso.
Esperad un segundo... ¿No es Linux el sistema operativo que reside en la mayor parte de los servidores del mundo, usado por los ordenadores más potentes que corren data centers, con más páginas web publicadas y conduce la mayoría de las redes corporativas? Desde hace poco tiempo, la respuesta es sí. De cualquier modo, Tux el pingüino, la mascota de Linux, ha escapado del cuartito en el que lo tenían encerrado expandiéndose ahora a través de un área mucho más amplia del escenario tecnológico.
No todos los ordenadores utilizan un sistema operativo. El ordenador que controla tú lavadora o tú horno no tiene sistema operativo. Ejecuta una y otra vez el mismo programa por lo que añadirle un sistema operativo solo serviría para entorpecer su trabajo.
A principios de 1997 Netscape dominaba el mercado de los navegadores de Internet, fue entonces cuando Microsoft lazó la versión 4 de Internet Explorer que se distribuía gratis y preinstalada en la última versión de sus sistema operativo: Windows 98. A finales de ese mismo año el 90% de los usuarios utilizaba Internet Explorer.
El movimiento de Software Libre cuenta con gran atención por parte de un número de usuarios cada día mayor. Además, las mejoras experimentadas en los dos últimos años por las distribuciones de Linux, unidas al avance de programas clave dentro de este sistema operativo como Mozilla u Open Office , hacen que cada día más usuarios consideren integrarse en esta filosofía tanto en el ámbito profesional como doméstico.
El sistema operativo de nuestro ordenador contiene las bases sobre las que se van a ejecutar el resto de programas. El corazón del sistema es el kernel, donde se reúnen las ordenes más importantes para que el software se comuniquen con el hardware de la maquina. Pero estas órdenes no sirven de nada sin un conjunto de programas que las pongan en funcionamiento. El concepto de distribución pretende que el sistema operativo se distribuya con programas que realmente sean de utilidad.
¿Para que utilizamos el ordenador? Es quizás una de las primeras cosas que viene a la cabeza una vez hemos acabamos de instalar nuestra distribución Linux, hemos superado la configuración del hardware, y nos encontramos frente al escritorio. ¿Y ahora que?, Mi idea era ver que parte del día a día frente al ordenador podía realizar.
La percepción que en la actualidad el usuario tiene de un sistema operativo se funde indisoluble con el concepto de escritorio. La potencia de los sistemas operativos modernos se mide en gran medida por la potencia de su interface gráfica de control. La mejora de los interfaces gráficos y la popularización de sistemas como el MacOS y Windows han contribuido al olvido de la línea de comandos.
Aunque en la practica nos encontremos con multitud de casos distintos la filosofía del código abierto esconde detrás de si aplicaciones que garantizan los derechos del usuario. En la mayoría de los casos el software propietario restringe los derechos de copia, modificación, préstamo, alquiler o uso en diferentes máquinas. De hecho en muchas ocasiones el propietario continua siendo la compañía que ha creado el producto y solo obtenemos el derecho de uso, algo que recuerda más a un alquiler que a una compra.
La industria del software acabó con su última crisis de propiedad intelectual la semana pasada cuando Sun Microsystems aceptó pagar a Eastman Kodak Co. 92 millones de dólares para dejar de lado un enfrentamiento de dos años acerca de una patente que llevada al extremo más detallista suponía una infracción por parte del lenguaje de programación Java. El acuerdo de la semana pasada ha acallado esa calamidad. Aunque por cómo andan las cosas, es sólo una cuestión de tiempo que veamos otra confrontación por propiedad intelectual así.
