Quizá mañana se invente un soporte digital que desplacen al libro,
como antes el libro desplazó a los rollos de pergamino, pero hoy
por hoy, leer, lo que se dice leer, sigue siendo más agradable
hacerlo sobre un libro que en la pantalla. Los que escribimos para
el soporte digital, tenemos que ir directamente al grano, pues
sabemos que cualquier disquisición, que se leería sin problemas en
papel, cansa al lector en la pantalla.
Dice el dicho, que el saber ocupa lugar, pero es falso, ¡vaya si ocupa!. Sin ser ni mucho menos un erudito, los libros, manuales y revistas técnicas que debo conservar, pueden necesitar cada año 60 cm. más de estantería, si se añade lo que quieren guardar los otros componentes de mi familia, tirando muy por lo bajo necesito al menos dos metros de estanterías nuevas cada año. No me puedo quejar, con relación a la media, vivo en una casa amplia, pero, poco a poco he ido poniendo librerías en todos los rincones de la casa, y ya no hay espacio para más estanterías. El remedio es entresacar periódicamente libros, guardarlos en cajas y bajarlos al sótano. Pero esta no deja de ser una solución a medias. Pese el orden con que amontonamos los trastos, el sótano ya no da más de sí, y se plantea el terrible trauma de tirar los libros.
Hay todo tipo de libros, de texto de la carrera, a novelas de bolsillo. Con toda seguridad, libros que no voy a volver a leer nunca más, libros que puedo tirar sin el menor remordimiento, pues nadie me daría nada por ellos. Pero son parte de mi vida, contienen lo que me ha hecho ser lo que soy. Como ellos, unas veces soy vulgar y otras brillante, a veces defiendo tesis erróneas y otras estoy lleno de sentido común, me he quedado obsoletos o soy un clásico. Soy el producto de toda una vida de lecturas y por ello siento dolor al tirarlos a la basura, me gustaría darlos otra oportunidad..
Una alternativa a tirarlos
He aquí que Internet viene en mi ayuda. Hay una alternativa a tirarlos a la basura, al menos para aquellos que pueden seguir siendo de interés, que aún conservan vigencia. La solución es hacer el bookcrossing. Abandonar los libros, debidamente etiquetados y señalados en cualquier lugar, con la esperanza de que encuentre un lector que los lea y los vuelva a liberar para otro lector. En una palabra, crear una biblioteca ambulante de libros sin dueño.
Liberar así un libro, produce un dulce dolor, parecido, (naturalmente, a otro nivel), al que se siente cuando un hijo se va definitivamente de casa, por un lado una honda pena, pero por otro la alegría de ver iniciarse un nuevo ciclo de vida, el libro sale de tu casa para iniciar su propia vida. Por el momento solo he liberado cinco libros, (si quieres saber más de ello pincha aquí), y no he vuelto a tener noticias de ellos, me hubiera gustado que alguien me contara por donde andan. Me gustaría que hayan ido a parar a la mesilla de noche de cualquier dormitorio y que acabada su lectura, inicien otra etapa de su peregrinaje. Si no es así y terminan en una estantería, mala suerte, pero al menos yo les di su oportunidad. Sea como fuere, me gustaría recibir noticias de ellos y no pierdo la esperanza de que lo hagan en algún momento. Si alguna vez os cruzáis con uno de esos libros escribir un corto e-mail a quien lo dejó. Es un mínimo precio por lo que habéis recibido y dais una alegría a su dueño y le incitáis a que libere más volúmenes y más valiosos.
Variantes del bookcrossing
Hay diversas variantes de bookcrossing, la que yo practico es la más sencilla, dejo por las buenas el libro en cualquier lugar. Otros los esconden y publican en Bookcrossing donde lo han hecho para que otros asociados los busquen. Lo indicado es dejarlos en sitios donde resulte complicado encontrarlos. Es increíble el ingenio de la gente para pensar sitios, desde sacristías a prostíbulos, pasando por estanterías de librerías abiertas al público plagadas de vendedores atentos a los robos, jardines de chalets con perro suelto, etc. Solo hay una limitación, no abandonar el libro en sitios como aeropuertos donde un paquete pueda dar lugar a alarmas de bombas.
Otra modalidad es establecer un lugar fijo donde el grupo entrega y recoge libro, por ejemplo en un bar propiedad de alguno de los asociados, los del grupo pasan de vez en cuando por ahí, deja unos libros y se lleva otros que le apetezcan, sencillamente forman un circulo de lectores entre los que se intercambian libros, la ventaja es que como nada te cuesta el libro, si no te gusta, lo devuelves y en paz nada has perdido y además puedes contrastar tu opinión sobre el libro con otras personas que lo han leído.
Por último, los asociados de una misma ciudad suelen reunirse de vez en cuando, en Madrid lo hacemos en un café cerca de la Plaza de España, allí estos raros amantes del libro solemos organizar actividades culturales a las que libremente puedes unirte como espectador o como intérprete. Por ejemplo en Madrid solemos organizar asistencia a obras de teatro, y estamos pensando en organizar actividades del tipo cuentacuentos entre nosotros, nuestro deseo es llegar a emular, o mejor aún a superar el listón puesto por los de Barcelona, que se reunieron un fin de semana en una casa rural, y fruto de su actividad fue un CD con canciones y poemas nacidos en aquella reunión.
En resumen, te invito a deshacerte de aquellos libros que siendo buenos e interesantes, acumulan polvo en un estante y nunca más vas a leer. A cambio entras en una cofradía de gente algo chalada, pero encantadora, que te invitará a participar en una serie de actividades radicalmente diferentes a la que te ofrece tu habitual circulo familiar y de amigos.

no puedo estar mas de acuerdo con lo dicho en este articulo.Siempre he creido que el hombre es un animal egoista,pues al fin al cabo es un animal.Pero son estas cosas las que me hacen dudar y maravillarme al mismo tiempo.
Siento defraudarte, yo soy un "animal egoísta", sin embargo soy socio del Bookcrossing. Hay quien piensa que si haces cosas buenas para la sociedad, es que eres muy sufrido, una especie de Teresa de Calcuta.
Falso, solo haces aquello que te produce placer, (y esto es aplicable tambien para Teresa de Calcuta), pero no olvides que los hombres, (y mujeres), somos seres complejos, y que el placer lo alcanzamos por retorcidos caminos. Piensa que existen hasta los masoquistas.
Este artículo está mal planteado. El refrán lo que dice es que el saber no ocupa lugar.